Capítulo 6: Consejos adversos. Advertencias hostiles.
Me levanto con el ritmo de mi respiración casi recuperado.
- ¿Quién eres?
- ¿Quién soy? –vacila una voz risueña-. ¿Acaso importa?
- … –ni siquiera sé qué importa en este momento. Supongo que nada después de haberlo perdido todo.
- Lo que deberías preguntarte es si soy una amenaza.
- ¿Y lo eres? –le sigo la corriente.
- Para ti, sí. Y mucho –¿debería sentirme alagada por tanto privilegio?-. Pero, de entre todas los seres que ahora te rodean, soy el único que te irá con la verdad por delante –eso es una novedad-. Porque no me importa si sufres. Porque no me importa si eres feliz. Lo importante son las consecuencias.
- ¿A qué te refieres?
- Sólo te daré una pista para que lo descubras por ti misma. ¿Te interesa? –resuelve en un tono burlón.
- ¿Me concierne? –rebato.
- Bastante.
- Entonces me interesa.
- Lo sabía –ríe, disfrutando-. Presta atención, sólo lo diré una vez –advierte.
- Soy toda oídos.
- “La verdad tiene un doble filo y, dependiendo de los intereses, la balanza se inclinará a favor de unos o de otros.”
¿Qué clase de pista es esa? Me he quedado igual que estaba. Sin nada nuevo.
Me han robado todo lo que me pertenecía, me han aislado del mundo entero, me han violado por dentro y me han despedazado. ¿De veras tendría que conmoverme algo más?
El miedo, la confusión, la tristeza, el resentimiento… todo borrado de un plumazo. Reemplazado por la nada, por la inercia absoluta. ¡Estoy muerta, joder! Muerta y sola y me empujan a una nueva realidad que desconozco, que no quiero conocer.
No voy a hacer nada. No colaboraré. Que los hechos sigan su curso. Seré una espectadora más en un teatro de marionetas.
Con esa decisión, roto de posición para ir a sentarme a uno de los sofás. Con la intención de esperar que sucedan nuevos acontecimientos que no aburran demasiado a esta nueva y recién llegada espectadora.
- ¿Encuentras interesante el rompecabezas? –indaga en respuesta a mi silencio.
- Déjame en paz. No jugaré contigo.
- ¿Jugar? –gruñe.
Simultáneamente, de un salto, deja la cama y pone pies en tierra. Con paso decidido, se reúne conmigo.
Sus ojos grises están desconformes con mi resolución. Su aura es desafiante. Su pose, intimidante.
Pelo corto de punta color rubio cobrizo, viste una camiseta Smash de manga corta, vaqueros sueltos con una cadena de plata al costado y unas deportivas. En la mano derecha, lleva un mitón. Y en la muñeca izquierda, una pulsera negra con tachuelas. Estilo tribu urbana. Excepto sin piercings. Sin tatuajes.
Es más mayor que mi hermano Eloy, más joven que Gerard, unos 24 años.
Me asquea toda esta gente. ¿De dónde sacan esa aura inalcanzable y refulgente? ¿Qué son? ¿Estrellas venidas del firmamento? ¿Cómo E.T. pero en versión playboy?
- Odio tu actitud pasiva –me censura toscamente-. Has perdido a mami y a papi y, ahora, la nena está enfurruñada –desdeña.
- No te metas donde no te llaman –le fulmino.
- Yo no soy Christian. Más respeto y menos soberbia –amenaza-. Si yo hubiese sido él, a estas alturas tendrías el cuello roto –escupe maquiavélicamente-. No juegues con fuego, te quemarás.
- ¿Qué quieres de mí? ¿A qué has venido? –tengo que quitarme a este tipo de encima, lo antes posible.
No me gusta.
- Empezamos a entendernos –sonríe falsamente.
Se estira en el sofá que hay enfrente al que estoy, apoyando la cabeza en sus brazos flexionados. Como si estuviese en su casa.
- Nadie te lo habrá dicho así que te haré ese favor –admite con gran humildad cargada de malicia-. Ahora eres la amante de un vampiro.
- ¿Y quién mierda ha escogido eso? –el tipo sonríe divertido-. Además no nos hemos acostado.
