16/10/09

Capítulo 3: En noche de luna roja

Capítulo 3: En noche de luna roja

“Take a breath,
I’ll pull myself together.
Just another step until I reach the door…”

Había olvidado que llevaba encima el móvil. ¿Quién será?

“…you’ll never know the way,
it tears me up inside to see you…”

Es Eloy. Así que ya se ha enterado, aunque teniendo en cuenta que ya es más de medianoche… ¿Cómo he podido montarla de esa forma? Es que soy idiota. ¿Qué hago ahora? Si no me hubieran atacado entre los tres…

“…I wish that I could tell you something to take it all away.
Sometimes I wish I could save you
there’s so many things that I want you to know”



Ha colgado y no he contestado a la llamada. ¿Qué estoy haciendo? No sé si quiero volver a casa.

“Beep, beep, beep”

¿Un mensaje? De Eloy, cómo no.
- No sé qué ha pasado pero vuelve a casa. Es tarde y están preocupados –leo en voz alta.

¿No sabe qué ha pasado? ¿Me toma el pelo? Conociendo a Ángel, dudo que no le haya ido con el cuento de cómo la bruja de su hermana ha despotricado por dos malditos suspensos. Pensándolo mejor… puede que la bruja de su hermana se haya pasado con él. Ángel casi siempre está fastidiando, es la naturaleza de hermano pequeño. Nunca antes le había gritado y menos de eso modo. Me he enfadado y la he pagado con él también. Quizás no eran ellos quienes no querían oír sino que era yo la que no escuchaba. Quizás.

“¿Sólo quizás?”
Oh, me honra con su presencia su majestad.
“Corta el rollo, sé captar un eufemismo cuando lo escucho.”
¡No me digas!
“Está visto que sigues en tus treces. Es raro que no te hayas ido echando pestes a casa de Menchu.”
Necesitaba respirar, me estaba ahogando allí dentro.
“Pues me parece que ya has respirado bastante. ¿Por qué no vuelves a casa?”
¿Por qué debería volver?
“¿Porque deambulas, ves a saber por dónde, pasada la medianoche? Es un buen motivo.”
Y yo tengo otro para no volver. No quiero verles.
“Si no hubieses metido de por medio el viaje, esto no habría pasado.”
No te metas en esto. No estoy de humor para aguantarte mucho más tiempo.
“La has fastidiado y lo sabes. ¿Por qué te enfadas enseguida? Si hubieses hecho las cosas bien, podrías haber ido. Lo has empeorado tu sola.”
Ya no sirve de nada pensar en probabilidades.
“Actúas siempre del mismo modo. Como si te estuviesen atacando. No te estoy atacando. No soy tu enemiga y tus padres tampoco. ”
¿Entonces qué eres? ¿Una amiga? Sólo me das por culo.
“Estás cabreada, es inútil razonar ahora contigo.”
Conmigo nunca se puede razonar. Y menos tú.
“Entonces las cosas nunca te irán bien.”
¡Ja! Lo que me faltaba por oír. ¿Acaso eres un parásito incrustado en mi cabeza que pretendes que haga cuanto me digas como a un robot?
“Jamás haría algo así. Tú y yo somos una misma esencia. Lo que ocurre es que aún no te has dado cuenta. Seguramente, ni quieras entenderlo.”
Vete a la mierda.

Odio que se entrometa de esta manera en mis cosas. Si al menos me echase un cable, aún. Sólo está para restregarme mis errores, si es que lo son. ¿Es que no hay nadie en este mundo que quiera entenderme? No pido mucho.

Sé que ya debería haber vuelto a casa. Que, para ser sincera, no tengo la más remota idea de dónde me encuentro. Porque desde que salí de casa he caminado sin un rumbo fijo hasta pasar la medianoche. Estoy en medio de una calle que jamás he visto. Está oscuro y empiezo a estar cansada. Y no tengo miedo porque, a pesar de ser un lugar lóbrego, es extrañamente solitario.

¿Tanto le cuesta apoyarme un poco? Conciencia o madurez, no sé qué es esa voz, pero ya que me da la vara ¿por qué, conociéndome tan bien, no me alienta? Lo necesito. Estoy confusa. ¿Con qué cara me presento en casa? ¿Y qué he de decirles? ¿Disculparme? ¡Ni hablar! Sólo me he defendido. Me han acorralado los tres, ¿qué esperaban? Además quién dice que se les haya pasado el enfadado. Seguro esperan que vuelva para darme un buen rapapolvo.

¿Qué me está pasando?

Sólo es un viaje…

No es el viaje, es Christian. ¿Por qué ha puesto mi mundo patas arriba? Está siendo un curso muy largo. Si lo llego a saber me cambio de instituto. Christian nunca tendría que haber venido. Tendría que haberse quedado donde estuviera. Lo está descontrolando todo. Y sigo sin saber por qué. Esto no es normal. Lo sé. Sin embargo, siempre acabo tropezando con la misma piedra.

Lo mejor será que me olvide de todo. Del viaje, de Christian. Ya se me pasará. Aunque se queden estacados esos sentimientos. Se calmarán una vez que deje de verle. Eso es lo que necesito. Desconectar. Dejar de verle. Poco a poco, con el tiempo, los sentimientos disminuirán hasta debilitarse y desaparecerán.

Sí, eso es. Me han caído dos. Pasaré del viaje y estudiaré. También he de sacar buenas notas para el selectivo y buscar una carrera que me guste. Tengo que reajustar mi vida. Mantenerme ocupada mientras Christian desaparece de mi vida. Y todos felices. ¡Además las fiestas universitarias son las mejores! Sí, hay que estudiar por el bien de las fiestas universitarias. ¡Y lanzarme a los brazos del primer tío bueno que se me cruce por el camino! (A ser posible que tenga un buen culo).

¡La vida universitaria es la mejor!

