Capítulo 2: Reacciones intransigentes
- Cálmate –intenta animarme Lara-. Ten un poco más de confianza en tus padres.
- Lara, te equivocas. Sí que debe preocuparse– mete baza Menchu-. No compares al resto de padres con los tuyos.
- ¿Qué intentas decir? –se mosquea Lara.
- No te enfades. Digo que tus padres son una excepción. No te castigan, siempre que lo necesitas te dan dinero, te consienten como a la que más. Lara eres una niña mimada. No puedes entendernos ni ponernos en el mismo saco a quienes no corremos con la misma suerte –se lamenta.
- Menchu yo me he ganado la confianza de mis padres –sin duda es la más madura de las tres-. Tú recoges lo que siembras. No voy saltándome toques de queda o mintiéndoles con que te quedas en mi casa a pasar la noche estudiando, cuando en realidad te vas de juerga a cualquier garito que haya movimiento. En cuanto al dinero, ¡tú siempre andas en números rojos! Bastan con que un sábado te den la paga para irte al Corte Inglés y gastártelo. No me miman, tú eres la oveja descarriada.
- ¿Oveja descarriada yo? ¿¡Quieres que me pase en mi casa estudiando todos los días!? –se indigna.
Lo cierto es que sólo estudia un día o dos antes de los exámenes, el resto de juerga y encima aprueba el curso.
- Si no aprovecho ahora, cuando tenga 20 años más seguro no podré hacerlo. Y necesito ropa ¿acaso quieres que vaya desnuda por la calle? ¡Todo está carísimo!
- Menchu, tú no necesitas mucho para gastar dinero. Compras lo primero que se te mete entre los ojos. Eres una consumista en potencia. Y si no, ¿qué le ha pasado a la minifalda vaquera que te compraste el otro día en Berska? ¿O al pichi negro de Zara? ¿O a la camiseta rosa y los pantalones de Stradivarius? Tengo buena memoria ¿quieres que vaya enumerando toda la ropa que te has comprado y luego ni te la has puesto?–ahí le ha dado.
Lara suele ser tranquila y modosita pero tócale mucho la moral que afila su lengua. Tiene un don especial para conocer el punto débil de cualquier persona y, con Menchu, puede aprovechar porque tiene infinidad de ellos y muy visibles en cuanto la conoces.
- ¿Queréis dejar de discutir? No estoy de humor –mi voz sale en un susurro pesado y desanimado.
Después de que Eugenia (la profe de geografía) me sentenciara con su suspenso, al finalizar la clase, he intentado hablar con ella sin resultado alguno. Opta por dejarme el 4 en vez de subirme a un 5 y todo porque tengo las notas bastante flojas pero no todas suspensas. Varían entre el 4’5 y el 5. Hubiese hecho la vista gorda si sólo hubiese sido esa pero a cuarta hora me han revelado que matemáticas iba dentro del paquete sorpresa.
Al final, han sido dos asignaturas de las gordas las que me han quedado, que habré de recuperar este verano para no repetir curso y poder hacer el selectivo. No es tan grave ni tampoco soy la única a la que le han suspendido pero el viaje es el mes que viene y a mis padres no les va a gustar la noticia.
En estos casos, lo lógico sería estar deprimida por el suspenso pero yo lo estoy por las consecuencias que acarreará, por el viaje y por mi última oportunidad. No se trata de un capricho sino de una necesidad. Ni yo misma me conozco. Desde que le vi por primera vez hay algo en mí que me ata más a él y no me deja alejarme sin dañarme. Estoy asustada porque no puedo ni sé cómo contrarrestarlo y, cada día que pasa, todo se vuelve más insoportable. ¿Esto es el amor? No lo creo. Parece más como una enfermedad.
El primer día que entró en clase algo despertó en mi interior atraído por él. Lo que fuese que despertara, hizo que mi corazón despertara. Como si toda mi vida hubiese estado en letargo esperando aquel momento.
