Capítulo 3: En noche de luna roja
“Take a breath,
I’ll pull myself together.
Just another step until I reach the door…”
Había olvidado que llevaba encima el móvil. ¿Quién será?
“…you’ll never know the way,
it tears me up inside to see you…”
Es Eloy. Así que ya se ha enterado, aunque teniendo en cuenta que ya es más de medianoche… ¿Cómo he podido montarla de esa forma? Es que soy idiota. ¿Qué hago ahora? Si no me hubieran atacado entre los tres…
“…I wish that I could tell you something to take it all away.
Sometimes I wish I could save you
there’s so many things that I want you to know”
…
Ha colgado y no he contestado a la llamada. ¿Qué estoy haciendo? No sé si quiero volver a casa.
“Beep, beep, beep”
¿Un mensaje? De Eloy, cómo no.
- No sé qué ha pasado pero vuelve a casa. Es tarde y están preocupados –leo en voz alta.
¿No sabe qué ha pasado? ¿Me toma el pelo? Conociendo a Ángel, dudo que no le haya ido con el cuento de cómo la bruja de su hermana ha despotricado por dos malditos suspensos. Pensándolo mejor… puede que la bruja de su hermana se haya pasado con él. Ángel casi siempre está fastidiando, es la naturaleza de hermano pequeño. Nunca antes le había gritado y menos de eso modo. Me he enfadado y la he pagado con él también. Quizás no eran ellos quienes no querían oír sino que era yo la que no escuchaba. Quizás.
“¿Sólo quizás?”
Oh, me honra con su presencia su majestad.
“Corta el rollo, sé captar un eufemismo cuando lo escucho.”
¡No me digas!
“Está visto que sigues en tus treces. Es raro que no te hayas ido echando pestes a casa de Menchu.”
Necesitaba respirar, me estaba ahogando allí dentro.
“Pues me parece que ya has respirado bastante. ¿Por qué no vuelves a casa?”
¿Por qué debería volver?
“¿Porque deambulas, ves a saber por dónde, pasada la medianoche? Es un buen motivo.”
Y yo tengo otro para no volver. No quiero verles.
“Si no hubieses metido de por medio el viaje, esto no habría pasado.”
No te metas en esto. No estoy de humor para aguantarte mucho más tiempo.
“La has fastidiado y lo sabes. ¿Por qué te enfadas enseguida? Si hubieses hecho las cosas bien, podrías haber ido. Lo has empeorado tu sola.”
Ya no sirve de nada pensar en probabilidades.
“Actúas siempre del mismo modo. Como si te estuviesen atacando. No te estoy atacando. No soy tu enemiga y tus padres tampoco. ”
¿Entonces qué eres? ¿Una amiga? Sólo me das por culo.
“Estás cabreada, es inútil razonar ahora contigo.”
Conmigo nunca se puede razonar. Y menos tú.
“Entonces las cosas nunca te irán bien.”
¡Ja! Lo que me faltaba por oír. ¿Acaso eres un parásito incrustado en mi cabeza que pretendes que haga cuanto me digas como a un robot?
“Jamás haría algo así. Tú y yo somos una misma esencia. Lo que ocurre es que aún no te has dado cuenta. Seguramente, ni quieras entenderlo.”
Vete a la mierda.
Odio que se entrometa de esta manera en mis cosas. Si al menos me echase un cable, aún. Sólo está para restregarme mis errores, si es que lo son. ¿Es que no hay nadie en este mundo que quiera entenderme? No pido mucho.
Sé que ya debería haber vuelto a casa. Que, para ser sincera, no tengo la más remota idea de dónde me encuentro. Porque desde que salí de casa he caminado sin un rumbo fijo hasta pasar la medianoche. Estoy en medio de una calle que jamás he visto. Está oscuro y empiezo a estar cansada. Y no tengo miedo porque, a pesar de ser un lugar lóbrego, es extrañamente solitario.
¿Tanto le cuesta apoyarme un poco? Conciencia o madurez, no sé qué es esa voz, pero ya que me da la vara ¿por qué, conociéndome tan bien, no me alienta? Lo necesito. Estoy confusa. ¿Con qué cara me presento en casa? ¿Y qué he de decirles? ¿Disculparme? ¡Ni hablar! Sólo me he defendido. Me han acorralado los tres, ¿qué esperaban? Además quién dice que se les haya pasado el enfadado. Seguro esperan que vuelva para darme un buen rapapolvo.