“Lo vuelves a hacer.”
¿El qué? ¿Madurar?
“Escapar de la realidad. Dudo que madures algún día.”
¿De qué vas?
“Intento echarte un cable, ¿vale? Hagamos una tregua.”
Pero si has empezado tú. ¿Quién ha dicho “dudo que mad…”?
“Vale, lo pillo. Olvídalo.”
¿De qué tienes quejas ahora? ¿Estudiar?,¿la universidad?
“Olvidarte de Christian. ¿En serio crees que le olvidarás?”
¿Y por qué no? La gente lo hace constantemente, superar los desamoríos.
“Hasta hace unas horas querías acercarte a él. Costase lo que costase.”
En esta vida no se puede tener todo.
“Lo vuelves a hacer.”
¿Escapar de la realidad?
“No. Pensar con la cabeza y no con el corazón.”
He escarmentado. Sólo me perjudico más si escucho a mi corazón.
“Anabel, el lazo que hay entre Christian y tú no es algo que pueda desligarse de un día para otro.”
¿Qué quieres de decir?
“Quiérele. Sólo sigue queriéndole.”
Quererle me hace daño.
“Lo sé. Siento lo mismo que sientes tú. Y, aún así, sigo a tu lado.”
¿Por qué?
“Alguien tiene que protegerte.”
¿Protegerme? ¿De qué?
“Anabel, hay secretos, hechos, que no puedo revelarte. Confía en mí.”
Por eso me cabreas. Todo son secretos. No me entero ni de la mitad de la película. Ni sé qué eres.
“Quién. No sabes quién soy.”
Qué o quién, da lo mismo.
“No, no es lo mismo y no puedo contártelo. Pero si me escuchases atentamente, hallarías las pistas.”
¿Pistas? ¿Estás jugando conmigo? Me cabrea más que me tomen el pelo en mis narices.
“No tienes remedio. Te digo que te doy pistas para facilitarte lo que quieres saber y me cambias de tema pensando en que me burlo de ti.”
¿Y para qué las pistas? Dímelo a las claras.
“Vuelve a casa. Es tarde y mañana tienes clases.”
¿Es una indirecta para avisarme que vas a esfumarte?
“Sí.”
¿No obstante, seguirás conmigo?
“Sí.”
Vale, tiempo muerto. Hora de dejar de calentarme la cabeza.
“Je.”
Sin comentarios.
“Como quieras.”

Es como tener a una okupa viviendo en tu cabeza. A veces es bueno, otras no tanto. Mejor dicho, la mayoría de veces es perjudicialmente molesto. Creo que tendría que ir derecha a un manicomio. Cada vez me acostumbro más a la voz. Definitivamente, estoy para que me encierren.

En fin, supongo que va siendo hora de ir tirando para casa. Que pase lo que tenga que pasar. Seré valiente y asumiré mi sentencia de muerte.

Y para ir a casa… primero tengo que encontrarme. Quieta. Si sigo a la mía, deambulando, me perderé más.

Analicemos la situación.

Una calle oscura, con apenas una luz tenue de las farolas a las que aún no se les ha fundido la bombilla. Dos o tres, no más. La mayoría fuera de servicio. Deben de ser unos muertos de hambre, si al ayuntamiento no le da para reponer unas míseras bombillas.

“Céntrate.”
En ello estoy.

Si a alguien se dignara aparecer, podría preguntar y orientarme. Pero visto que debe de haber un toque de queda para que todo el mundo haya desaparecido al mismo tiempo, lo que me queda es una segunda opción. Buscar el nombre de la calle.

- Esto va a ser peor que buscar a Wally. Ya podrían tener por aquí un mejor alumbrado. Qué asco de zona.

¡Ye! ¿Estás por aquí?
“¿Me dices a mí?”
Pues claro. ¿O acaso hay alguien más en mi cabeza? Por favor, dime que no. No lo soportaría.
“Je. Estaría bien tener una compañía más coherente que tú. Pero me temo que me he de conformar contigo.”
Soy yo la que ha de conformarse. ¿Te recuerdo que estás en MI cabeza?
“¿Me llamabas para discutir?”
No. Eres la única opinión autónoma con la que cuento, por desgracia.
“Ah. Pues muchas gracias. ¿Te recuerdo que me pides ayuda? Sé más amable.”
No te ralles. Sé que no te ofende. Además no puedo controlar mis pensamientos. Soy sincera.
“Ugh, mordazmente sincera. ¿Qué quieres?”
¿Qué hago? ¿Sigo adelante o retrocedo? Pensaba buscar la calle pero estoy pensando que será una pérdida de tiempo cuando ni yo misma me sé las calles más allá de la manzana de donde vivo. Y orientándome soy peor. ¿Prestabas atención cuando pasaba olímpicamente del entorno que me ha dejado aquí?
“¿Tengo pinta de GPS?”
¿¡Para qué sirves entonces!?
“Para cuidar de ti y aconsejarte. ¿Te parece poco? ¡Porque no lo es! No lo pones fácil.”
¡Está bien! No te pongas así. Joder. Sólo era una pregunta.
“Llama a casa y diles que te has perdido. Busca la calle y que vengan a recogerte.”
¡Pero qué dices! No soy ninguna cría de 5 años.
“No lo parece. ¿Te recuerdo que te has perdido tu sola?”
Oh, gracias por recordarlo, lo había olvidado.
“En serio, deja el sarcasmo. ¡Qué vicio!”
Déjalo, ya me las arreglaré.
“Llama a casa. Será lo mejor.”

¿Qué mierda hago ahora? Absolutamente, no puedo llamar a casa por semejante chorrada. Tengo mi orgullo y quiero conservarlo. Ángel se reiría de mí durante días. En cuanto a Eloy, prefiero evitar sus chistes guasones acerca de este pequeño incidente. Además…

- Si no tienes más cuidado, cavarás tu propia tumba –una voz aterciopelada, me saca de mis pensamientos.

Sigo el sonido de esa voz, encontrando a su dueño que no es más que una mera sombra. Apoyado en la esquina de un callejón, vislumbro su silueta, oculta entre las sombras. No obstante, percibo su feroz mirada y el brillo hipnótico de sus ojos.

Me asfixia. Su mirada me asfixia.

- Regresa antes de que sea demasiado tarde –me amenaza.

Su voz gélida. Es tremendamente acosadora. La cabeza me da vueltas. El corazón se desbocada. Un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Pensar con coherencia, ahora es inútil. Mis instintos se hacen con el control, anulando mi voluntad.

No lo entiendo. ¿Quién es? Me es tan familiar. Pero no consigo recordarlo. Mi mente no me da acceso a él. Recuerdos. Todos perdidos.

La electricidad recorre todo mi cuerpo como un campo de iones en constante choque. Esta atracción tan incoherente e irresistible, la peor de las trampas para una presa.

Mis pies se dirigen hacia a él por inercia. Quiero alcanzarle. ¿Por qué duele tanto la distancia? ¿Por qué esta ansiedad? ¿Qué busco en él? ¿Qué esconde?

Paso a paso acorto las distancias. Quiero tocarle. Comprobar que no es un espejismo. Descubrir su rostro.