Intenté hacer caso omiso de todo aquello pero cuanto más me esforzaba por olvidarle, más pensaba en él. Cuánto más luchaba con mi mente, más se revelaba el corazón. Poco a poco, y como consecuencia de esa lucha interna, fui debilitándome hasta el punto de dejar de ser yo misma. Mi orgullo acabó rindiéndose. Jamás había pasado. Siempre me he dejado guiar por él. Era tanto el tormento de ir en contra, que no pude más y admití mi derrota. No obstante, la calma no duró mucho. Había aceptado esos sentimientos, los conocí y llegué a apreciarlos porque eran cálidos y me llenaban de vida. Todo a mi alrededor me sonreía. Incluso me recriminé el hecho de haber estado tan obcecada en este tema.
Repito, la calma no duró mucho. Me había enamorado de Christian y lo reconocí. Con todo, cuando ves a esa persona cada día, cuando te das cuenta que ni siquiera sabe que existes, que todo cuanto sientes no se puede liberar y continua encadenado en tu interior, llega una nueva tormenta. A partir de ese momento, ya ni siquiera sé cuantas lágrimas he llegado a derramar. Ni las veces que ha variado mi estado de ánimo. Todo se ha vuelto un caos. Todo por un primer amor al que maldigo.
El dolor era tan intenso que durante un tiempo la chica frágil y sensible en la que me estaba convirtiendo sobrepasó todas mis barreras y pasó a vivir mi vida. Como consecuencia, el dolor se multiplicó, la tristeza reinó y las lágrimas se agotaron. En ese entonces, mi interior era como un desierto. Estaba devastado. Mi corazón sangraba y mi alma comenzó a morir, jamás he experimentado una agonía tan grande como aquella vez. Estaba viva y respiraba pero no vivía en absoluto, solamente sufría sin hacer nada. En ese instante, fue cuando lo comprendí todo. Mi corazón, mi alma, mi orgullo, mi fuerza, mi obstinación hasta mi mente debían de cooperar para salvarnos a todos. Decidí enterrar en lo más profundo de mi ser a esa chica para que no provocase más daños y decidí no dar nada como perdido hasta no probarlo. El resultado final donde resolverlo y liberarme de esta imposición iba a ser en el viaje. Ahora ya ni lo sé.
Que haya decidido lanzarme a él, no significa que espere un buen resultado. Tan sólo espero lo suficiente como para que no actúe de forma indiferente, ignorando todo cuanto hago. Simplemente, que me preste un poco de atención para, al menos, deshacerme de todos estos sentimientos incumplidos tan caóticos. No creo en que me acepte y se enamore de mí. Demasiado surrealista contando a todas las chicas que ha ignorado. ¿Porqué iba a ser yo especial?
No, no soy especial. Soy una más a diferencia de cómo se han desarrollado las circunstancias y cómo ha reaccionado todo mi ser. Es la vulnerabilidad por no haber amado nunca por lo que estoy siendo tan endeble. Por eso sólo espero que me salve. Qué reaccione ante mí y rompa mis esperanzas, que destruya mis sentimientos con su rechazo porque así espero que mi corazón vuelva a revivir. Si se rompe, podrá recomponerse. Las personas lo hacen a menudo ¿no? Pero si se queda estancado, como lo está ahora, con sentimientos que no van a parar a ninguna parte, entonces no podrá avanzar. Si quiere romperse en mil pedazos antes que desistir que así sea. No pienso oponerme a mi corazón ni al mecanismo oculto que lo ha despertado que sangre, estoy dispuesta a superar cualquier dolor con tal de que se acabe este tormento que ya ha durado demasiado.
Quizás sea mi mente la que hable por mí pero es que no estoy acostumbrada a dejarme dominar por el corazón y, para una vez que lo hace, el descontrol es absoluto. Sin duda, con mi mente nunca me había pasado esto. Siempre era más fácil dominar las situaciones a mi beneficio y bienestar. No obstante, hasta que no conozca qué es lo que lo ha provocado, hasta que no sepa porqué mi corazón ha despertado con él y no con otro, no tengo fuerza para contraatacar y encontrar una escapatoria. No hasta que sepa qué o quién ha empezado a despertar en mí.
- Oye, no te preocupes. Si no te dejan ir, siempre podemos buscar otra manera aún hay tiempo –me consuela Lara.
