05/02/10

Capítulo 10: … y una nueva familia

Capítulo 10: … y una nueva familia

Para cuando salimos de los servicios, Jason ya ha regresado. Además, la azafata se ha posicionado en su lugar de trabajo y han abierto nuestra puerta de embarque.

Esquivando miradas, seco mis mejillas con disimulo. Mis ojos rojos están bien camuflados entre las gafas y mi cabeza gacha. Con los billetes en mano, caminamos hasta la entrada de la puerta.

En el avión, me asignan un asiento ubicado en el ala derecha, al lado de la ventana que comparto con el único amigo que tengo. La otra mitad de la cuadrilla, se planta en los asientos centrales. Por mí, como si los abandonan en tierra.

Con la cabeza apoyada en la ventana, los traqueteos de los pasajeros que se instalan y el ir y venir de las auxiliares de vuelo, aguardando a la hora del despegue y a las casi ocho horas de viaje, un ligero peso se posa sobre mi mano izquierda. Jack.

Un muro donde descansar, el que impide que me desmorone.

Tuerzo la cabeza y nos miramos en silencio. Como reacción, aprieta amistosamente mi mano. Yo, retrocedo y, de nuevo, fijo la vista al exterior de la ventana, agarrando esa mano amiga. Queriendo su compañía. Sin dejarla escapar. Vulnerable, tal como soy.

Es mejor no estar sola. Tener a alguien en quien confiar.

Es mi primer paso ahora que he empezado de cero. Porque en este viaje parto de cero. Una nueva Anabel. Un nuevo nacimiento ahora que me he desprendido de todo lo “viejo”. Del pasado.

Como un recién nacido, lo que me domina son los instintos y todo lo que vea por primera vez. Aprender paso a paso. Aprenderlo todo. Mi camino es largo pero estoy en él y he estrenado el recorrido.

Sin embargo, en esta nueva visión, ¿diferirán mis sentimientos a los de mi vida pasada? ¿Cambiará el contenido de mi corazón? ¿En QUIÉN voy a convertirme?

La persona que era, surgió del ambiente y las personas que me rodearon en las distintas etapas de esa vida y de los valores que me inculcaron. Si bien, esta vez, todo es diferente. En esta nueva vida, ¿en qué tipo de persona me voy a convertir? Físicamente, no soy un bebé y, mentalmente, aprendo mucho más rápido. ¿Se darán cuenta los de mi alrededor que realmente soy vulnerable?

Paciencia. El tiempo responderá a cada una de mis preguntas.


El viaje en avión y, después, en coche hasta el distrito de Brooklyn Heights se hace relativamente corto. Y, antes de desearlo, nos detenemos en una calle de árboles alineados, enfrente de un edificio exteriormente enladrillado de cuatro plantas. Apenas se ve gente por la calle, hay coches aparcados y árboles. Sobretodo árboles.

Entramos en el portal. Y, a mano izquierda, en la planta baja, accedemos a la vivienda.

- ¡Miju, hemos llegado! –modula el pelirrojo en inglés al tiempo que me quito las gafas-. ¿Nos has echado de menos?
- No seas escandaloso, debe estar en el piso de arriba –exhala el rubio, también en inglés.

Dudo que vuelva a oír español en mucho tiempo. Ahora estoy en Nueva York.

- Ven, no te quedes atrás –me coge de la mano entusiasmado, guiándome hacia las escaleras del piso de arriba-. Estamos en casa.

Oh. Tiene razón. “Estoy en casa”. Es difícil hacerse a la idea cuando me siento extrañamente incómoda. Como si fuese una pieza del puzle desencajada. Como si no perteneciese a ese mismo puzle. Pero, en realidad, soy parte de ese puzle, aunque no me dé cuenta.

Aprender. Tengo que aprender a encajar. Estoy aprendiendo desde cero.

A simple vista, es una casa espaciosa. Un dúplex exactamente. Paredes lisas de color blanco, unas, y, otras, de un color amarillo muy suave. Suelo de parqué. Una decoración acorde se entremezcla con un toque tradicional y moderno. Cuadros, fotografías, plantas, alfombras e incluso alguna pequeña escultura. Toda la casa está bien iluminada, abundan las ventanas acristaladas, sin ningún tipo de persiana, sólo cortinas y visillos.