¿Qué me está pasando?
Sólo es un viaje…
No es el viaje, es Christian. ¿Por qué ha puesto mi mundo patas arriba? Está siendo un curso muy largo. Si lo llego a saber me cambio de instituto. Christian nunca tendría que haber venido. Tendría que haberse quedado donde estuviera. Lo está descontrolando todo. Y sigo sin saber por qué. Esto no es normal. Lo sé. Sin embargo, siempre acabo tropezando con la misma piedra.
Lo mejor será que me olvide de todo. Del viaje, de Christian. Ya se me pasará. Aunque se queden estacados esos sentimientos. Se calmarán una vez que deje de verle. Eso es lo que necesito. Desconectar. Dejar de verle. Poco a poco, con el tiempo, los sentimientos disminuirán hasta debilitarse y desaparecerán.
Sí, eso es. Me han caído dos. Pasaré del viaje y estudiaré. También he de sacar buenas notas para el selectivo y buscar una carrera que me guste. Tengo que reajustar mi vida. Mantenerme ocupada mientras Christian desaparece de mi vida. Y todos felices. ¡Además las fiestas universitarias son las mejores! Sí, hay que estudiar por el bien de las fiestas universitarias. ¡Y lanzarme a los brazos del primer tío bueno que se me cruce por el camino! (A ser posible que tenga un buen culo).
¡La vida universitaria es la mejor!
“Lo vuelves a hacer.”
¿El qué? ¿Madurar?
“Escapar de la realidad. Dudo que madures algún día.”
¿De qué vas?
“Intento echarte un cable, ¿vale? Hagamos una tregua.”
Pero si has empezado tú. ¿Quién ha dicho “dudo que mad…”?
“Vale, lo pillo. Olvídalo.”
¿De qué tienes quejas ahora? ¿Estudiar?,¿la universidad?
“Olvidarte de Christian. ¿En serio crees que le olvidarás?”
¿Y por qué no? La gente lo hace constantemente, superar los desamoríos.
“Hasta hace unas horas querías acercarte a él. Costase lo que costase.”
En esta vida no se puede tener todo.
“Lo vuelves a hacer.”
¿Escapar de la realidad?
“No. Pensar con la cabeza y no con el corazón.”
He escarmentado. Sólo me perjudico más si escucho a mi corazón.
“Anabel, el lazo que hay entre Christian y tú no es algo que pueda desligarse de un día para otro.”
¿Qué quieres de decir?
“Quiérele. Sólo sigue queriéndole.”
Quererle me hace daño.
“Lo sé. Siento lo mismo que sientes tú. Y, aún así, sigo a tu lado.”
¿Por qué?
“Alguien tiene que protegerte.”
¿Protegerme? ¿De qué?
“Anabel, hay secretos, hechos, que no puedo revelarte. Confía en mí.”
Por eso me cabreas. Todo son secretos. No me entero ni de la mitad de la película. Ni sé qué eres.
“Quién. No sabes quién soy.”
Qué o quién, da lo mismo.
“No, no es lo mismo y no puedo contártelo. Pero si me escuchases atentamente, hallarías las pistas.”
¿Pistas? ¿Estás jugando conmigo? Me cabrea más que me tomen el pelo en mis narices.
“No tienes remedio. Te digo que te doy pistas para facilitarte lo que quieres saber y me cambias de tema pensando en que me burlo de ti.”
¿Y para qué las pistas? Dímelo a las claras.
“Vuelve a casa. Es tarde y mañana tienes clases.”
¿Es una indirecta para avisarme que vas a esfumarte?
“Sí.”
¿No obstante, seguirás conmigo?
“Sí.”
Vale, tiempo muerto. Hora de dejar de calentarme la cabeza.
“Je.”
Sin comentarios.
“Como quieras.”
Es como tener a una okupa viviendo en tu cabeza. A veces es bueno, otras no tanto. Mejor dicho, la mayoría de veces es perjudicialmente molesto. Creo que tendría que ir derecha a un manicomio. Cada vez me acostumbro más a la voz. Definitivamente, estoy para que me encierren.
En fin, supongo que va siendo hora de ir tirando para casa. Que pase lo que tenga que pasar. Seré valiente y asumiré mi sentencia de muerte.
Y para ir a casa… primero tengo que encontrarme. Quieta. Si sigo a la mía, deambulando, me perderé más.
Analicemos la situación.