- Sí, tu tranquila siempre podemos secuestrarlo para ti –suelta Menchu-. Dime dónde vive y te lo llevo esta noche –me sorprende toda resuelta, echaré de menos sus predisposiciones cuando se vaya a Alicante.
- Mira que eres bruta. Lo que te faltaba a ti por hacer, allanar casas ajenas. Anabel, nuestra Menchu es una acosadora –dramatiza.
- ¡Eh! Que yo lo decía por ayudar. ¿Se te ocurre algo mejor?
- ¿¡Lo decías en serio!? ¿Dónde está tu juicio? Ah. Espera, ya me acuerdo. Tú nunca has tenido –normalmente Lara no tiende a ser tan puñetera, suele ser la que nos separa a Menchu y a mí.
- Pues perdone usted, señorita sabionda –le replica con rin tintín-. Soy toda oídos para escuchar sus ideas.
- No hace falta tener muchas neuronas como para pensar en que se pueden coincidir en las clases extra que darán para selectividad.
- Eso si va –objeta Menchu.
- Puede encontrárselo “de casualidad” en la calle.
- Para eso tendría que estar vigilándolo las 24h. para saber dónde va y cuáles son los lugares habituales a los que acude –está claro que Menchu ha asumido el papel de Lara, viendo todo de forma objetiva.
Es una tarde de las raras. Lara y Menchu se ponen a discutir mientras yo me comporto pasivamente. Después Lara, que tendría que hacer uso de su madurez para encontrar una solución factible, la manda a paseo y se comporta como Menchu. A Menchu deben haberla absorbido los aliens cuando ha ido al baño del McDonalds (donde hemos comido después de las clases) y le han hecho un lavado de personalidad. Y yo estoy en uno de mis momentos con el estado de ánimo en descenso por lo que no tengo ganas de nada. Sin duda, una tarde muy rara en su conjunto.
- Que se presente en su casa.
- ¿Sabes dónde vive? Porque yo no –rebate Menchu.
- Quizás coincidan en la universidad.
- Demasiado grande y por lo que he oído creo que tiene pensado irse a estudiar al extranjero.
Otros de los motivos por los que sé que todo se acabará cuando pase selectividad y nos desvinculemos del instituto. No es que sea seguro y él haya dicho nada pero es lo que se rumorea. Además, si lo comentan es porque tendrán algún indicio o comentario de su parte en el que basarse. Ahora que lo pienso, fue en abril cuando empezó a circular el rumor justo cuando Alicia dejó de esperar a que él se le acercarse, cuando le atacó con todas las de ley con sus más que insinuantes indirectas. Alicia, por muy sorprendente que sea, relaciona con bastante gente y si ella se ha dejado guiar por ese rumor algo de verdad debe de haber, es muy desconfiada y para creerse algo siempre lo comprueba.
- Venga. Dejadlo ya –doy por zanjado este tema-. Todo son suposiciones hasta que no hable con mis padres no sé qué pasará. Además no es que vaya a dejar los estudios sólo es retrasar selectividad hasta septiembre.
- Sí, tienes razón. Nos estamos montando nuestra película –sonríe no muy convencida Menchu y, a decir verdad, yo tampoco lo creo.
- Bueno chicas, aquí nos separamos –avisa Lara al salir del parque en nuestro recorrido de vuelta a casa-. Hasta mañana y suerte en casa –me guiña el ojo con una sonrisa de las suyas.
- Lara son sólo dos asignaturas, las recuperaré en septiembre no es tan grave –no sé porque intento convencerla a ella cuando tendría que creérmelo yo-. Ya me dejarás los apuntes del curso.
- Eso ves a fardar de notas a casa, “niña mimada” –se despide Menchu-. Si quieres los apuntes, vente a mi casa y te los doy.
- Para el carro. No es que me vaya a poner a estudiar ahora –me quejo-. Puedo esperar a que pase selectividad para que Lara me los preste –me justifico.
- “Ovejita descarriada”, ¿quieres que vuelva a suspender por culpa de tus apuntes?
- ¿Perdón? –se ofende Menchu.