“Anabel retrocede. Es peligroso. No estás preparada para dar ese paso. Y él tampoco sabe que es demasiado pronto. ¡No lo sabe! ¡Aléjate! ¡Sálvate antes de que esto empeore todavía más!”
No puedo. Ya es demasiado tarde. Soy consciente del peligro, lo noto. Pero, dentro de mí, algo ha cambiado. Dime toda la verdad y haré todo lo posible por rehuirle. Dime qué tengo que temer y me alejaré. Sino buscaré las respuestas a mi modo.
“No. No lo harás. La verdad sólo te llevará hasta él. Todavía no la has descubierto y, mírate, no eres capaz de dar marcha atrás. Por favor, encuentra la fuerza necesaria y rompe su hechizo.”
¿Y oprimir esta sensación tan nueva y apremiante? No.

- No deberías acercarte a mí –me detengo en medio de la carretera-. No te fíes –me examina escrupulosamente con la mirada.

Mis pies se quedan fijos al suelo. Conservo la suficiente lucidez para que su advertencia bravucona me asuste. Mientras, rompe todo contacto visual entre nosotros y da la vuelta para adentrarse al callejón oscuro.

Quiero escuchar de nuevo esa voz sensual. Quiero oírla porque no haré caso al valor de sus palabras. He perdido toda razón. Mi única opción es dejarme llevar.

Dependencia.

Sé que no debería ir. Sin embargo, mis pies se mueven sólo para seguirle.

Paso a paso, poco a poco, emprendo la marcha hacia el mismo callejón al que se ha adentrado. Y antes de darme cuenta que he acelerado el paso, corro tras él para no perderle de vista. Apenas distingo todo cuanto me rodea. He de evitar perderle el rastro.

Pasos apresurados, una respiración agitada y latidos al son de tambores.

Corro siguiéndole. Corro dejando atrás callejones y calles solitarias. Corro sin pensar en nada más. Ahora no importa nada más.

Se detiene. Me detengo.

Al instante, un escalofrío recorre mi espina dorsal. Un callejón sin salida. Edificios viejos abandonados. Un par de Audis reventados. Sin motivo, la temperatura desciende estrepitosamente en esta zona. Sombras inquietantes. Siluetas y risas estridentes. Puertas que se abren y se cierran. Chirridos.

- ¡Monstruo, aléjate de mí! ¡No quiero morir, maldito hijo de puta!

Gritos humanos... Sollozos... Todos ahogados en el silencio de una noche oscura.

“Anabel, corre. ¡Corre por tu vida!”

Me he adentrado en la madriguera de mi depredador. ¿Qué he hecho?

Él empieza a aproximarse. A alcanzarme. El miedo me corroe, me absorbe por completo. Tengo que largarme. Doy un paso atrás. Media vuelta pero...

- La noche trae consigo un final incierto –un hombre bajito y desgarbado con una sonrisa burlona en los labios, me corta el paso.

Vértigo.

Estoy acorralada. ÉL no es el único. Han salido para recibirnos. Diferentes estaturas, distintas apariencias pero, todos ellos, con el mismo brillo hipnótico en su mirada.

- Te lo he advertido –me susurra a mis espaldas.

Retrocedo para reducir todo contacto. Giro para ver su sonrisa autosuficiente. No está arrepentido. Al contrario.

- Un nuevo ratoncito. Mnm… me gusta jugar al gato y al ratón –afirma una voz jadeante.
- No juegues demasiado con la comida, muchacho. Puedes perderla antes de probar bocado –contradice esta vez una tonalidad ácida.
- No eres el único y ella es demasiado joven. Huele extremadamente bien. Es excitante el pulso agitado de su sangre –otra gime ansiosa.
- Y se le mezcla el miedo mucho mejor. ¿Lo empiezas a sentir, verdad cariño? –un sonido meloso, demasiado meloso.

Un torbellino de voces susurrantes se entremezclan. Soy incapaz de relacionar voces y rostros. Todo empieza a darme vueltas.

- Largaos, es mía –trona imperiosamente.

Un segundo después, absolutamente todos se desvanecen en el aire. De vuelta, él y yo a solas. Vuelve a acercarse. Con la mente nublada, me quedo rígida al sentir su aliento.

- Te iría mejor si de vez en cuando escuchases lo que te dicen –resuena su voz melodiosa.

Su cuerpo se aproxima al mío. Su cálido aliento acaricia el mío. Su respiración sincroniza la mía. Su mirada domina la mía. Dulce delirio.

Jamás olvidaría esos ojos verdes. Le quiero. Hechizada o no.

Los latidos de mi loco corazón, me ensordecen. Duele tenerle tan cerca mientras su presencia me embriaga. Necesito más.

Sin inducirlo, mi cuerpo reacciona por si solo ante él.

Me empino pasándole los brazos por el cuello, experimentando cada roce. Acerco mi rostro al suyo sin apartar la vista de sus ojos verdes. Sin pestañear. Sólo los cierro cuando mis labios rozan los suyos. Cuando mi lengua húmeda se enlaza con la suya.

Un beso que ni es dulce ni suave.

Lujuria y pasión. Sentimientos primitivos que nacen de nuestros cuerpos. Locura y riesgo. Sensaciones límite que cobran vida de nuestra necesidad.

Un beso que es un todo por el todo. Como si el mañana se extinguiese.

Un beso que se corta cuando agotamos el último aliento.

Un beso que devasta todo mi ser. El fuego arrasa el interior de mi cuerpo.

Un beso que le deja indiferente. Sus ojos me miran de forma impasible.

No demuestra emoción alguna.

- No me arrepiento –le confieso.
- Lo sé –me dedica una mueca bravucona-. Has caído en mis redes –me estrecha contra él.
- Aah… -gimo al contacto absoluto de su cuerpo.

Mi cuerpo se moldea al suyo, uniéndonos en un solo elemento. Su mano izquierda se escabulle por debajo de mi camiseta, aferrándose a mi piel desnuda. Y su mano derecha sujeta mi nuca al tiempo que dirige sus labios por mi cuello al que husmea, lame y besa en toda su extensión.

Bendito paraíso. No deseo que no me destierren de él.

- ¿Sabes lo peor de todo? –musita mordiendo el lóbulo de mi oreja.
- Q… ¿Q-ué? –pregunto con suma dificultad.
- Que en noches de luna roja, no estáis a salvo.

El placer adormece mi mente y me cuesta descifrar el significado de cada una de sus palabras. Sólo existe el huracán de sensaciones que arrastra con él. La sensibilidad de cada una de mis terminaciones nerviosas.