Mi amigo me lleva hasta el salón-comedor y, antes de cruzar la puerta, me envaro.

Un abanico de sensaciones me cohíben. Precaución, ansiedad, confusión, enemistad, celos… Todos ellos, concentrados en un solo punto.

De espaldas a nosotros, el cuerpo de una muchacha. De pie, asomada en una de las ventanas. Pelo largo y negro, levemente ondulado hasta la cintura. No tarda en voltearse para descubrir sus rasgos asiáticos. Viste una chaqueta sahariana cerrada junto a un cinturón del mismo color café, una falda blanca de lino con pliegues hasta las rodillas y unas sandalias negras de tacón. Bien complementa con un collar y unas pulseras. Representa el símbolo de la feminidad. Guapa, elegante, delicada, frágil y grácil.

- Welcome home –saluda sonrientemente con una voz cantarina.

Automáticamente, se vincula a mí, el último eslabón. De repente, el entorno cambia y me desligo de mis raíces. Ya no se me hace ni hostil ni extraño. Solamente agradable, acogedor. Ahora sí, el puzle está al completo y encajo. Un hogar al que pertenecer. Pero ¿por qué ahora y no antes? ¿Por qué no con Jack y sí con ella?

- ¿Cómo os ha ido? –el tono de ternura no desaparece.

Nuestras miradas se cruzan y unas ganas irrefrenables e inexplicables por hacer daño se instalan en mí, por abalanzarme sobre ella. Como un animal enjaulado que tiene preservar su territorio.

No lo entiendo. Es su casa también. Quizás sea ese el problema. No obstante, no me sucede ni con Jack, ni con Christian, ni con Jason y con él tengo más motivos para llevarme mal. A ella ni la conozco. ¿Cómo puedo sentir admiración y repulsión al mismo tiempo?

- Tenemos que hablar.

Antes de dar rienda suelta a esa repentina reacción, Christian se abre paso hasta ella y, agarrándola de la cintura, se marchan a otra habitación.

- La nevera está vacía. ¡No hay comida! –asoma la cabeza el pelirrojo desde el marco de la puerta.
- Sí, suele pasar cuando viven vampiros –se le dibuja una sonrisa burlona al rubio.
- Mierda, alguien tendrá que ir.
- Pues a mí no me mires, no es para mí. Mándala a ella –me apunta con el dedo arrogantemente.
- No, no puedo. Lo más seguro es que se pierda. No conoce la zona –me sonríe indulgentemente.
- Por no conocer, no conoce ni el Estado.
- Iré yo. Aprovecharé para hacerle una visita a Keith –se rasca la cabeza distraídamente-. ¿Tengo que preocuparme?

El tono de su voz cambia a uno completamente glacial. Su mirada viaja de Jason a mí para posarle de nuevo en el ojigris. Silencio total.

- Miju y Christian también están aquí –nos da la espalda.
- No me sirve esa respuesta.

Pese a su réplica, su voz se ha suavizado.

- Debería.
- Al menos, piensa antes de actuar. Hay muchas formas de hacer daño sin necesidad de llegar al contacto físico.

Se me acerca sólo para cogerme de los hombros.

- Tú tranqui, te dejo con este sujeto, de momento. Miju seguro que está aquí en nada, ella te va a encantar. Es la mejor. Te enseñará la casa y esas cosas. A ella se le da mejor, tiene más tacto que cualquiera de nosotros tres –ríe-. Yo me encargaré de que no te mueras de hambre –saca la lengua en un gesto infantil.

Sin más, se da la vuelta y sale.

Jason, se deja caer en el sofá encendiendo la cadena de música con el mando. Una descarga de música punk se libera. No le gustarán los humanos pero no hace ascos a su trabajo.

- Me pregunto si recuerda que los humanos tienen tendencia a tener un horario y las tiendas no están las 24 horas abiertas. Son sólo las cuatro de la tarde –cabila en voz alta-. Aunque yo me preocuparía más por que traiga comida en vez de matarratas. Confundiría un lavavajillas con una bebida revolucionaria si el embaucador es bueno.
- Tú pareces estar más al tanto –tomo asiento en uno de los dos sillones.
- No realmente –se desentiende lánguidamente.
- Si tú lo dices –le pincho.