- A ver, yo te agradezco mucho tu buena voluntad –se lo digo lo más suave posible-. Tus apuntes son muy bonitos con los bolis de colores que usas para los títulos y demás –allano el camino para que no explote, no después de haberse ofrecido a dejármelos. La predisposición hay que tenérsela en cuenta-. Pero sinceramente si tengo que fiarme de lo que ponen… voy mal. No es que prestes mucha atención en clase que digamos y tampoco es que apuntes todo lo que explican. En realidad, no apuntas nada. Cuando no te dedicas a hacer dibujitos en el libro, te pasas las horas haciendo malabares para ver cómo consigues dinero para alguna falda bonita que has visto en algún escaparate o en lo que haréis tu chico y tú la próxima vez que os veáis.
Esto último que he dicho, nos lleva a saber porqué Menchu se va a Alicante y no a otro sitio a cursar su grado de FP. En Alicante es donde está Javier, su novio, con el que sale desde hace año y medio y al que conoce de ir a veranear todos los años a Santa Pola, al chalet de sus abuelos.
No hay que mencionar que los novios tienen un mayor poder de convicción que una simple amiga que conoce desde hace 10 años. Lo reconozco estoy un poco mosca pero le daba lo mismo hacer un grado superior de Diseño y producción editorial que de Producción en industrias de artes gráficas que está aquí en Valencia. Fue ella la que me confesó que haría el de diseño en Elche si sus padres le permitían irse a vivir con sus abuelos y así poder estar cerca de Javi. No es que me caiga mal su chico, al contrario, cuando ha venido a Valencia a estarse con Menchu siempre lo hemos pasado genial con él. Es muy majo y tal. Es sólo que estoy un poco celosa porque, de pasar toda la vida al lado de tus amigas, a verte más sola que una mota de polvo, acojona un poco. Cuando acabe el verano todo va a cambiar y yo me voy a quedar aquí muriéndome de asco, eligiendo lo primero que crea que es “bueno”. Quizás exagero un poco pero no soy partidaria de este tipo de cambios tan drásticos. Y sí, soy egoísta pero no lo bastante como para echárselo en cara. Por eso no sabe que lo pienso. Para mí está bien si eso es lo que quieren tanto Menchu como Lara, para eso están las amigas ¿no? Para apoyarse mutuamente, aunque con ello me vea involucrada negativamente.
- Con que esas tenéis, ¿eh? Pues que sepáis que he aprobado con esos apuntes de los que tan poca confianza mostráis –Menchu nos reprocha altanera.
- Venga, no te enfades sólo bromeaba. Tú también me puedes dejar tus apuntes –aunque no los pienso utilizar.
- Pues ahora no quiero –se cruza de brazos haciendo una mueca.
- Pues no me los dejes –resuelvo viendo el reloj del móvil que marca las seis-. Bueno ahora sí yo me voy que tengo que preparar el terreno antes de que llegue mi padre de trabajar.
- ¿¡Se lo vas a decir ya!? No hace falta que seas tan rápida.
- No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy –sermonea Lara.
- Eso es. ¿Qué más da un día antes que dos? Mejor soltarlo y pensar una segunda opción si no sale como yo espero –me refiero al viaje-. Ale, hasta mañana.
Me despido para irme a casa.
“Con que estás nerviosa, ¿eh?”
Lo que me faltaba. Una conciencia chistosa. Debo de estar volviéndome loca.
“Apuesto a que no eres capaz de decírselo a tus padres. ¿Qué no oyes cómo te late el corazón? A ti hoy te da un infarto, chica.”
Esfúmate.
“No puedo. Soy una parte de tiiii.”
Haz como si no existieses como haces la mayor parte de las veces cuando la vida me sonríe. Parece que sólo estás para machacarme.
“No estoy para machacarte. Eres tú la que me escucha cuando necesitas ayuda. Demasiado egoísta ¿no crees?”
No soy perfecta, ¿sabes? De hecho aunque ahora necesite ayuda no es que la quiera, tú sólo me complicas las cosas. ¿Recuerdas cuando te hice caso y dejé salir a la chica frágil y debilucha que se estaba formando dentro de mí?
“¿Aún me guardas rencor por eso? Yo sólo te dije que tenías que afrontar la situación. No puedes cegarte cuando un hecho es tan evidente. No ganas nada mintiéndote a ti misma.”