Su lengua regresa de nuevo a mi cuello. Dejando tras de sí, un camino húmedo que conecta con mi oreja. Su contacto es tan dulce y cálido en mi cuello. Podría quedarme así durante toda una vida. Sería un buen destino.

- ¡Ah! –doy respingo.
- Shh. Sigue dejándote llevar. Lo estabas haciendo bien.

El extraño y frío tacto de sus dientes sobre mi piel, me despejada de la nube de estupor.

- ¡Para! –ahogo en un jadeo al percibir cómo sus colmillos perforan mi carne-. Duele.

Succiona mi sangre. Empieza a vaciarme. Lentamente, la ligereza se adueña de mi cuerpo abandonado, la vista se torna borrosa y mi mente cesa de todo pensamiento. Lo último que consigo vislumbrar con claridad es una enorme y hermosa luna llena de color rojo que tiñe de fucsia el cielo oscuro de su alrededor.

- Christian…
- Dulces sueños, pequeña.

“Te has rendido ante él. No lo debías hacer. Aún no. Esto no va a terminar bien. Os estáis matándoos mutuamente. Sólo espera a que suceda lo inevitable y la oscuridad acabará con vuestra historia.”

09/10/09

Capítulo 2: Reacciones intransigentes

Capítulo 2: Reacciones intransigentes

- Cálmate –intenta animarme Lara-. Ten un poco más de confianza en tus padres.
- Lara, te equivocas. Sí que debe preocuparse– mete baza Menchu-. No compares al resto de padres con los tuyos.
- ¿Qué intentas decir? –se mosquea Lara.
- No te enfades. Digo que tus padres son una excepción. No te castigan, siempre que lo necesitas te dan dinero, te consienten como a la que más. Lara eres una niña mimada. No puedes entendernos ni ponernos en el mismo saco a quienes no corremos con la misma suerte –se lamenta.
- Menchu yo me he ganado la confianza de mis padres –sin duda es la más madura de las tres-. Tú recoges lo que siembras. No voy saltándome toques de queda o mintiéndoles con que te quedas en mi casa a pasar la noche estudiando, cuando en realidad te vas de juerga a cualquier garito que haya movimiento. En cuanto al dinero, ¡tú siempre andas en números rojos! Bastan con que un sábado te den la paga para irte al Corte Inglés y gastártelo. No me miman, tú eres la oveja descarriada.
- ¿Oveja descarriada yo? ¿¡Quieres que me pase en mi casa estudiando todos los días!? –se indigna.

Lo cierto es que sólo estudia un día o dos antes de los exámenes, el resto de juerga y encima aprueba el curso.

- Si no aprovecho ahora, cuando tenga 20 años más seguro no podré hacerlo. Y necesito ropa ¿acaso quieres que vaya desnuda por la calle? ¡Todo está carísimo!
- Menchu, tú no necesitas mucho para gastar dinero. Compras lo primero que se te mete entre los ojos. Eres una consumista en potencia. Y si no, ¿qué le ha pasado a la minifalda vaquera que te compraste el otro día en Berska? ¿O al pichi negro de Zara? ¿O a la camiseta rosa y los pantalones de Stradivarius? Tengo buena memoria ¿quieres que vaya enumerando toda la ropa que te has comprado y luego ni te la has puesto?–ahí le ha dado.

Lara suele ser tranquila y modosita pero tócale mucho la moral que afila su lengua. Tiene un don especial para conocer el punto débil de cualquier persona y, con Menchu, puede aprovechar porque tiene infinidad de ellos y muy visibles en cuanto la conoces.

- ¿Queréis dejar de discutir? No estoy de humor –mi voz sale en un susurro pesado y desanimado.

Después de que Eugenia (la profe de geografía) me sentenciara con su suspenso, al finalizar la clase, he intentado hablar con ella sin resultado alguno. Opta por dejarme el 4 en vez de subirme a un 5 y todo porque tengo las notas bastante flojas pero no todas suspensas. Varían entre el 4’5 y el 5. Hubiese hecho la vista gorda si sólo hubiese sido esa pero a cuarta hora me han revelado que matemáticas iba dentro del paquete sorpresa.

Al final, han sido dos asignaturas de las gordas las que me han quedado, que habré de recuperar este verano para no repetir curso y poder hacer el selectivo. No es tan grave ni tampoco soy la única a la que le han suspendido pero el viaje es el mes que viene y a mis padres no les va a gustar la noticia.

En estos casos, lo lógico sería estar deprimida por el suspenso pero yo lo estoy por las consecuencias que acarreará, por el viaje y por mi última oportunidad. No se trata de un capricho sino de una necesidad. Ni yo misma me conozco. Desde que le vi por primera vez hay algo en mí que me ata más a él y no me deja alejarme sin dañarme. Estoy asustada porque no puedo ni sé cómo contrarrestarlo y, cada día que pasa, todo se vuelve más insoportable. ¿Esto es el amor? No lo creo. Parece más como una enfermedad.

El primer día que entró en clase algo despertó en mi interior atraído por él. Lo que fuese que despertara, hizo que mi corazón despertara. Como si toda mi vida hubiese estado en letargo esperando aquel momento.

Intenté hacer caso omiso de todo aquello pero cuanto más me esforzaba por olvidarle, más pensaba en él. Cuánto más luchaba con mi mente, más se revelaba el corazón. Poco a poco, y como consecuencia de esa lucha interna, fui debilitándome hasta el punto de dejar de ser yo misma. Mi orgullo acabó rindiéndose. Jamás había pasado. Siempre me he dejado guiar por él. Era tanto el tormento de ir en contra, que no pude más y admití mi derrota. No obstante, la calma no duró mucho. Había aceptado esos sentimientos, los conocí y llegué a apreciarlos porque eran cálidos y me llenaban de vida. Todo a mi alrededor me sonreía. Incluso me recriminé el hecho de haber estado tan obcecada en este tema.

Repito, la calma no duró mucho. Me había enamorado de Christian y lo reconocí. Con todo, cuando ves a esa persona cada día, cuando te das cuenta que ni siquiera sabe que existes, que todo cuanto sientes no se puede liberar y continua encadenado en tu interior, llega una nueva tormenta. A partir de ese momento, ya ni siquiera sé cuantas lágrimas he llegado a derramar. Ni las veces que ha variado mi estado de ánimo. Todo se ha vuelto un caos. Todo por un primer amor al que maldigo.