Me asquea pero, de todos ellos, el único por el que despierta mi curiosidad es él. Es tan cerrado.

La gente que habla poco, piensa demasiado. Eso es mucho peor.

¿Quién me dijo aquello? ¿En qué momento lo hizo?

- Lo que sea, suéltalo.

¿Uh?

- O deja de mirarme, es molesto.

¿Me está hablando a mí?

Giro a ambos lados. No hay nadie más.

- Hablo contigo –gruñe-. ¿Con quién si no?
- Ah. Sí, claro –soy un despiste ambulante-. Quiero decir, ¿quién es ella?
- ¿Quién? – interpela de mala gana.

Esperaría que le dejase en paz.

- Miju. Se llama así, ¿no?
- Sí.
- …

¿Y bien? En este punto, es cuando se suele responder. Dudo que sea tan complicada la respuesta.

- Es la amante de Christian –confiesa honestamente.
- ¿Cómo dices? –¿¡me toma el pelo!?
- Bueno –se encoge de hombros-, no lo sé al cien por cien. De lo que estoy seguro es que entre esos dos hay un rollo un tanto especial. Además se conocen desde hace mucho, habrán tenido tiempo de probar cosas nuevas entre ellos –destila guasa-. Eres libre de preguntárselo a una de las dos partes implicadas –me reta.
- Tú, en pocas palabras, me contaste que ser la amante de un vampiro significa la perdición y la desdicha que acaba en locura o muerte. Ella no parece ni desdicha, ni loca y tampoco está muerta. Es feliz.
- Oh. ¿Te dije algo así? –se asombra angelicalmente.

¡La madre que lo parió! ¡Yo lo mato!

- Sí, lo dijiste –me crispo.

Se incorpora y me sonríe maliciosamente. Sus ojos echan chispas de una diversión macabra.

- ¿Exactamente te dije que todas las amantes terminan siendo juguetes rotos a manos de los vampiros?
- ¿Todas? ¿Hay excepciones?
- ¿Te dije que una vampiresa no puede ser una amante? –su voz se agrava-. ¿Tienes el atrevimiento de compararte con una vampiresa, humana?
- No pero…
- ¿Acaso te negué que se pudiese alcanzar la felicidad al lado de un vampiro?
- No.
- Entonces ¿qué estás reclamando? Miju es un miembro de la familia por encima de todo. Independientemente si fue antes humana que amante o viceversa. Ella es alguien querida y, por tanto, protegida. ¿Lo eres tú? ¿Qué has hecho para merecerlo? ¿Qué has dado a cambio? –me recrimina.
- Pues… lo he perdido todo.
- Sí, lo has perdido. Te lo han quitado ¿es así?
- Sí.
- ¿Ves la diferencia? No has elegido, has sido obligada. No has dado nada por voluntad propia. ¿Podrías jurar que si hubieses tenido la oportunidad de elegir, habrías elegido el mismo camino?

Callo.

- Responde –ordena.
- No.

Tan sólo fueron dos noches y al tercer día, estando en Arundel, cuando supe lo de mi familia, me arrepentí de estar a su lado, de haberle seguido en aquel callejón. De haber elegido, habría huido. Esa es la verdad.

- Amara. ¿Te acuerdas de ese nombre?
- ¿La persona que mató Christian? –¿la persona que amaba Gerard?
- Eso es. Ella es tu némesis. Y el suyo. Miju no te ha destronado. No estés celosa. Nadie te coronó como tal porque, mucho antes, Christian ya la amaba y la sigue amando.
- ¿La amaba? Pero la mató él. Está muerta.
- Por eso he dicho que es tu némesis. No importa el tiempo ni las mujeres que pasen por sus brazos, seguirá amándola hasta el último de sus días. Somos hombres al fin y al cabo. Cuando alguien especial se cruza por tu camino, tiendes a atarla a tu lado de todas las formas habidas y por haber. Es tu medicina contra la eternidad. La pierdes y sólo te queda su recuerdo para perderte en los brazos de otra, fingiendo que es ella.
- La mató –recalco.
- Sí. No tengo ningún argumento para esa objeción. Se le iría la chaveta –conjetura-. Es su maldición, lo pagará por el resto de su existencia. ¿Te cuento un secreto?