Una calle oscura, con apenas una luz tenue de las farolas a las que aún no se les ha fundido la bombilla. Dos o tres, no más. La mayoría fuera de servicio. Deben de ser unos muertos de hambre, si al ayuntamiento no le da para reponer unas míseras bombillas.
“Céntrate.”
En ello estoy.
Si a alguien se dignara aparecer, podría preguntar y orientarme. Pero visto que debe de haber un toque de queda para que todo el mundo haya desaparecido al mismo tiempo, lo que me queda es una segunda opción. Buscar el nombre de la calle.
- Esto va a ser peor que buscar a Wally. Ya podrían tener por aquí un mejor alumbrado. Qué asco de zona.
¡Ye! ¿Estás por aquí?
“¿Me dices a mí?”
Pues claro. ¿O acaso hay alguien más en mi cabeza? Por favor, dime que no. No lo soportaría.
“Je. Estaría bien tener una compañía más coherente que tú. Pero me temo que me he de conformar contigo.”
Soy yo la que ha de conformarse. ¿Te recuerdo que estás en MI cabeza?
“¿Me llamabas para discutir?”
No. Eres la única opinión autónoma con la que cuento, por desgracia.
“Ah. Pues muchas gracias. ¿Te recuerdo que me pides ayuda? Sé más amable.”
No te ralles. Sé que no te ofende. Además no puedo controlar mis pensamientos. Soy sincera.
“Ugh, mordazmente sincera. ¿Qué quieres?”
¿Qué hago? ¿Sigo adelante o retrocedo? Pensaba buscar la calle pero estoy pensando que será una pérdida de tiempo cuando ni yo misma me sé las calles más allá de la manzana de donde vivo. Y orientándome soy peor. ¿Prestabas atención cuando pasaba olímpicamente del entorno que me ha dejado aquí?
“¿Tengo pinta de GPS?”
¿¡Para qué sirves entonces!?
“Para cuidar de ti y aconsejarte. ¿Te parece poco? ¡Porque no lo es! No lo pones fácil.”
¡Está bien! No te pongas así. Joder. Sólo era una pregunta.
“Llama a casa y diles que te has perdido. Busca la calle y que vengan a recogerte.”
¡Pero qué dices! No soy ninguna cría de 5 años.
“No lo parece. ¿Te recuerdo que te has perdido tu sola?”
Oh, gracias por recordarlo, lo había olvidado.
“En serio, deja el sarcasmo. ¡Qué vicio!”
Déjalo, ya me las arreglaré.
“Llama a casa. Será lo mejor.”
¿Qué mierda hago ahora? Absolutamente, no puedo llamar a casa por semejante chorrada. Tengo mi orgullo y quiero conservarlo. Ángel se reiría de mí durante días. En cuanto a Eloy, prefiero evitar sus chistes guasones acerca de este pequeño incidente. Además…
- Si no tienes más cuidado, cavarás tu propia tumba –una voz aterciopelada, me saca de mis pensamientos.
Sigo el sonido de esa voz, encontrando a su dueño que no es más que una mera sombra. Apoyado en la esquina de un callejón, vislumbro su silueta, oculta entre las sombras. No obstante, percibo su feroz mirada y el brillo hipnótico de sus ojos.
Me asfixia. Su mirada me asfixia.
- Regresa antes de que sea demasiado tarde –me amenaza.
Su voz gélida. Es tremendamente acosadora. La cabeza me da vueltas. El corazón se desbocada. Un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Pensar con coherencia, ahora es inútil. Mis instintos se hacen con el control, anulando mi voluntad.
No lo entiendo. ¿Quién es? Me es tan familiar. Pero no consigo recordarlo. Mi mente no me da acceso a él. Recuerdos. Todos perdidos.
La electricidad recorre todo mi cuerpo como un campo de iones en constante choque. Esta atracción tan incoherente e irresistible, la peor de las trampas para una presa.
Mis pies se dirigen hacia a él por inercia. Quiero alcanzarle. ¿Por qué duele tanto la distancia? ¿Por qué esta ansiedad? ¿Qué busco en él? ¿Qué esconde?
Paso a paso acorto las distancias. Quiero tocarle. Comprobar que no es un espejismo. Descubrir su rostro.
“Anabel retrocede. Es peligroso. No estás preparada para dar ese paso. Y él tampoco sabe que es demasiado pronto. ¡No lo sabe! ¡Aléjate! ¡Sálvate antes de que esto empeore todavía más!”