Suenas como mi madre y me sobra con una. De todos modos, ¿continúas apoyando ese consejo? Te recuerdo que gracias a eso pasé por un infierno. No recuerdas que la chica frágil que apareció me puso peor las cosas. ¡Lloró, se lamentó, lo asumió mientras se consumía y no luchó!
“Tu problema es el orgullo. Llorar y aceptar que estás enamorada o que es superior a ti, no es una debilidad. No es pecado aceptar ayuda. Te quejas pero a raíz de eso te fortaleciste más y lo superaste.”
Pues vaya superación cuando he llegado al punto de rebajarme por hacer lo que sea para que un chico cualquiera se fije en mí.
“Te lo repito, eres demasiado orgullosa. Y Christian no es un “chico cualquiera”, eso tenlo presente sino tu corazón volverá a relevarse contra todo tu ser. A él no puedes derrotarlo con la mente.”
¿Acaso no formas tú parte de mi mente? ¿No puedo ignorarte cuando me dé la gana?
“Si eso es lo que tú crees…”
Eres una molestia.
“Soy la madurez que a ti te falta. Tú de por sí representas de sobra la inmadurez.”
Desaparece no necesito tus consejos.
…
Silencio. Por fin. Creo que debo de tener algún cable cruzado porque sino no entiendo todo esto. ¿Quién más a parte de los locos escuchan voces? Quizás sea el estrés…
¿Ahora soy tan idiota como para creer semejante burrada? ¡Qué estrés ni qué ostias! Si surgió de la nada a principios del 3er trimestre de hace dos cursos, cuando salía con Sergio. ¿Qué estrés tendría yo por ese entonces si había aprobado todo? Además cuando rompí con él, desapareció. Supongo que se quedaría a gusto después de haberle puesto de todos los colores habidos y por haber. En aquella época me dio por pensar que sería mi conciencia lésbica, puestos a pensar en estupideces se piensa la más grande. Pero no, cuando Christian entra en mi vida a la otra le da por hacer acto de aparición y lo más fuerte es que a este “candidato” sí lo apoya. ¡Genial, está visto que soy una desgraciada!
Saliendo de mis ensoñaciones, me doy cuenta de que ya estoy enfrente del portal de mi edificio. Lo más probable es que me haya estado dando el coñazo todo el camino para que no me distrajese y llegara cuanto antes a casa sin pararme en ningún otro sitio, lo cual, es enormemente tentador.
- Cuanto antes acabe con esto, mejor. Es inútil alargarlo más. Que sea lo que tenga que ser –susurro entrando la llave en la cerradura.
Entro dentro y cojo el ascensor para que me deje en el quinto piso. La cobardía parece haberse esfumado porque, con cada paso, no siento más que determinación y seriedad.
Llego a la puerta de mi casa y la abro para encontrarme envuelta de silencio. No hay nadie. Está visto que lo mío es mala suerte. Quería decírselo primero a mi madre para que se hiciera a la idea y, que así, me apoyase para cuando le tocase el turno a mi padre. Convencer a los dos a la vez, va a ser más chungo.
Antes de repensarme la situación, me encierro en mi habitación y le doy al play de la mini cadena. Del CD que ya hay puesto, empieza a reproducirse Soldier de Dover. Subo el volumen y me dejo caer en la cama, cerrando los ojos. Son en momentos como estos cuando descargo todo el cansancio acumulado. No es que estuviese cansada pero cuando me relajo es cuando me doy cuenta de todo lo que cargo encima. Son tantas cosas y me siento tan perdida.
Por una parte Christian que ni yo misma sé si todo esto tendrá un final. Por otra Lara y Menchu que se van y me dejan sola. Y, por otra más, mi futuro tan oscuro e impredecible como una noche lluviosa. Sin duda, mi mundo está patas arriba. ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado? ¿Por qué me siento más sola que nunca? ¿Por qué tengo tantas ganas de llorar?
“Porque tienes miedo.”
¿Tú otra vez? Pensaba que te habrías ido.
“Lo quieras o no, yo siempre permaneceré a tu lado.”
¿Así que sólo puedo contar contigo? Preferiría a alguien de carne y hueso.
“¿Para que, mientras llorases, te consolase?”
….