- Bueno, en este caso, no te hablo de sexo. Aunque mejor no descartarlo –se carcajea-. A lo que me refería es que cuando un vampiro escoge, en su mayoría, a una humana lo hace para proveerse de alimento durante un tiempo indefinido de forma constante.
- ¿Como en un supermercado? –constriño chasqueada.
- Esa es buena –estalla en risas-. Sería algo así. Mírate como a un buen pan Bimbo o una buena lata de sardinas –se burla-. A eso te han relegado. Aunque… -me contempla divertido.
- ¿Qué? –desconfío.
- Sólo me preguntaba si eres un buen bocado o comida basura –sonríe de oreja a oreja.
La madre que lo parió. Va a ofender a quien yo le diga. Si supiera que salgo impune, le contestaría.
- De todos modos, tu caso no es el primero ni mucho menos será el último –rumia-. Estás sola y te dan por muerta. Tu única oportunidad de sobrevivir es Christian. Él obra en el límite de tu vida. Si eres buena amante, vivirás más tiempo. Si no lo eres, acabará contigo. Y le será fácil. Recuerda que ya estás muerta, nadie te echará de menos. Sólo existes en nuestro mundo. Sólo eres importante para aquel ser quien te ha traído con él.
> Desde tiempos inmemorables, el ser humano ha creado sus barreras para proteger a los suyos y, del mismo modo, convivir con criaturas que, en estos tiempos, son míticas al razonamiento humano: vampiros, brujas, demonios,…
> Je –ríe-. Aún no sé quiénes eran más ingenuos. Si los señores de la Edad Media que quemaban a sus supuestas brujas en la hoguera o vosotros que, en pleno siglo XXI, orgullosos de vuestros descubrimientos tecnológicos y vuestra ciencia, creéis que, nosotros, criaturas ancestrales, somos un simple mito cinematográfico.
Se incorpora en el sofá y abandona su asiento. El paisaje del exterior centra su atención. Se reclina en el lateral de uno de los ventanales.
- ¿Sabes cuáles eran los tres cánones que las madres medievas inculcaban a sus hijas nada más nacer? –me brinda enigmáticamente-. Eran las tres reglas de oro para salvaguardarlas de nosotros. Pero, para desgracia de muchas, jamás cumplían. Porque somos seres superiores.
Abre el ventanal.
- Porque del mismo modo que una polilla se dirige a la luz por naturaleza, sin conocimiento de las consecuencias,…
Tiende la mano.
- …una muchacha se verá irresistiblemente atraída por el peligro, el erotismo, la ingenuidad,…
Se le acerca un pájaro.
- Os gusta jugar a un juego que no podéis controlar, sólo pensando en el momento hasta que es demasiado tarde y entonces ¡zas!
Aplasta con su mano al pájaro.
- Os quemáis como una polilla que se ha acercado demasiado a la luz.
Suelta el cuerpo del animal muerto.
- Sin poder escapar.
Lame la sangre dejada por el animal.
- Sólo consumiéndoos.
Su semblante es completamente inhumano.
- ¿Cuáles eran esos tres cánones?
Me otea sorprendido. Después, estalla en risas.
No pillo el chiste.
- ¿Y ahora te interesan esos tres consejos? Cielo, para ti ya es demasiado tarde. Los has desobedecido completamente los tres. Pero supongo que ya no importa. ¿Quieres escucharlos?
Asiento.
- Entonces –se pone serio- atiende porque no volveré a repetírtelos. Los tres cánones a seguir eran:
1.- No oses mirar a los ojos de un vampiro. De lo contrario, olvidarás quién eres.
2.- No oses ofrecer tu sangre a un vampiro, pues en dos escasos suspiros tu corazón se marchitará.
3.- Y, por sobre todas las cosas, no oses amar a un vampiro. Pues, en apenas un día, tu alma envenenada te devorará.
¿Acaso no te son familiares? –se regocija-. Hoy no estarías aquí si no fuese así.
- ¿Qué pasó con las chicas que desobedecieron esas tres normas?
- ¿También te interesa? Sí, creo que sí –reflexiona para sí-. Para ti también es demasiado tarde. Has jugado y has apostado un precio tan alto que no puedes pagar. Ahora sólo te queda ver la verdadera cara de nuestro mundo. ¿Será tu razón capaz de perdurar? O por el contrario, ¿correrás con el mismo destino que esas pobres e ingenuas muchachitas? –entona melodramáticamente.