El dolor era tan intenso que durante un tiempo la chica frágil y sensible en la que me estaba convirtiendo sobrepasó todas mis barreras y pasó a vivir mi vida. Como consecuencia, el dolor se multiplicó, la tristeza reinó y las lágrimas se agotaron. En ese entonces, mi interior era como un desierto. Estaba devastado. Mi corazón sangraba y mi alma comenzó a morir, jamás he experimentado una agonía tan grande como aquella vez. Estaba viva y respiraba pero no vivía en absoluto, solamente sufría sin hacer nada. En ese instante, fue cuando lo comprendí todo. Mi corazón, mi alma, mi orgullo, mi fuerza, mi obstinación hasta mi mente debían de cooperar para salvarnos a todos. Decidí enterrar en lo más profundo de mi ser a esa chica para que no provocase más daños y decidí no dar nada como perdido hasta no probarlo. El resultado final donde resolverlo y liberarme de esta imposición iba a ser en el viaje. Ahora ya ni lo sé.

Que haya decidido lanzarme a él, no significa que espere un buen resultado. Tan sólo espero lo suficiente como para que no actúe de forma indiferente, ignorando todo cuanto hago. Simplemente, que me preste un poco de atención para, al menos, deshacerme de todos estos sentimientos incumplidos tan caóticos. No creo en que me acepte y se enamore de mí. Demasiado surrealista contando a todas las chicas que ha ignorado. ¿Porqué iba a ser yo especial?

No, no soy especial. Soy una más a diferencia de cómo se han desarrollado las circunstancias y cómo ha reaccionado todo mi ser. Es la vulnerabilidad por no haber amado nunca por lo que estoy siendo tan endeble. Por eso sólo espero que me salve. Qué reaccione ante mí y rompa mis esperanzas, que destruya mis sentimientos con su rechazo porque así espero que mi corazón vuelva a revivir. Si se rompe, podrá recomponerse. Las personas lo hacen a menudo ¿no? Pero si se queda estancado, como lo está ahora, con sentimientos que no van a parar a ninguna parte, entonces no podrá avanzar. Si quiere romperse en mil pedazos antes que desistir que así sea. No pienso oponerme a mi corazón ni al mecanismo oculto que lo ha despertado que sangre, estoy dispuesta a superar cualquier dolor con tal de que se acabe este tormento que ya ha durado demasiado.

Quizás sea mi mente la que hable por mí pero es que no estoy acostumbrada a dejarme dominar por el corazón y, para una vez que lo hace, el descontrol es absoluto. Sin duda, con mi mente nunca me había pasado esto. Siempre era más fácil dominar las situaciones a mi beneficio y bienestar. No obstante, hasta que no conozca qué es lo que lo ha provocado, hasta que no sepa porqué mi corazón ha despertado con él y no con otro, no tengo fuerza para contraatacar y encontrar una escapatoria. No hasta que sepa qué o quién ha empezado a despertar en mí.

- Oye, no te preocupes. Si no te dejan ir, siempre podemos buscar otra manera aún hay tiempo –me consuela Lara.
- Sí, tu tranquila siempre podemos secuestrarlo para ti –suelta Menchu-. Dime dónde vive y te lo llevo esta noche –me sorprende toda resuelta, echaré de menos sus predisposiciones cuando se vaya a Alicante.
- Mira que eres bruta. Lo que te faltaba a ti por hacer, allanar casas ajenas. Anabel, nuestra Menchu es una acosadora –dramatiza.
- ¡Eh! Que yo lo decía por ayudar. ¿Se te ocurre algo mejor?
- ¿¡Lo decías en serio!? ¿Dónde está tu juicio? Ah. Espera, ya me acuerdo. Tú nunca has tenido –normalmente Lara no tiende a ser tan puñetera, suele ser la que nos separa a Menchu y a mí.
- Pues perdone usted, señorita sabionda –le replica con rin tintín-. Soy toda oídos para escuchar sus ideas.
- No hace falta tener muchas neuronas como para pensar en que se pueden coincidir en las clases extra que darán para selectividad.
- Eso si va –objeta Menchu.
- Puede encontrárselo “de casualidad” en la calle.
- Para eso tendría que estar vigilándolo las 24h. para saber dónde va y cuáles son los lugares habituales a los que acude –está claro que Menchu ha asumido el papel de Lara, viendo todo de forma objetiva.

Es una tarde de las raras. Lara y Menchu se ponen a discutir mientras yo me comporto pasivamente. Después Lara, que tendría que hacer uso de su madurez para encontrar una solución factible, la manda a paseo y se comporta como Menchu. A Menchu deben haberla absorbido los aliens cuando ha ido al baño del McDonalds (donde hemos comido después de las clases) y le han hecho un lavado de personalidad. Y yo estoy en uno de mis momentos con el estado de ánimo en descenso por lo que no tengo ganas de nada. Sin duda, una tarde muy rara en su conjunto.

- Que se presente en su casa.
- ¿Sabes dónde vive? Porque yo no –rebate Menchu.
- Quizás coincidan en la universidad.
- Demasiado grande y por lo que he oído creo que tiene pensado irse a estudiar al extranjero.

Otros de los motivos por los que sé que todo se acabará cuando pase selectividad y nos desvinculemos del instituto. No es que sea seguro y él haya dicho nada pero es lo que se rumorea. Además, si lo comentan es porque tendrán algún indicio o comentario de su parte en el que basarse. Ahora que lo pienso, fue en abril cuando empezó a circular el rumor justo cuando Alicia dejó de esperar a que él se le acercarse, cuando le atacó con todas las de ley con sus más que insinuantes indirectas. Alicia, por muy sorprendente que sea, relaciona con bastante gente y si ella se ha dejado guiar por ese rumor algo de verdad debe de haber, es muy desconfiada y para creerse algo siempre lo comprueba.