“Aún eres una cría. Y a lo que tienes miedo es a crecer. Porque ya nadie va a decirte qué tienes o que no tienes que hacer. Porque si metes la pata, de ahora en adelante, la culpa será toda tuya. Porque ya no va a valer esconder entre las faldas de tu madre. Pero ¿sabes lo peor de todo? Que no estás preparada para todo este cambio. Que lo más probable es que metas la pata y eso te perjudique aún más y te haga más daño. Tu mundo se amplía pero tú te quedas escondida en el mismo rinconcito en el que has estado siempre. No tienes la fuerza para seguir adelante. El mundo entero se te comerá si no cambias. Y eres demasiado terca para cambiar y darte cuenta de lo vulnerable que te haces a ti misma. Eres una persona insegura y necesitas a alguien a tu lado en quien apoyarte. Alguien quien se enfrente al mundo por ti y te deje continuar en tu rinconcito, soñando con un mundo mejor.”
Cállate.
“Llorar no te va a solucionar nada.”
Ya lo sé. Pero no puedo detener las lágrimas.
“Te sientes impotente ¿verdad?”
Sí.
“Lo ves. Eres una persona inmadura.”
¿Sólo has aparecido para criticarme? Te odio.
“Si fuese buena contigo, no solucionaríamos nada. Debes convertirte en alguien independiente, lo suficiente fuerte como para dejar de crearte tu propio mundo y, así, evitar ver lo que no te gusta. No puedes querer continuar de ese modo. ¿Crees que ignorando la realidad y centrándote en ti misma todo irá mejor? Te equivocas. La realidad te afecta la quieras ver o no.”
Eso lo entiendo.
“¿Y qué no entiendes?”
El por qué tiene que ser ahora. Estoy hecha un lío. Las cosas se han precipitado tanto y en tan poco tiempo que no me han dado tiempo a reaccionar.
“Eso es fácil de responder. Siempre has contado con que las cosas marcharían del mismo modo y te has aferrado a ellas. Pero ¿qué ha pasado cuándo han empezado a cambiar? Que has advertido una realidad a la que ignorabas con premeditación. Tú lo sabías y aún así elegiste ignorar. Anabel eres más infantil que Lara o Menchu. Si le añades tu egoísmo y tu cobardía ¿qué obtienes?”
…
“Que te quedes atrás y todo empeore. Como te he dicho no estás preparada. Pero eso no quiere decir que no haya esperanza. Simplemente debes de empezar a partir de ahora a cambiar las cosas y, antes de dar un paso en falso, mejor no darlo que tener que dar después dos pasos atrás.”
¿Por qué me dices todo esto? ¿Por qué te escucho?
“Te lo digo por eres incapaz de reconocerlo por ti misma. Y me escuchas porque sabes que es verdad. Sólo te recuerdo lo que tú te esfuerzas en no querer pensar. Porque para ti es más fácil vivir con tu vida de adolescente “rebelde”.”
No me refiero a eso. ¿Quién eres? ¿Y por qué pareces no formar parte de mí?
“Aún no estás preparada para escuchar esa verdad. Ahora despierta. ¿O has cambiado de idea y no les dirás hoy a tus padres las nuevas noticias?”
Abro los ojos de golpe. El cansancio se ha desvanecido de mi cuerpo. La mini cadena continúa reproduciendo Keep on moving, una de las canciones finales del disco de Dover. El intenso Sol de la tarde se ha disipado y el día empieza a finalizar. Con modorra, sin incorporarme de la cama, miro el reloj de la mesita. Las ocho y cuarto.
Me siento en la cama, intentando despejarme. No esperaba quedarme dormida. Y a pesar de haber descansado, psicológicamente me siento como una mierda. En serio, debo de tener algún tornillo suelto. Esto no es normal. ¿Quién en su sano juicio escucha voces imaginarias? Pero, lo peor de todo, es ¿porqué si sé que tiene razón, me obceco tanto en no quererlo cambiar cuando las cosas no marchan bien? Lo más lógico sería intentar estar bien con uno mismo. ¿Por qué continúo haciéndome más daño intencionadamente? ¿Por qué me resisto tanto?