- Dime qué les pasó –insisto-. ¿Acaso alguna de ellas sobrevivió?
- Ninguna –sentencia-. No sueñes, ninguna lo soportó –rezonga-. Han sido millones de chicas a las que se les ha abierto las puertas de nuestro mundo como una oportunidad irrepetible, en distintas épocas del tiempo, y ninguna de ellas ha sobrevivido a él –se enfurece-. Vosotros, humanos despreciables, sois débiles. Y, en cambio, apostáis por sobre vuestras posibilidades. Sois necios e ignorantes. Una raza muy inferior a la nuestra. Y aún así, es vuestra raza la que gobierna y dirige los hilos de este mundo. Mientras que nosotros, para pasar por desapercibidos, tenemos que simular ser una raza como la vuestra –reniega-. Es jodidamente humillante –brama.
- ¿Qué pasó con esas chicas? –le recuerdo ansiosa.
- Si preguntas por tu futuro, sólo tienes tres opciones. La primera, perder la razón y permanecer el resto de lo que te queda de vida encerrada entre cuatro paredes, temiendo al mundo exterior con pesadillas de realidades vividas que te perseguirán día y noche.
> La segunda es la calma; recuperar la paz de tu espíritu sin más tormentos, el suicidio: envenenarse, cortarse las venas, tirarse de un lugar alto, ahorcarse,… Créeme, he visto a demasiadas muchachas quitarse la vida con sus propias manos y de formas tan distintas que ya no hay ningún método que pueda sorprender a la imaginación.
- ¿Y la tercera? ¿Cuál es la tercera? –codicio una vía de escape más afortunada.
- La última opción es morir a manos de tu amante –doy un respingo, él se jacta-. Muy pocas se rebelaron contra quienes las condujeron a ese caos de oscuridad y sufrimiento. Pero, todas ellas, tuvieron el mismo final: morir a manos de sus amantes. Ninguna de ellas tenía la fuerza ni el poder suficiente como para ser una amenaza para un vampiro. Ninguna de ellas – reitera-, llevó a cabo su venganza.
Estoy perdida. Acabo de descubrir que no tengo futuro.
- Ahora dime, Anabel. ¿Cuál será tu final? ¿Qué opción elijes? –se carcajea-. No eres distinta de ninguna de ellas, no esperes otro final. Yo no apostaría por ti.
- Forjaré una cuarta posibilidad –constriño desesperada antes de asimilarlo.
Si no lucho, me hundirán entre todos.
- Sueñas, si así lo crees.
- Siempre hay una primera vez –desafío.
Mi futuro es incierto. Pero si me rindo antes de luchar, perderé. Quiero vivir. No quiero que me manipulen. Seré yo quien escriba el final de mi historia.
Espero lograrlo…
De repente, se abre la puerta. Gerard se asoma por ella.
- ¿Molesto? –articula en inglés.
Yo, sola en la habitación. Uno de los ventanales que permanecían cerrados, está abierto.
- No, claro que no –me apacigua que se haya esfumado-. Pasa, por favor –es tranquilizador contar con alguien como el francés.
- De hecho, venía a liberarla de su jaula –me muestra las llaves con las que ha abierto la puerta-. ¿Le apetece dar una vuelta conmigo, joven dama?
- Sí, por supuesto –qué delicia de chico-. Pero puedes tutearme, así yo también podré hacerlo.
- Será todo un honor –se inclina, sacándose el gorro de punto negro.
Ja, ja, ja. ¿De qué siglo pasado es? Es muy mono.
Elegantemente, me ofrece su brazo al que cojo agradecida. Al fin y al cabo, el caballerismo aún no ha muerto.
Conversamos animados sobre trivialidades, saliendo fuera del recinto. Bajando una pequeña cuesta y siguiendo un camino rodeado de árboles que nos lleva hasta un lago. Cerca de él, dos personas reman en una barca.
Qué fácil sería huir en este preciso momento. Sin embargo, daría cualquier cosa por quedarme aquí para siempre.
- ¿Te gusta? –se apoya en una valla de madera que bordea la orilla del lago.