Asiento no muy convencida.

- Tú también estás maldita.
- ¿Yo?
- Sí. En este mundo, todos tenemos un precio a pagar por estar en él. ¿Quieres saber cuál es el tuyo?
- ¿Perder a mi familia? ¿Mi anterior vida?
- Sí y no. Hay algo más. No has escogido al vampiro adecuado por el que arriesgarte. Demasiado a perder y poco que ganar. Con Gerard no habrías perdido tanto –repone sutilmente.
- ¿Gerard? –me escandalizo.

Gerard. ¿Elegí mal? ¿Debí acceder al precio que me impuso? ¿La cabeza de Christian?

- Sí, nuestro amigo el francés. Ese al que mataste a sangre fría –se recrea.
- Me defendí con la daga que me diste –me irrito-. La misma daga por la que Jack está ansioso de recibir información –le amenazo.

Se le borra la sonrisa. Se levanta y se arrodilla a mi altura.

- Más te vale, no soltar prenda –agarra mi barbilla con fuerza-. Podrías pasarlo muy mal –muestra sus colmillos.

No me amilano, sostengo su mirada, indomable.

- ¿Quieres a Christian?

¿Qué se propone?

- Sí, le quieres –se alegra perversamente-. Seré bueno y te echaré una mano a descubrir tu maldición. El recuerdo de Amara es mucho más fuerte que tu presencia. Eres la amante de turno. Te daré un incentivo más. Si sabes la respuesta, tendrás tu maldición.

Sólo trata de hacer daño. No le escuches.

- Vamos, sé sincera Anabel. ¿Te folla pensando en ella? –horrorizada, abro los ojos como platos.
- ¿¡Dakota!? –Miju intercede.

No le escuches. Sólo trata de hacer daño. No dejes que lo consiga. Respira. Mierda. Sus palabras han calado demasiado hondo en mí.

- “Amara”. ¿Dónde has escuchado ese nombre? –exige la recién llegada.
- De ella –sin reparos me señala y se larga de la habitación.

Me sobresalto. Lo vuelve a hacer. Esquiva los ataques frontales. Sabe más de lo que quiere hacer ver.

- Entiendo –dulcifica su voz, me tranquiliza-. No nos han presentado así que haré los honores. Me llamo Miju y tengo entendido que tú eres Anabel.
- Sí –asiento tímidamente.
- Ven conmigo –extiende su mano-. Estos chicos tienen muy mal gusto para vestir a una chica tan guapa como tú –ríe risueña, sacándome del salón-comedor-. Por cierto, ¿dónde se ha metido el pequeñajo?
- ¿Perdón?
- Me refiero a Jack –el tono alegre de su voz, no descansa.
- Ha salido a comprar comida y a ver a un tal Keith.

Bajamos las escaleras a la primera planta.

- ¿A Keith? ¿Cuántos tatuajes piensa hacerse? Este chico es mi delirio y mi único punto débil, ¿sabes? Es un trasto. Derrocha energía y alegría por todos lados. También es el más pequeño. O, al menos, lo era –se detiene-. Ahora, no lo sé. Sois de la misma edad, ¿verdad? Conociéndole, teatralmente, como un caballero, te cedería a ti el honor de ser la pequeña de la casa –carcajea animada-. Es esta habitación.

Entramos a un dormitorio grande. Paredes en un color lila claro, suelo enmoquetado. Ventanas acristalas. Sigue el mismo toque clásico y moderno de decoración al de toda la casa. Cuadros, dos espejos, un gran armario empotrado, una cama de matrimonio con grandes almohadones y un nórdico, un perchero de madera, un tocador, un escritorio y un sofá. Una estantería con muchos libros. Incluso en un rincón descansa un chelo. Increíble.

- ¿Sabes tocar? –curioseo señalando el chelo.
- Ya me gustaría –suspira abriendo el armario y rebuscando en él-. Era de alguien especial, al morir, me lo quedé como recuerdo. Mucho me temo que yo no tengo buen oído. Soy malísima. ¿Tú tocas algún instrumento?
- Lo único que he sabido tocar en toda mi vida ha sido la flauta dulce y siempre y cuando tuviese las notas escritas. Un desastre, vamos –bato la mano, sentándome en la cama.
- Algo es algo –cierra las puertas del armario-. Mira.