Es inútil. Pensar en ello es inútil. Y más cuando nada está sujeto a una realidad aparente. Todo está en el aire. Flotando de forma abstracta. No puedes tocarlo. No puedes verlo. Sólo oírlo.
Podría darle un millón de vueltas a este tema y siempre me quedaría del mismo modo. Sin respuestas y sólo con preguntas que cada vez van a más.
Me levanto de la cama y me dirijo al cuarto de baño. Me lavo con agua fría la cara no sólo para despejarme yo misma sino también las ideas que me rondan por la cabeza. Ahora lo único que tengo que pensar es en los dos suspensos que me han caído y en mis padres. Cuanto antes acabe con esto, mejor.
- ¿Mama? –la llamo saliendo del cuarto de baño.
- Estoy en la cocina, Ana –me responde.
Así que ya ha vuelto. Genial. No estoy de humor para una charla pero mejor aprovechar la ocasión.
- Cada vez haces antes la cena –comento al entrar a la cocina y verla enredada entre ollas y sartenes-. A este paso de que nos demos cuenta terminaremos cenando a las 7 de la tarde –me siento en una de las sillas de la mesa.
- Esto es la comida de mañana –sonríe-. Mañana tengo que ir al Prop y se me hará tarde.
- Ah, ya. ¿Por la solicitud de Eloy? –mi hermano mayor.
- Sí. ¿Te pasa algo? –me mira mi madre recelosa.
- No. ¿Por?
- Pareces alicaída –baja la temperatura de la vitro y se sienta enfrente de mí-. ¿Ha pasado algo?
- No. Bueno sí –me han caído dos y no sé cómo decírtelo-. ¿Dónde está papa?
- Ha bajado un momento a comprar tabaco. ¿Qué ha pasado? –genial, ahora está más seria.
Pero es el momento. Si tan solo no la tuviese tan encima de mí y no me mirase tan directamente a los ojos. Joder, así no me atrevo. Así me incomoda. ¿Me espero al día en que den las notas? ¡Seré cobarde!
- Ya estoy en casa –anuncia Ángel desde la entrada.
Por desgracia, mi madre ni se inmuta, sigue clavándome la mirada. Y yo sigo en silencio.
- Mamá, Íñigo… –se para en la puerta de la cocina-. Joder qué caras tan largas.
- ¡Eh! –le da un capón mi padre en la cabeza-. Te cuesta lo mismo hablar bien. Pero tiene razón, ¿qué ha pasado? –desvía su atención hacia nosotras.
- Papa, siéntate. Tengo que hablar con vosotros –es inútil alargarlo.
- ¡Ostia, está embarazada! –suelta el enano desde la puerta-. Cuando lo cuente en clase…
- ¡Pero qué dices! –le cortó, encima quiere pregonarlo.
Ya lo sé. He escogido un mal momento y más con Ángel de por medio metiendo las narices. Aunque después de esto, espero que le den menos importancia a los dos suspensos. Al fin y al cabo, no tienen a una hija adolescente embarazada.
- ¿Eso es verdad? –se aventura a preguntar mi madre. Hacemos progresos, por lo menos ha recuperado el habla. Aunque mi padre sigue blanco.
- No. No estoy embarazada. Es más, soy virgen, ¿contentos? –sólo falta que la conversación se desvíe a una charla sobre sexualidad con mis padres-. Papa, siéntate. Todo está bien –no sé si podrá moverse de la impresión. ¿Tan malo es que esté embarazada?
- Sí, claro –atina a sentarse.
- Respirad hondo. No estoy embarazada. Sólo quería deciros que ya sé las notas y me han caído dos. Matemáticas y geografía.
Silencio. A veces los silencios son buenos, o no. ¿¡Qué significa!? ¿Es un silencio bueno o malo? ¿O aún piensan en el embarazado? No, si al final tendré que hacerme unos análisis o ir al ginecólogo. ¿Se puede odiar más a un hermano pequeño tocapelotas?
- Escuchad. Pienso esforzarme por aprobarlas. Estudiaré y, en septiembre, podré matricularme en la universidad después de aprobar el selectivo. Sólo son dos. Y el viaje de fin de curso no interferirá, ¿verdad? –no hay manera, ¡les gusta el silencio!-. ¿Seguís dejándome ir?