- Sí, es muy bonito –me agacho, sumergiendo mi mano en el agua-. Gracias por traerme Gerard.
- Estás al borde del abismo, ¿verdad?
- ¿Cómo dices? –me impacta la brusquedad del cambio de tema en nuestra conversación.
- Sabes a lo que me refiero –musita, finjo no oírle.
Nuestra conversación hasta ahora mundana y entusiasta, sucumbe a la discreción. El panorama recupera valor. Y las horas expiran con el día.
Así damos la bienvenida el atardecer.
- Será mejor que nos vayamos – puntualiza al ver ponerse el Sol.
No quiero irme. Quiero quedarme. Sé lo que me espera en esa habitación. O un tipo sin identidad con intenciones peligrosas y masoquistas que no dudará en descuartizarme al primer paso en falso. O una bestia salvaje que me arrastrará a una realidad de la que no podré escapar, una vez entre en ella.
Busco su cara, desabrigada. Adivina mis pensamientos.
- Ma chérie –se acuclilla junto a mí-. Sufres, ¿verdad? –me recoge el pelo detrás de la oreja.
- …
¿Qué debo hacer? ¿Pedir ayuda? ¿Disfrazar mi desgracia?
- Te rescataré –me jura lealmente-. No te doblegues ante él.
- ¿Pero qué dices? –¿tan miserable me veo?
Yo no soy así. O no lo era…
- Si entra en tu corazón, no podré ayudarte –demasiado tarde, Gerard-. Conozco a Christian desde hace mucho tiempo y sé que todo lo que cae en sus manos, se marchita.
- Espera, creo que te equivocas –él no es tan malo.
Le odio por despojarme de mi vida pero es todo lo que tengo en este momento.
- Quien te equivocas eres tú, Anabel –contradice-. Que las apariencias no te engañen. Christian no es más que un miserable asesino.
¿Asesino?
- ¿De qué hablas?
- La mató –chasquea-. Ella era una persona increíblemente buena y afectuosa. Le trató con dulzura y cariño aún cuando no se lo mereció. Perdonó a la bestia que es y estaba dispuesta a renunciar a todo por él – confiesa impotente-. En cambio, a él no le bastó con romperle el corazón, la hizo sufrir hasta el último segundo de su muerte.
- ¿De quién estás hablando?
- De Amara.
¿Quién es Amara?
Observo la expresión desolada de Gerard y me abstengo de preguntar. Tanto dolor por ella, tanto odio hacia él. ¿Cómo era la persona que enfrenta a Gerard contra Christian? ¿Qué clase de historia les une a los tres?
- Perdona mi rudeza. No es contra ti –se frota los ojos.
- No te preocupes, todo está bien –trato de animarle.
- Vámonos, antes de que note tu ausencia –se incorpora.
Tácitamente, adhiero mi paso al suyo. Sin reservas.
Aún no he internado en él y ya aprecio su mundo. Tan lejano al mío. Aquí, un mal día no es echar a perder una camiseta bonita. Tampoco enemistarte con un capullo por no parar el coche y cederte el turno en un paso de cebra. Aquí, un mal día es perder toda tu vida, todos tus seres queridos. Enemistarte con alguien por aniquilar lo que amas. Muertes, traiciones, aquí el dolor es mucho más inexorable. Nadie te protege de la amarga realidad de la naturaleza de estos seres. Te hacen distinguirles y maldices su existencia cruenta que no tiene límites ni moral. Aún no me han abierto las puertas y prematuramente coexisto en ese mundo. Me indigesta.
Atravesamos la puerta trasera del inmueble. Y me doy cuenta.
Gerard ha resultado ser un bálsamo refrescante para todo mi ser abatido. Es diferente, más humano. Quizás también esté más malherido. Con cicatrices de viejas heridas que no se han curado. ¿Podría ser él mi cuarta opción? ¿Un posible final feliz?
Le miro, me sonríe afable.
Una nueva incógnita alumbra mi pensamiento.
¿Sería capaz de traicionar a Christian por Gerard?
Sin descifrarlo, tengo que despedirme de él. Hemos llegado a la puerta de la habitación. Recelando de si le veré de nuevo. Quizás no sea necesario encontrar una respuesta a esa pregunta.