No puedo. Ya es demasiado tarde. Soy consciente del peligro, lo noto. Pero, dentro de mí, algo ha cambiado. Dime toda la verdad y haré todo lo posible por rehuirle. Dime qué tengo que temer y me alejaré. Sino buscaré las respuestas a mi modo.
“No. No lo harás. La verdad sólo te llevará hasta él. Todavía no la has descubierto y, mírate, no eres capaz de dar marcha atrás. Por favor, encuentra la fuerza necesaria y rompe su hechizo.”
¿Y oprimir esta sensación tan nueva y apremiante? No.
- No deberías acercarte a mí –me detengo en medio de la carretera-. No te fíes –me examina escrupulosamente con la mirada.
Mis pies se quedan fijos al suelo. Conservo la suficiente lucidez para que su advertencia bravucona me asuste. Mientras, rompe todo contacto visual entre nosotros y da la vuelta para adentrarse al callejón oscuro.
Quiero escuchar de nuevo esa voz sensual. Quiero oírla porque no haré caso al valor de sus palabras. He perdido toda razón. Mi única opción es dejarme llevar.
Dependencia.
Sé que no debería ir. Sin embargo, mis pies se mueven sólo para seguirle.
Paso a paso, poco a poco, emprendo la marcha hacia el mismo callejón al que se ha adentrado. Y antes de darme cuenta que he acelerado el paso, corro tras él para no perderle de vista. Apenas distingo todo cuanto me rodea. He de evitar perderle el rastro.
Pasos apresurados, una respiración agitada y latidos al son de tambores.
Corro siguiéndole. Corro dejando atrás callejones y calles solitarias. Corro sin pensar en nada más. Ahora no importa nada más.
Se detiene. Me detengo.
Al instante, un escalofrío recorre mi espina dorsal. Un callejón sin salida. Edificios viejos abandonados. Un par de Audis reventados. Sin motivo, la temperatura desciende estrepitosamente en esta zona. Sombras inquietantes. Siluetas y risas estridentes. Puertas que se abren y se cierran. Chirridos.
- ¡Monstruo, aléjate de mí! ¡No quiero morir, maldito hijo de puta!
Gritos humanos... Sollozos... Todos ahogados en el silencio de una noche oscura.
“Anabel, corre. ¡Corre por tu vida!”
Me he adentrado en la madriguera de mi depredador. ¿Qué he hecho?
Él empieza a aproximarse. A alcanzarme. El miedo me corroe, me absorbe por completo. Tengo que largarme. Doy un paso atrás. Media vuelta pero...
- La noche trae consigo un final incierto –un hombre bajito y desgarbado con una sonrisa burlona en los labios, me corta el paso.
Vértigo.
Estoy acorralada. ÉL no es el único. Han salido para recibirnos. Diferentes estaturas, distintas apariencias pero, todos ellos, con el mismo brillo hipnótico en su mirada.
- Te lo he advertido –me susurra a mis espaldas.
Retrocedo para reducir todo contacto. Giro para ver su sonrisa autosuficiente. No está arrepentido. Al contrario.
- Un nuevo ratoncito. Mnm… me gusta jugar al gato y al ratón –afirma una voz jadeante.
- No juegues demasiado con la comida, muchacho. Puedes perderla antes de probar bocado –contradice esta vez una tonalidad ácida.
- No eres el único y ella es demasiado joven. Huele extremadamente bien. Es excitante el pulso agitado de su sangre –otra gime ansiosa.
- Y se le mezcla el miedo mucho mejor. ¿Lo empiezas a sentir, verdad cariño? –un sonido meloso, demasiado meloso.
Un torbellino de voces susurrantes se entremezclan. Soy incapaz de relacionar voces y rostros. Todo empieza a darme vueltas.
- Largaos, es mía –trona imperiosamente.
Un segundo después, absolutamente todos se desvanecen en el aire. De vuelta, él y yo a solas. Vuelve a acercarse. Con la mente nublada, me quedo rígida al sentir su aliento.
- Te iría mejor si de vez en cuando escuchases lo que te dicen –resuena su voz melodiosa.
Su cuerpo se aproxima al mío. Su cálido aliento acaricia el mío. Su respiración sincroniza la mía. Su mirada domina la mía. Dulce delirio.
Jamás olvidaría esos ojos verdes. Le quiero. Hechizada o no.
Los latidos de mi loco corazón, me ensordecen. Duele tenerle tan cerca mientras su presencia me embriaga. Necesito más.