- ¿Sólo dos? –se burla el enano-. De una idiota como tú, no se puede esperar más –se ríe con disimulo. Paso de él.
- ¿Por qué metes el viaje? –bien, mi padre ya ha salido del shock-. Has suspendido dos y ¿sólo se te ocurre pensar en el viaje? –lo prefería calladito. ¿Le recuerdo que podría estar embarazada?
- Ana, ¿sabes qué significa eso? Sólo tendrás una oportunidad en el selectivo, eso sí consigues aprobar las dos asignaturas –contraataca mi madre-. Si no, desperdiciarás un año.
- Eloy pasó a la primera.
- Eloy no suspendió ninguna.
- Mama, lo siento. Pero ¿no podríais tenerme un poco más de confianza? Estudiaré y aprobaré tanto las asignaturas como el selectivo. Tengo tres meses por delante.
- No se trata de confianza, Anabel –me corrige mi padre-. Se trata de responsabilidad.
- ¿Y creéis que no soy responsable? –lo que me faltaba por oír-. He estado estudiando todo el curso…
- Pues no se nota –me corta Ángel.
- ¡Cállate, enano! No estoy hablando contigo –todo tiene su límite y el mío ya lo ha sobrepasado.
- No le grites a tu hermano –me advierte mi padre, serio.
- ¿Tres contra una? ¿De eso va la cosa? –la situación se me sale de las manos-. Pensad lo que os dé la gana pero he hecho lo que he podido. Me han quedado dos y no me olvido porque soy yo quien tiene que aprobarlas. ¿¡Acaso queríais que me pasase todo el día encerrada en el cuarto, estudiando!? ¡Yo también tengo una vida que vivir! ¡No todo es el instituto y me he esforzado! ¡Joder!
- ¡Anabel! –grita mi padre-. Ni se te ocurra volver a levantarnos la voz y mucho menos hablarnos de esa forma. No repliques –me amenaza.
Nadie quiere escucharme. Nadie quiere comprenderme. Es una pérdida de tiempo hablar con alguien que no quiere oír.
- ¿Sabéis que os digo? –salto de la silla-. ¡Que la mierda con todo! –salgo de la cocina.
Quiero salir de aquí. Necesito salir de aquí. Y antes de darme cuenta, cierro de un portazo la puerta reteniendo inútilmente las lágrimas.


4 mordiscos:
Hola Laura, quiero que sepas que empecé no hace mucho a seguir tu historia y la verdad es que me está gustando mucho como se está desarrollando la trama. Tu triología promete y espero que te vaya todo muy bien con ella. Con suerte algún día podrás verla publicada. ¡Ánimo y suerte!
PD: Sube pronto el 3er capítulo, estoy deseando saber como continúa.
¡Muchos Besos!
Muchas gracias!!!
Me es grato contar contigo y tu opinión ^^ espero que disfrutes de toda la historia y te siga gustando.
En cuanto a la publicación al final no lo haré con esta historia, tengo tiempo y más oportunidades ^^
Noches se queda aquí para que disfrutéis gratuitamente de ella ;)
Ah! El capi 3 lo subiré este fin de. Me gusta revisarlo antes de subirlo (a pesar de ya estar revisado ¬¬ pero x si acaso...)
Besos.
Nos seguimos leyendo :p
Lo que me he reído cuando el hermano ha dicho que estaba embarazada x'DD
Se ha ido cabreada y lo manda todo a la mierda... habrá que leer el siguiente capítulo para saber qué pasa :)
Y yo que creí que la salida ocurrente del hermanito le iba a ser útil. Pero fue como es en la vida real, ni modo.
"... a lo que tienes miedo es a crecer. Porque ya nadie va a decirte qué tienes o que no tienes que hacer. Porque si metes la pata, de ahora en adelante, la culpa será toda tuya."
Ahora me siento mal, porque me identifico con ella, y la verdad es que ya no soy una cría.
Bueno, hasta ahora muy bien. Me quedo con ganas de leer más, si no fuera porque corro el riesgo de reprobar dos, como Anabel, me quedaba a leer hasta acabar el primer libro.
~Te leo.
Publicar un comentario en la entrada