Saca las llaves. Sé lo que me toca. Encerrada en una habitación, presenciaré cómo el tiempo transcurre sin mutar mi entorno. ¿Esto es todo? ¿Este es el final imperecedero del cuento que protagonizo? Creía que los protagonistas se merecían un buen final. Eso creía, antes de darme cuenta que ese tipo final no tiene cabida en un cuento en el que el antagonista ha representado un papel que no le correspondía, confundiéndome. Christian jamás fue el protagonista de mi cuento, me deslumbró tanto que me cegó. Caí en su trampa y se ha apoderado de mi cuento.
- Gracias por todo. Ha sido un placer –me adentro en la estancia. No soy su carga.
- Espera –caza aceleradamente mi muñeca-. Esta noche vendré a por ti.
- ¿Eh? –daba por hecho que todo acabaría aquí.
- Te he dado mi palabra. No voy a abandonarte. Te rescataré – me recuerda.
Puede que mi cuento sí tenga un protagonista. Y puede que lo haya encontrado. Me alegra saber que aún tengo una cuarta opción.
- Entonces te esperaré –se me ilumina la cara, agradecida.
- Hazlo –impera.
Se arrima y me da un beso en la frente. Luego, se esfuma cerrando la puerta con llave. Para no infundir sospechas.
Qué comportamiento tan pueril. Río divertida. Feliz.
- Vaya, vaya –se me congela la sangre al oírle-. Con que Gerard, ¿eh?
Me estrello contra otra realidad.
- Vivir para creer –recostado en el sofá mantiene las piernas flexionadas-. Quién diría que tienes éxito con los de nuestra especie.
- ¿Cómo has entrado? –temo su maquiavélica presencia.
- Estaba abierto –señala el ventanal.
- Aunque hubiese estado cerrado, no habría sido un problema para ti –aventuro maldiciendo todo.
- No –sonríe ladinamente el rubio.
- ¿A qué has venido?
- Crees que porque te trata de diferente manera, ¿tendrás un final distinto con él?
- … –sólo faltaba que se metiese en esto.
- Cielo, no te equivoques. Simplemente está usándote.
- ¿Por qué tendría que hacerlo? –será mamón-. ¿Porque es amable conmigo? ¿Porque me acepta? –no es como vosotros, no me cabrees.
- La confianza ciega, típico error humano.
- … –lo mato directamente.
- Porque te ponga buena cara y te trate bien no significa nada en absoluto. Eres lista, piensa un poco –¿me alaga?-. ¿Por qué debería ser “bueno” contigo?
- ¿Porque tiene más humanidad que otros que conozco? –le recrimino chamuscada.
- …
Atónito, me examina como si me hubiesen crecido cuatro cabezas. Raudamente, sus risotadas me ensordecen.
- Ninguno de nosotros tiene humanidad. Eso es cosa de vuestra especie –trata de contener su recientemente buen humor-. No, sigue pensando. Pero esta vez usa la cabeza.
- Sólo quieres que llegue a las conclusiones que a ti te convienen.
- ¿Y por qué querría?
- No lo sé, dímelo tú.
- Aah… –espira ruidosamente-. Mejor, piensa. ¿Qué le aportas? ¿Qué haces tú por él? Absolutamente nada.
- Y según tú, ¿qué puede conseguir a través de mí? –me cruzo de brazos, altiva.
- Si te dijese que eres el instrumento con el que atacar a Christian, ¿qué me dirías?
- Que buscas demonios donde no los hay.
- Je. Me estás defraudando.
Y a mí, ¿qué?
- ¿Qué tiene uno en contra del otro?
- Mn, eso es una larga historia.
- Aquí encerrada, tengo todo el tiempo del mundo –afirmo disgustada.
- No. Yo tengo una eternidad por delante. Tú sólo tienes una vida que se va mermando día tras día –increpa.
- ¿Me lo vas a contar o no?
- Venganza y poder, a eso se resume esta historia. Venganza, por una vieja historia. Poder, por una nueva era.
- Con lo de venganza, ¿te refieres a Amara? –conjeturo perpleja, se exalta.
Su expresión se trueca ambigua, calibro la magnitud de mis palabras.
- ¿Qué sabes tú de Amara? –ronronea.
- Poca cosa.
- ¿El qué?