- Venga. Dejadlo ya –doy por zanjado este tema-. Todo son suposiciones hasta que no hable con mis padres no sé qué pasará. Además no es que vaya a dejar los estudios sólo es retrasar selectividad hasta septiembre.
- Sí, tienes razón. Nos estamos montando nuestra película –sonríe no muy convencida Menchu y, a decir verdad, yo tampoco lo creo.
- Bueno chicas, aquí nos separamos –avisa Lara al salir del parque en nuestro recorrido de vuelta a casa-. Hasta mañana y suerte en casa –me guiña el ojo con una sonrisa de las suyas.
- Lara son sólo dos asignaturas, las recuperaré en septiembre no es tan grave –no sé porque intento convencerla a ella cuando tendría que creérmelo yo-. Ya me dejarás los apuntes del curso.
- Eso ves a fardar de notas a casa, “niña mimada” –se despide Menchu-. Si quieres los apuntes, vente a mi casa y te los doy.
- Para el carro. No es que me vaya a poner a estudiar ahora –me quejo-. Puedo esperar a que pase selectividad para que Lara me los preste –me justifico.
- “Ovejita descarriada”, ¿quieres que vuelva a suspender por culpa de tus apuntes?
- ¿Perdón? –se ofende Menchu.
- A ver, yo te agradezco mucho tu buena voluntad –se lo digo lo más suave posible-. Tus apuntes son muy bonitos con los bolis de colores que usas para los títulos y demás –allano el camino para que no explote, no después de haberse ofrecido a dejármelos. La predisposición hay que tenérsela en cuenta-. Pero sinceramente si tengo que fiarme de lo que ponen… voy mal. No es que prestes mucha atención en clase que digamos y tampoco es que apuntes todo lo que explican. En realidad, no apuntas nada. Cuando no te dedicas a hacer dibujitos en el libro, te pasas las horas haciendo malabares para ver cómo consigues dinero para alguna falda bonita que has visto en algún escaparate o en lo que haréis tu chico y tú la próxima vez que os veáis.

Esto último que he dicho, nos lleva a saber porqué Menchu se va a Alicante y no a otro sitio a cursar su grado de FP. En Alicante es donde está Javier, su novio, con el que sale desde hace año y medio y al que conoce de ir a veranear todos los años a Santa Pola, al chalet de sus abuelos.

No hay que mencionar que los novios tienen un mayor poder de convicción que una simple amiga que conoce desde hace 10 años. Lo reconozco estoy un poco mosca pero le daba lo mismo hacer un grado superior de Diseño y producción editorial que de Producción en industrias de artes gráficas que está aquí en Valencia. Fue ella la que me confesó que haría el de diseño en Elche si sus padres le permitían irse a vivir con sus abuelos y así poder estar cerca de Javi. No es que me caiga mal su chico, al contrario, cuando ha venido a Valencia a estarse con Menchu siempre lo hemos pasado genial con él. Es muy majo y tal. Es sólo que estoy un poco celosa porque, de pasar toda la vida al lado de tus amigas, a verte más sola que una mota de polvo, acojona un poco. Cuando acabe el verano todo va a cambiar y yo me voy a quedar aquí muriéndome de asco, eligiendo lo primero que crea que es “bueno”. Quizás exagero un poco pero no soy partidaria de este tipo de cambios tan drásticos. Y sí, soy egoísta pero no lo bastante como para echárselo en cara. Por eso no sabe que lo pienso. Para mí está bien si eso es lo que quieren tanto Menchu como Lara, para eso están las amigas ¿no? Para apoyarse mutuamente, aunque con ello me vea involucrada negativamente.

- Con que esas tenéis, ¿eh? Pues que sepáis que he aprobado con esos apuntes de los que tan poca confianza mostráis –Menchu nos reprocha altanera.
- Venga, no te enfades sólo bromeaba. Tú también me puedes dejar tus apuntes –aunque no los pienso utilizar.
- Pues ahora no quiero –se cruza de brazos haciendo una mueca.
- Pues no me los dejes –resuelvo viendo el reloj del móvil que marca las seis-. Bueno ahora sí yo me voy que tengo que preparar el terreno antes de que llegue mi padre de trabajar.
- ¿¡Se lo vas a decir ya!? No hace falta que seas tan rápida.
- No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy –sermonea Lara.
- Eso es. ¿Qué más da un día antes que dos? Mejor soltarlo y pensar una segunda opción si no sale como yo espero –me refiero al viaje-. Ale, hasta mañana.

Me despido para irme a casa.

“Con que estás nerviosa, ¿eh?”
Lo que me faltaba. Una conciencia chistosa. Debo de estar volviéndome loca.
“Apuesto a que no eres capaz de decírselo a tus padres. ¿Qué no oyes cómo te late el corazón? A ti hoy te da un infarto, chica.”
Esfúmate.
“No puedo. Soy una parte de tiiii.”
Haz como si no existieses como haces la mayor parte de las veces cuando la vida me sonríe. Parece que sólo estás para machacarme.
“No estoy para machacarte. Eres tú la que me escucha cuando necesitas ayuda. Demasiado egoísta ¿no crees?”
No soy perfecta, ¿sabes? De hecho aunque ahora necesite ayuda no es que la quiera, tú sólo me complicas las cosas. ¿Recuerdas cuando te hice caso y dejé salir a la chica frágil y debilucha que se estaba formando dentro de mí?
“¿Aún me guardas rencor por eso? Yo sólo te dije que tenías que afrontar la situación. No puedes cegarte cuando un hecho es tan evidente. No ganas nada mintiéndote a ti misma.”
Suenas como mi madre y me sobra con una. De todos modos, ¿continúas apoyando ese consejo? Te recuerdo que gracias a eso pasé por un infierno. No recuerdas que la chica frágil que apareció me puso peor las cosas. ¡Lloró, se lamentó, lo asumió mientras se consumía y no luchó!
“Tu problema es el orgullo. Llorar y aceptar que estás enamorada o que es superior a ti, no es una debilidad. No es pecado aceptar ayuda. Te quejas pero a raíz de eso te fortaleciste más y lo superaste.”
Pues vaya superación cuando he llegado al punto de rebajarme por hacer lo que sea para que un chico cualquiera se fije en mí.
“Te lo repito, eres demasiado orgullosa. Y Christian no es un “chico cualquiera”, eso tenlo presente sino tu corazón volverá a relevarse contra todo tu ser. A él no puedes derrotarlo con la mente.”
¿Acaso no formas tú parte de mi mente? ¿No puedo ignorarte cuando me dé la gana?
“Si eso es lo que tú crees…”
Eres una molestia.
“Soy la madurez que a ti te falta. Tú de por sí representas de sobra la inmadurez.”
Desaparece no necesito tus consejos.



Silencio. Por fin. Creo que debo de tener algún cable cruzado porque sino no entiendo todo esto. ¿Quién más a parte de los locos escuchan voces? Quizás sea el estrés…

¿Ahora soy tan idiota como para creer semejante burrada? ¡Qué estrés ni qué ostias! Si surgió de la nada a principios del 3er trimestre de hace dos cursos, cuando salía con Sergio. ¿Qué estrés tendría yo por ese entonces si había aprobado todo? Además cuando rompí con él, desapareció. Supongo que se quedaría a gusto después de haberle puesto de todos los colores habidos y por haber. En aquella época me dio por pensar que sería mi conciencia lésbica, puestos a pensar en estupideces se piensa la más grande. Pero no, cuando Christian entra en mi vida a la otra le da por hacer acto de aparición y lo más fuerte es que a este “candidato” sí lo apoya. ¡Genial, está visto que soy una desgraciada!