Deposita encima de la cama un top carmín de cuello pico, unos shorts azules de talle bajo y un conjunto nuevo de ropa interior de encaje color chocolate.

- Es de tu talla y es mejor a lo que llevas puesto. Si hubiesen tenido la delicadeza de avisar que venías, podría haber preparado algo. No te preocupes, iremos de compras mañana –me entrega la ropa-. Si quieres, puedes cambiarte en el baño, es por esa puerta –señala una puerta beige que conecta con el dormitorio, a mano izquierda.

Accedo a su ofrecimiento. Me cambio y salgo con la ropa de chico. Me quito la gorra.

- Dame esa ropa, la lavaremos y la enterraremos en lo más hondo del armario. A los chicos les viene pequeño este tallaje –la retira a un rincón-. Toma estas botas y quítate esas zapatillas.

Obedezco.

- No lo uso demasiado pero tengo maquillaje. Ven deja que te dé un poco de color –me empuja suavemente hasta el tocador-. El viaje debe haberte agotado –me sienta-. La cama es toda tuya.
- No. He dormido un poco. Estoy bien, gracias –dejo que me maquille, total.
- Puede que no tengamos nada en común –me aplica el corrector y la base-. Que nos llevemos cuatro años de diferencia –turno al colorete-, que tú seas española y yo coreana y vengamos de distintas culturas, que nos acabemos de conocer –sigue con el lápiz de ojos-. Pero, ¿sabes qué?
- ¿Qué? –cierro los ojos para que me pinte con una sombra de ojos color pastel.
- Me gustas mucho. Tengo la impresión de haber ganado a una hermana pequeña.
- ¿Una hermana? –cambia al gloss.
- Sí. Bueno, es precipitado. Sin embargo, estoy segura de que nos llevaremos bien. Cuando estés completa, nadie podrá negar nuestros lazos. Definitivamente, seremos hermanas –me dedica un gesto reservado-. Ten paciencia. Dale tiempo a él también –me susurra, no sé a qué alude.

Guarda y recoge los objetos de encima el tocador.