Sin inducirlo, mi cuerpo reacciona por si solo ante él.
Me empino pasándole los brazos por el cuello, experimentando cada roce. Acerco mi rostro al suyo sin apartar la vista de sus ojos verdes. Sin pestañear. Sólo los cierro cuando mis labios rozan los suyos. Cuando mi lengua húmeda se enlaza con la suya.
Un beso que ni es dulce ni suave.
Lujuria y pasión. Sentimientos primitivos que nacen de nuestros cuerpos. Locura y riesgo. Sensaciones límite que cobran vida de nuestra necesidad.
Un beso que es un todo por el todo. Como si el mañana se extinguiese.
Un beso que se corta cuando agotamos el último aliento.
Un beso que devasta todo mi ser. El fuego arrasa el interior de mi cuerpo.
Un beso que le deja indiferente. Sus ojos me miran de forma impasible.
No demuestra emoción alguna.
- No me arrepiento –le confieso.
- Lo sé –me dedica una mueca bravucona-. Has caído en mis redes –me estrecha contra él.
- Aah… -gimo al contacto absoluto de su cuerpo.
Mi cuerpo se moldea al suyo, uniéndonos en un solo elemento. Su mano izquierda se escabulle por debajo de mi camiseta, aferrándose a mi piel desnuda. Y su mano derecha sujeta mi nuca al tiempo que dirige sus labios por mi cuello al que husmea, lame y besa en toda su extensión.
Bendito paraíso. No deseo que no me destierren de él.
- ¿Sabes lo peor de todo? –musita mordiendo el lóbulo de mi oreja.
- Q… ¿Q-ué? –pregunto con suma dificultad.
- Que en noches de luna roja, no estáis a salvo.
El placer adormece mi mente y me cuesta descifrar el significado de cada una de sus palabras. Sólo existe el huracán de sensaciones que arrastra con él. La sensibilidad de cada una de mis terminaciones nerviosas.
Su lengua regresa de nuevo a mi cuello. Dejando tras de sí, un camino húmedo que conecta con mi oreja. Su contacto es tan dulce y cálido en mi cuello. Podría quedarme así durante toda una vida. Sería un buen destino.
- ¡Ah! –doy respingo.
- Shh. Sigue dejándote llevar. Lo estabas haciendo bien.
El extraño y frío tacto de sus dientes sobre mi piel, me despejada de la nube de estupor.
- ¡Para! –ahogo en un jadeo al percibir cómo sus colmillos perforan mi carne-. Duele.
Succiona mi sangre. Empieza a vaciarme. Lentamente, la ligereza se adueña de mi cuerpo abandonado, la vista se torna borrosa y mi mente cesa de todo pensamiento. Lo último que consigo vislumbrar con claridad es una enorme y hermosa luna llena de color rojo que tiñe de fucsia el cielo oscuro de su alrededor.
- Christian…
- Dulces sueños, pequeña.
“Te has rendido ante él. No lo debías hacer. Aún no. Esto no va a terminar bien. Os estáis matándoos mutuamente. Sólo espera a que suceda lo inevitable y la oscuridad acabará con vuestra historia.”
16/10/09
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


8 mordiscos:
Waaaaaaaa
como mola el capítulo,me encanta
^^
A ver si te pasas y lees mi historia,nadie lo hace jaja
Saludos y suerte con...todo xD
Besos.
¿Para cuándo el capítulo 4? ¡Lo espero con ansia! El 3 me ha dejado con ganas de más y ya no puedo esperar xD
¡Un saludo!
Tenia muchas ganas de continuar leyendo tu historia. Porque desde que leí el primer capítulo en el foro de Juvenil Romantica ha pasao mucho tiempo...
Espero que continues pronto, que esto se ha quedado muy inconcluso jaja
Un beso!
Me enca tu historia, espero que pronto publicas mas capis
espero k pronto publiks mas capitulos pork me has dejado en ascuas!!!!!
Laura!!!
Capítulo 4 por favor!!!
(Diana desesperada da vueltas por toda la habiación)
Ahora sí que se ha puesto interesante, me voy corriendo a leer el siguiente capítulo *O*
¿eh?
Cuando había llegado a un punto en que me interesaba más la "conciencia" que él, pasa eso.
Y aunque ya no me gustan mucho los párrafos que van sobre dependencia, lo pasé en grande leyendo este capítulo.
Publicar un comentario en la entrada