Saliendo de mis ensoñaciones, me doy cuenta de que ya estoy enfrente del portal de mi edificio. Lo más probable es que me haya estado dando el coñazo todo el camino para que no me distrajese y llegara cuanto antes a casa sin pararme en ningún otro sitio, lo cual, es enormemente tentador.

- Cuanto antes acabe con esto, mejor. Es inútil alargarlo más. Que sea lo que tenga que ser –susurro entrando la llave en la cerradura.

Entro dentro y cojo el ascensor para que me deje en el quinto piso. La cobardía parece haberse esfumado porque, con cada paso, no siento más que determinación y seriedad.

Llego a la puerta de mi casa y la abro para encontrarme envuelta de silencio. No hay nadie. Está visto que lo mío es mala suerte. Quería decírselo primero a mi madre para que se hiciera a la idea y, que así, me apoyase para cuando le tocase el turno a mi padre. Convencer a los dos a la vez, va a ser más chungo.

Antes de repensarme la situación, me encierro en mi habitación y le doy al play de la mini cadena. Del CD que ya hay puesto, empieza a reproducirse Soldier de Dover. Subo el volumen y me dejo caer en la cama, cerrando los ojos. Son en momentos como estos cuando descargo todo el cansancio acumulado. No es que estuviese cansada pero cuando me relajo es cuando me doy cuenta de todo lo que cargo encima. Son tantas cosas y me siento tan perdida.

Por una parte Christian que ni yo misma sé si todo esto tendrá un final. Por otra Lara y Menchu que se van y me dejan sola. Y, por otra más, mi futuro tan oscuro e impredecible como una noche lluviosa. Sin duda, mi mundo está patas arriba. ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado? ¿Por qué me siento más sola que nunca? ¿Por qué tengo tantas ganas de llorar?

“Porque tienes miedo.”
¿Tú otra vez? Pensaba que te habrías ido.
“Lo quieras o no, yo siempre permaneceré a tu lado.”
¿Así que sólo puedo contar contigo? Preferiría a alguien de carne y hueso.
“¿Para que, mientras llorases, te consolase?”
….
“Aún eres una cría. Y a lo que tienes miedo es a crecer. Porque ya nadie va a decirte qué tienes o que no tienes que hacer. Porque si metes la pata, de ahora en adelante, la culpa será toda tuya. Porque ya no va a valer esconder entre las faldas de tu madre. Pero ¿sabes lo peor de todo? Que no estás preparada para todo este cambio. Que lo más probable es que metas la pata y eso te perjudique aún más y te haga más daño. Tu mundo se amplía pero tú te quedas escondida en el mismo rinconcito en el que has estado siempre. No tienes la fuerza para seguir adelante. El mundo entero se te comerá si no cambias. Y eres demasiado terca para cambiar y darte cuenta de lo vulnerable que te haces a ti misma. Eres una persona insegura y necesitas a alguien a tu lado en quien apoyarte. Alguien quien se enfrente al mundo por ti y te deje continuar en tu rinconcito, soñando con un mundo mejor.”
Cállate.
“Llorar no te va a solucionar nada.”
Ya lo sé. Pero no puedo detener las lágrimas.
“Te sientes impotente ¿verdad?”
Sí.
“Lo ves. Eres una persona inmadura.”
¿Sólo has aparecido para criticarme? Te odio.
“Si fuese buena contigo, no solucionaríamos nada. Debes convertirte en alguien independiente, lo suficiente fuerte como para dejar de crearte tu propio mundo y, así, evitar ver lo que no te gusta. No puedes querer continuar de ese modo. ¿Crees que ignorando la realidad y centrándote en ti misma todo irá mejor? Te equivocas. La realidad te afecta la quieras ver o no.”
Eso lo entiendo.
“¿Y qué no entiendes?”
El por qué tiene que ser ahora. Estoy hecha un lío. Las cosas se han precipitado tanto y en tan poco tiempo que no me han dado tiempo a reaccionar.
“Eso es fácil de responder. Siempre has contado con que las cosas marcharían del mismo modo y te has aferrado a ellas. Pero ¿qué ha pasado cuándo han empezado a cambiar? Que has advertido una realidad a la que ignorabas con premeditación. Tú lo sabías y aún así elegiste ignorar. Anabel eres más infantil que Lara o Menchu. Si le añades tu egoísmo y tu cobardía ¿qué obtienes?”

“Que te quedes atrás y todo empeore. Como te he dicho no estás preparada. Pero eso no quiere decir que no haya esperanza. Simplemente debes de empezar a partir de ahora a cambiar las cosas y, antes de dar un paso en falso, mejor no darlo que tener que dar después dos pasos atrás.”
¿Por qué me dices todo esto? ¿Por qué te escucho?
“Te lo digo por eres incapaz de reconocerlo por ti misma. Y me escuchas porque sabes que es verdad. Sólo te recuerdo lo que tú te esfuerzas en no querer pensar. Porque para ti es más fácil vivir con tu vida de adolescente “rebelde”.”
No me refiero a eso. ¿Quién eres? ¿Y por qué pareces no formar parte de mí?
“Aún no estás preparada para escuchar esa verdad. Ahora despierta. ¿O has cambiado de idea y no les dirás hoy a tus padres las nuevas noticias?”

Abro los ojos de golpe. El cansancio se ha desvanecido de mi cuerpo. La mini cadena continúa reproduciendo Keep on moving, una de las canciones finales del disco de Dover. El intenso Sol de la tarde se ha disipado y el día empieza a finalizar. Con modorra, sin incorporarme de la cama, miro el reloj de la mesita. Las ocho y cuarto.

Me siento en la cama, intentando despejarme. No esperaba quedarme dormida. Y a pesar de haber descansado, psicológicamente me siento como una mierda. En serio, debo de tener algún tornillo suelto. Esto no es normal. ¿Quién en su sano juicio escucha voces imaginarias? Pero, lo peor de todo, es ¿porqué si sé que tiene razón, me obceco tanto en no quererlo cambiar cuando las cosas no marchan bien? Lo más lógico sería intentar estar bien con uno mismo. ¿Por qué continúo haciéndome más daño intencionadamente? ¿Por qué me resisto tanto?