- Sé que no te han explicado nada y tendrás muchas dudas –se sienta enfrente de mí-. Ellos sólo saben organizarse y actuar. Son demasiado perezosos como para calentarse la cabeza y dar una buena explicación. Y como siempre, me han dejado a mí todo el trabajo sucio.
> Te daré una explicación global y superficial porque hay mucha información y, por hoy, ya has lidiado bastante. Iremos poco a poco. Tu cabeza lo agradecerá. Si te surge cualquier cuestión, eres libre de preguntar.
> Veamos, ¿al menos sabes dónde estamos?
- En Brooklyn Heights.
- Eso es. Es un barrio de Brooklyn, uno de los distritos de Nueva York. Estamos cerca del puente que conecta con Manhattan. Antes de mudarnos, dudamos en establecernos en este barrio o en Park Slope. Nos quedamos aquí para estar de cerca del río. Christian adora el agua ya sea mar o río, necesita tenerla cerca, le da la paz que necesita.
- ¿A qué te refieres?
- Bueno, digamos que tiene sus propios fantasmas y sus batallas pendientes. Como todos nosotros.
- ¿Tú también?
- Claro que sí. Si bien, yo ya libré mi propia guerra y gané. Así que digamos que tengo vacaciones indefinidas. Mi misión es ayudar y apoyar a los míos y disfrutar de allí a donde vayamos. Apenas hace dos años que llegamos y aún tengo mucho que explorar en Nueva York.
- ¿Dónde vivíais antes?
- En Noruega. Jack nació allí. Es muy bonito. A ti también te gustaría.
- ¿Por qué os marchasteis?
- Necesitábamos un cambio y queríamos alejarnos Europa. Antes de decidir donde asentarnos, recorrimos Estados Unidos de cabo a rabo durante meses. Buscando un lugar que nos convenciese.
- Y encontrasteis Brooklyn.
- Oh no. Sólo estábamos de paso, nos dirigíamos a Manhattan. En el último momento cambiamos de opinión. Quizás no te hayas fijado al venir, Brooklyn tiene señales de tráfico con distintas expresiones. Ríete si quieres, fue justamente por una de esas señales que nos quedamos.
- ¿Y qué decía?
- Hogar para cualquiera de cualquier lugar.
- Por algo se empieza.
- Sí. Nos habríamos marchado si no nos gustase. La realidad es que nos gusta y estamos bien. Aquí está nuestro hogar.
> Sentimentalismos aparte, sigo explicando. Como observarás, vivimos rodeados de humanos. Hay vampiros, claro. Dependiendo de la zona habrá en mayor o menor medida, no obstante, en este edificio somos los únicos. Lo que quiero recalcarte es que vigiles a la hora de hablar o actuar. Este es un vecindario tranquilo y debemos preservar esa tranquilidad sin destacar. Para ti es fácil, sólo vive como lo has hecho hasta ahora. Nada más.
> En esta casa, somos cinco contando contigo. No hay nadie más a quien debas conocer, tranquila. Lo único que te pido es que tengas paciencia con Dakota. Necesita tiempo para acostumbrarse a todo el mundo. Es más bien, solitario pero es buena gente. Si quieres evitar las peleas como la de hace un rato, no te quedes a solas con él. Y si lo haces, mide siempre tus palabras. Tómatelo con calma hasta que se familiarice contigo.
> Más cosas. A partir de ahora, compartiremos habitación. Esta es la nuestra es la más grande de todas las de la casa, el doble, así que de maravilla. Eso sí, puede que sea engorroso, el baño de este dormitorio es el único que hay en toda la casa. Nosotros no los usamos y, cuando el trío maravilla se puso hacer chapuzas, demolió dos de los tres que habían.
> En esta primera planta sólo hay dormitorios. Nada más entrar, como has visto, está el recibidor. A mano derecha, está nuestra habitación y el baño, y a la izquierda, están las habitaciones de Jack y de Dakota. En la segunda planta tienes, subiendo las escaleras, de izquierda a derecha, el salón-comedor, el dormitorio de Christian, al lado, el estudio y, dos en uno, cocina y despensa. En la cocina está el balconcito que da a la otra parte del edificio. Se ve enseguida porque son puertas y ventanas de cristal sin persianas.
> En lo que resta de día, descansa. Aclimátate a tu nuevo entorno que mañana iremos de compras. De paso te mostraré el vecindario. Te va a encantar.
> He de ausentarme un momento –se incorpora-, te quedas a tus anchas. Por cierto, no es mal chico –se apoya en la puerta, antes de marcharse-. Comete errores como cualquiera, lo importante es que aprende de ellos. Si habéis empezado con mal pie, dale una segunda oportunidad. Es alguien que merece la pena. Tiene secretos como todos pero no es malo. Tú solo quédate a su lado, pase lo que pase. Aunque no entiendas nada. Aunque veas que el mundo se vuelve en tu contra. O aunque no seas capaz de dominar la situación. Al final del camino, se vislumbrará la luz.
- Tranquila, me las arreglaré con Dakota.
- No –se la denota confusa-. Quiero decir, está muy bien que te esfuerces por hacer buenas migas con Dakota. Sin embargo, te hablaba de Christian.
- Oh. Entiendo –me observa meticulosamente.
- ¿Cumplirás este cometido?
- No lo puedo prometer –me sincero-. Es… complicado.
- Sí, es complicado pero, recuerda, no es malo. Inténtalo, descubrirás cosas que te impacten y no estés preparada para abordarlas. Pese a todo, te harán comprender. Son los frutos de aquello que buscas.
- ¿Cómo sabes lo que busco si ni siquiera yo lo sé?
- Porque te estoy viendo nacer. Porque sé por qué eres tú y no otra. Nadie te presiona. Así que no tengas prisa por crecer. No importa el tiempo que transcurra, él va a esperarte –se da la vuelta-. Una cosa más, Christian está en el estudio. Solo.

Se marcha.

02/02/10

Temores

Errores.
Los cometemos y pagamos por haberlos cometido.
Y a veces nos arrepentimos.

¿Cómo decirte que te quise a mi lado?
¿Cómo asegurarme que ataba más a mí
si no te hacía anhelar lo que no podías tener?


No fue mi intención hacerte daño
pero no sabía de qué otra forma tratarte.
Tuve miedo de acercarme demasiado a ti
y volver a experimentar emociones que hace mucho enterré para poder sobrevivir.