- Que la mató Christian.
- Ya… –cierra los ojos-. ¿Sólo eso?
- Sí, ¿hay algo más?
- No te incumbe.
- ¿La conocías? ¿De veras la mató él?
- ¡He dicho que no te incumbe! –pierde la paciencia.
Automáticamente, cierro la boca. Estoy a merced de un animal furioso y enjaulado. Mejor que se serene. O no sabré cómo resguardarme en una habitación cerrada situada a cuatro pisos de altura.
- Nos estamos desviando –se masaje las sienes-. La cuestión es que eres un simple cebo para el francés.
- … –y dale, ya podría haber cambiado de tema. ¿Por qué no habla del tiempo, por ejemplo?
- Cuando evidencie que sólo eres una simple amante prescindible, se deshará de ti. Simple y llanamente.
- … –no soy la amante de nadie, coño. ¡Qué manía!
- Sé diferente de las demás chicas –me persuade-. Sobrevive.
No entiendo nada. ¿Qué clase de trampa teje? No me fío. ¿Desde cuándo está a mi favor?
- Mata a Gerard –ejecuta austeramente-. Eres tú o él.


9 mordiscos:
Para mi gusto éste ha sido uno de los mejores capítulos. Me encanta ese personaje misterioso tan arrogante pero que, a la vez, no puedes evitar sentir una cierta simpatía por él. A ver si cuelgas pronto un pensamiento suyo y revelas su nombre :)
Y sigue así, me gusta mucho como va desarrollándose la historia. ¡Un beso muy fuerte!
Pd: a ver si pudieras subir los capítulos de forma más seguida, me impaciente tener que esperar tanto para leer el siguiente :(
Me ha parecido un capítulo muy diferente a los demás. Más rápido, mas sustancioso, mas conciso...como si lo hubiera escrito otra persona jaja Me ha encantando Laura!
Te deja con ganas de saber mas y mas...Espero leer de nuevo pronto!
WOW!!!
CREO K ENTRE MAS AVANZA LA HISTORIA MAS INTRIGANTE SE TORNA!!!!
la historia cada vez mas interesante
¡¡¡WOOOOOOOW!!!
¡¡¡¡ME ENCANTA TU NOVELA,LAURA!!!!
Ojalá algún día escriba así de bien ^^
Me encanta,de veras!!!
Por favor,sube pronto el 7º capítulo,no puedo esperar.
Demasiado impaciente.
¡Un abrazo,espero que tengas tiempo para escibir,escribir y en los descansos leer mi blognovela jaja!
Chau!
Por cierto,estoy intrigada por saber como se llama ese personaje tan...misterioso??
xD
Espero que desvele su identidad muy pronto...
Ahhhh,-suspiro-a ver si este misterio me deja dormir xDxD
Creo que se llama Jason. En el dorso derecho de la página hay una frase que ha se ha dicho en el capítulo y viene firmado por él xD
Ei!
Estoy encantadísima con que os guste!!! Y paciencia con los capis, voy actualizando semanalmente para que me de tiempo a tener más capítulos escritos de la 2º parte de Noches y así no ir luego con el agua hasta el cuello ^^
Lo que pretendo es sacar todo la primera parte y engancharme con la segunda sin hacer parones :)
En cuanto al personaje misterioso de momento se llama "Jason" x el apodo que le ha puesto Anabel, pero no es su nombre XD
Besos.
Pero, pero, pero... ¿Por qué ha de ser ella quien mate a Gerard(digo, dejando de lado que ella es la protagonista)? Si ya sé, ya sé, tengo que seguir leyendo, ¿verdad? A ver de donde saco tiempo.
Mira si es inocente. ¡Si está claro que los vampiros son más malos entre más agradables parecen! Y cuando son relativamente buenos, es cuando son más antipáticos... y basada en ese estereotipo, me parece que, tiene que escuchar a este otro muchacho... no digo que sea bueno, pero...
Sí, me he puesto a sacar conclusiones, ya veré si le atiné a algo... Me encantó éste capítulo.
Te leo.
Por cierto, me llevé unas líneas que me gustaron, para ponerlas en la lista de lectura de mi blog, espero no te moleste, y si sí, me avisas y listo.
Publicar un comentario en la entrada