Es inútil. Pensar en ello es inútil. Y más cuando nada está sujeto a una realidad aparente. Todo está en el aire. Flotando de forma abstracta. No puedes tocarlo. No puedes verlo. Sólo oírlo.

Podría darle un millón de vueltas a este tema y siempre me quedaría del mismo modo. Sin respuestas y sólo con preguntas que cada vez van a más.

Me levanto de la cama y me dirijo al cuarto de baño. Me lavo con agua fría la cara no sólo para despejarme yo misma sino también las ideas que me rondan por la cabeza. Ahora lo único que tengo que pensar es en los dos suspensos que me han caído y en mis padres. Cuanto antes acabe con esto, mejor.

- ¿Mama? –la llamo saliendo del cuarto de baño.
- Estoy en la cocina, Ana –me responde.

Así que ya ha vuelto. Genial. No estoy de humor para una charla pero mejor aprovechar la ocasión.

- Cada vez haces antes la cena –comento al entrar a la cocina y verla enredada entre ollas y sartenes-. A este paso de que nos demos cuenta terminaremos cenando a las 7 de la tarde –me siento en una de las sillas de la mesa.
- Esto es la comida de mañana –sonríe-. Mañana tengo que ir al Prop y se me hará tarde.
- Ah, ya. ¿Por la solicitud de Eloy? –mi hermano mayor.
- Sí. ¿Te pasa algo? –me mira mi madre recelosa.
- No. ¿Por?
- Pareces alicaída –baja la temperatura de la vitro y se sienta enfrente de mí-. ¿Ha pasado algo?
- No. Bueno sí –me han caído dos y no sé cómo decírtelo-. ¿Dónde está papa?
- Ha bajado un momento a comprar tabaco. ¿Qué ha pasado? –genial, ahora está más seria.

Pero es el momento. Si tan solo no la tuviese tan encima de mí y no me mirase tan directamente a los ojos. Joder, así no me atrevo. Así me incomoda. ¿Me espero al día en que den las notas? ¡Seré cobarde!

- Ya estoy en casa –anuncia Ángel desde la entrada.

Por desgracia, mi madre ni se inmuta, sigue clavándome la mirada. Y yo sigo en silencio.

- Mamá, Íñigo… –se para en la puerta de la cocina-. Joder qué caras tan largas.
- ¡Eh! –le da un capón mi padre en la cabeza-. Te cuesta lo mismo hablar bien. Pero tiene razón, ¿qué ha pasado? –desvía su atención hacia nosotras.
- Papa, siéntate. Tengo que hablar con vosotros –es inútil alargarlo.
- ¡Ostia, está embarazada! –suelta el enano desde la puerta-. Cuando lo cuente en clase…
- ¡Pero qué dices! –le cortó, encima quiere pregonarlo.

Ya lo sé. He escogido un mal momento y más con Ángel de por medio metiendo las narices. Aunque después de esto, espero que le den menos importancia a los dos suspensos. Al fin y al cabo, no tienen a una hija adolescente embarazada.

- ¿Eso es verdad? –se aventura a preguntar mi madre. Hacemos progresos, por lo menos ha recuperado el habla. Aunque mi padre sigue blanco.
- No. No estoy embarazada. Es más, soy virgen, ¿contentos? –sólo falta que la conversación se desvíe a una charla sobre sexualidad con mis padres-. Papa, siéntate. Todo está bien –no sé si podrá moverse de la impresión. ¿Tan malo es que esté embarazada?
- Sí, claro –atina a sentarse.
- Respirad hondo. No estoy embarazada. Sólo quería deciros que ya sé las notas y me han caído dos. Matemáticas y geografía.

Silencio. A veces los silencios son buenos, o no. ¿¡Qué significa!? ¿Es un silencio bueno o malo? ¿O aún piensan en el embarazado? No, si al final tendré que hacerme unos análisis o ir al ginecólogo. ¿Se puede odiar más a un hermano pequeño tocapelotas?

- Escuchad. Pienso esforzarme por aprobarlas. Estudiaré y, en septiembre, podré matricularme en la universidad después de aprobar el selectivo. Sólo son dos. Y el viaje de fin de curso no interferirá, ¿verdad? –no hay manera, ¡les gusta el silencio!-. ¿Seguís dejándome ir?
- ¿Sólo dos? –se burla el enano-. De una idiota como tú, no se puede esperar más –se ríe con disimulo. Paso de él.
- ¿Por qué metes el viaje? –bien, mi padre ya ha salido del shock-. Has suspendido dos y ¿sólo se te ocurre pensar en el viaje? –lo prefería calladito. ¿Le recuerdo que podría estar embarazada?
- Ana, ¿sabes qué significa eso? Sólo tendrás una oportunidad en el selectivo, eso sí consigues aprobar las dos asignaturas –contraataca mi madre-. Si no, desperdiciarás un año.
- Eloy pasó a la primera.
- Eloy no suspendió ninguna.
- Mama, lo siento. Pero ¿no podríais tenerme un poco más de confianza? Estudiaré y aprobaré tanto las asignaturas como el selectivo. Tengo tres meses por delante.
- No se trata de confianza, Anabel –me corrige mi padre-. Se trata de responsabilidad.
- ¿Y creéis que no soy responsable? –lo que me faltaba por oír-. He estado estudiando todo el curso…
- Pues no se nota –me corta Ángel.
- ¡Cállate, enano! No estoy hablando contigo –todo tiene su límite y el mío ya lo ha sobrepasado.
- No le grites a tu hermano –me advierte mi padre, serio.
- ¿Tres contra una? ¿De eso va la cosa? –la situación se me sale de las manos-. Pensad lo que os dé la gana pero he hecho lo que he podido. Me han quedado dos y no me olvido porque soy yo quien tiene que aprobarlas. ¿¡Acaso queríais que me pasase todo el día encerrada en el cuarto, estudiando!? ¡Yo también tengo una vida que vivir! ¡No todo es el instituto y me he esforzado! ¡Joder!
- ¡Anabel! –grita mi padre-. Ni se te ocurra volver a levantarnos la voz y mucho menos hablarnos de esa forma. No repliques –me amenaza.

Nadie quiere escucharme. Nadie quiere comprenderme. Es una pérdida de tiempo hablar con alguien que no quiere oír.

- ¿Sabéis que os digo? –salto de la silla-. ¡Que la mierda con todo! –salgo de la cocina.

Quiero salir de aquí. Necesito salir de aquí. Y antes de darme cuenta, cierro de un portazo la puerta reteniendo inútilmente las lágrimas.