Eras un peligro sumamente arriesgado.
Pero, por sobre todas las cosas, tentador
al que quería a mi lado.

Siento no haberte podido dar el final de cuento de hadas
por el que suplicabas en silencio.

Pero, pequeña, aquí no existen.
Si te hubiese mentido, te habría perdido...

Christian

25/01/10

¿Autopublicación!

¿¿¿Os gustaría que Noches pasase a formato libro???

A pesar de estar compartiendo la historia en el blog, B2 me ha dado la idea (Alice parece estar tb de acuerdo jejeje) y añadiendo el pensamiento egoísta de "Yo quiero tener un libro mío", me lleva a tratar el tema de hoy.

La primera parte de la trilogía de Noches de Luna Roja está finalizada y estoy considerando autopublicarla. No es algo definitivo. De hecho, tengo un cacao mental impresionante en referencia a este tema y todo son dudas y embrollos.

Si hay más personas interesadas, seguiría adelante con la iniciativa. Me informaría sobre precios y la forma de hacerlo. Comenté en el minixat que este tema podría mirarlo más adelante pero como voy bastante justa de tiempo, es mejor saber si tengo que preocuparme o no. Porque, sinceramente, creo que me estoy metiendo en camisa de once varas...

¿Qué decís?

¡Ah! También, en caso de que alguien lo quisiera, que especifique de qué país es. Si eres España no hay problema vivo aquí y los envíos sin problemas pero si no lo eres tendré que ver algún modo de si pueden llegar allí... ¡¡Tendría que mirarlo y dejar de comerme el coco!!

Espero vuestros comentarios tanto positivos como negativos. ¡Iluminadme!


P.D.: Estoy pendiente de contestar los comentarios. Poco a poco que acabamos de empezar la semana ;)

Reeditado el 26/01
Que no cunda el pánico. Noches sigue en el blog, la autopublicación es otra vía que ha surgido por algunos comentarios que he leído, por si lo queréis en el papel. Si hay suficiente gente sigo para adelante con la idea, si no nada. (No os alborotéis). Si yo, con esto, sólo me complico más la vida, si aún cabe...
Otra cosa, he añadido una encuesta para las personas más perezosas ;)

Noches en "Be Literature"

¡Es evidente! ¡Estamos en rancha!

Leara de Be literature me ha echo un hueco en su sección de "Yellow Diamond"

Ha escrito una reseña de Noches, me ha entrevistado y ha colgado una foto mía ¿¡qué más se puede pedir!? Sinceramente, el cupo está completo, jejeje.

Así que echadle un vistazo es mi segunda entrevista, es bastante exhaustiva. Lo he hecho lo mejor que he podido, como es habitual, y no ha quedado nada mal ;)

Además, si tenéis curiosidad, podréis ver mi careto XD (Nada del otro mundo, una chica corriente y moliente).




En cuanto al blog en sí, es de literatura como bien os imagináis. Abrió sus puertas en septiembre aunque yo lo conocí en enero y desde entonces que no ha parado de darse caña.

Cuenta con opiniones de libros de gran ayuda para el ávido lector (o lectora). Así como novedades editoriales o concursos. Aunque, en este momento, yo destacaría el artículo que dedicó a la autopublicación. Me gustó mucho la forma en el que lo trató.

Visitad su sitio ¡y no dejéis que os lo cuenten!

Noches en "Libro Joven"

¡A ponerse las pilas!

Llevo un par de días debiendo este post, lo siento. No tener internet, no ayuda. Tampoco no tener dinero para un netbook y fuera de arreglar el ordi (que bastante mierda acumulo ya... y ni siquiera tengo la certeza que el problema sea de la tarjeta de red y no sé qué tanto puede ser caro). E ir justa de tiempo. ¡Qué asco!

En fin, este post se lo hemos de agradecer a Libro Joven que, amablemente, nos ha concedido un espacio para expandir Noches por la red.

Como siempre os dejo el enlace directo (aparece en la octava presentación):



Supongo que ya conoceréis este blog pues es muy completo. Si no es el caso, yo no me lo pensaría dos veces. Si sois amantes de la literatura, tenéis que echarle un vistazo. ¡Por amor a las letras!