26/11/09

Buenas noticias ♪♪

Eh, no. Aún no he revisado el capi 5 para subirlo ¬¬ ... Si no lo subo este fin de, a principios de la semana que viene lo haré.

A lo que yo iba (y lo que me mantiene ahora ocupa) son los diseños de los personajes ♥. He encontrado a la ilustradora perfecta para los personajes de Noches y ha accedido a aceptar mi encargo. Así que diseñará a los personajes, hará la portada y algunas escenas de la historia.

Está liada con sus cosas pero poco a poco irá dibujándolo. Por el momento, estoy pasándole descripciones y referencias de los personajes. Pero es seguro que colgaré en el blog imágenes a color de todo lo que se vaya haciendo ^^ (para eso se hace). Estoy impaciente por ver los resultados aunque aún es pronto XD

Paralelamente a esto, estoy organizando nuevas secciones para el blog así como un cambio de look personalizado. Paciencia porque no es para mañana. Quizás los resultados se empiecen a ver a principios de año (a la vuelta de la esquina).

Por lo pronto anuncio que, a partir de ahora, tenemos dominio propio.


Y aprovecho este post para decir que, a pesar de no haber contestado a los comentarios, los he leído todos. Y os agradezco mucho el apoyo que ofrecéis. Me entusiasma que os esté gustando la historia y me da nuevas energías para cogerlo todo con más ganas :)

18/11/09

Capítulo 4: ¿Falsas quimeras?

Capítulo 4: ¿Falsas quimeras?

- Mmm… Qué bien –remoloneo en la cama.

Seguro que debe de estar a punto de sonar el despertador. Lo que daría por quedarme toda la mañana. Qué modorra.

Estiro el brazo para apagar el despertador antes de que Ángel invada mi habitación con sus malas vibraciones y su mala hostia matinal. Total, ¿qué más da llegar tarde a clase a estas alturas? Para lo que queda de curso. No quiero levantarme…

- Uy –alargo más el brazo encontrándome con más sabanas y colchón.

¿Desde cuándo tengo los brazos tan cortos? No, mejor dicho, ¿desde cuándo tengo una cama tan grande?

Abro los ojos.

- ¿Estás cómoda? –me sonríe Christian sentado en el alféizar del ventanal, que hay enfrente de mí.

Me incorporo de forma automática en la cama, quitándome los pelos revueltos por encima de la cara.

¡Ay la madre que me parió! ¡Qué golpe en la cabeza me tengo que haber dado! ¿Qué hace ÉL aquí? No, espera. ¿Qué hago YO aquí? ¡No! ¿Qué hacemos NOSOTROS AQUÍ?

Joder… Esto es peor que una noche de borrachera en la que te despiertas, al día siguiente, desnuda y sin recordar nada junto a un tipo, también desnudo, al que no has visto en tu vida. (No lo has visto hasta en ese momento, claro está.)

¡Mierda!

Los recuerdos de la noche pasada se me amontonan, uno tras otro, en mi memoria. Vale, calma. Piensa, si puedes.

¿Alguien tendría de la amabilidad de darle al botón de rebobinar y al play justo en el momento de la peli que me he perdido?

Lo último que recuerdo es aquel callejón oscuro. Y aquella luna roja extraña… Y ahora, estoy… No lo sé.

Despierto en una habitación que es dos veces, no, cuatro veces más grande que mi cuarto. De paredes lisas teñidas de color claro que hacen juego con las cortinas que enmarcan los amplios ventanales de mi izquierda. De un rojo, no sé qué tonalidad. De rojo rubí, digamos. ¿¡Qué importa ahora el color!? Una alfombra con un estampado geométrico que cubre la mayor parte del suelo de madera, que soporta un escritorio de madera caoba y varias mesitas, así como varios asientos tapizados del mismo tono, que decora la habitación con motivos dorados. Lámparas ostentosas en lo alto del techo. Y cuadros de tipos importantes que ya deben estar muertos por el estilo de ropa que visten. Sin olvidar el considerable tocador, que hay a mi derecha, acorde con los ornamentos que adornan ¡la enorme cama en la que, sin saber cómo, he parado!

¡Por fuerza, ha tenido que pasar algo entre medias! Pero ¿el qué?

Me giro para volver a mirar a quien tiene esa respuesta. El silencioso moreno de ojos verdes que sigue sentado en el alfeizar del ventanal, con la mirada perdida en el exterior y la pierna derecha flexionada encima del alfeizar mientras que la izquierda descansa en el suelo. Dando una imagen de tipo duro, solitario y enigmático.

Esto es lo más cerca de él que he estado y estaré nunca. Nunca antes había podido observarle con tanta claridad como lo hago ahora. Su pelo negro que cae hasta sus orejas de forma escalonada que, seguro, medio oculta los dos piercings de la parte alta de su oreja derecha, que tantas veces he visto en clase. Una camisa negra sin mangas que se ajusta a la forma de su torso atlético, dejando al descubierto un tatuaje de estilo tribal, que ni sabía, tenía en su brazo izquierdo. Y unos vaqueros que recorren la extensión de sus largas piernas. Aunque no sé por qué está descalzo.

¡Dios, pero qué bueno está!

Definitivamente es alguien por quien suspirar. De quien enamorarse a primera vista. Por quien llorar por desamor. De quien quedarse prendada con una mirada suya. Por quien luchar. A quien… ¿amar?

Me vuelve a doler el corazón. Me vuelvo a sentir vacía. Me invade una extraña nostalgia que me dan ganas de llorar.

Christian, ¿por qué hay una distancia tan insoldable entre nosotros? Sé que nunca puedes conocer a las personas por completo pero es porque eres… ¿diferente?

Recordando los últimos momentos de los que tengo memoria, me llevo la mano al cuello en la zona en la que me mordió. Morder, colmillos, sangre. ¿Desde cuándo existen los vampiros? Vampiros… sueña extraño cuando se asocia con la identidad de una persona. ¿Christian es un vamp…? Imposible.

Primero la extraña escena en el callejón y ahora esta habitación estilo medieval. ¿Qué demonios está pasando? ¿El mundo ha decido dejar de regirse por las normas de espacio-tiempo y realidad-fantasía?

No. En absoluto. Debe de haber alguna explicación lógica, pero que muy lógica, para todo esto.

Como, por ejemplo, que es un actor porno y este es el escenario de su próxima peli: “El empalme real de su Señoría”. ¿Eso es aún más lógico?

Ni siquiera percibo en el tacto la marca de esa mordida en mi cuello. ¿En realidad sucedió?

Todo está muy confuso.

- ¿Ya estás más despierta? –se gira para plantar en el suelo su pierna derecha, apoyando la espalda en el vacío.

Su mirada lentamente recorre todo mi cuerpo, encendiéndome. Estática, me quedo tal como estoy. Observándole de la misma forma. Embriagándome poco a poco. Aprovechando la situación. Sin importarme la realidad o mi estúpido orgullo. Sintiendo cómo late mi corazón sólo por él.

El recorrido de su mirada se detiene. Se estanca en la zona que mi mano tapa mi cuello, donde debería haber una marca si realmente me hubiese mordido. Oh. Había olvidado dónde había dejado puesta la mano. La retiro al instante, como si esa posibilidad escociese.

Mi gesto es suficiente reacción para él. Esboza una media sonrisa retorcida que jamás había visto, pero que es sumamente sexy.

¿Por qué cuanto más tiempo paso con él, me quedo más enganchada?

Sus ojos emprenden la marcha, acariciando el camino que conecta mi cuello con mi rostro pasando por mis labios, mis mejillas, mi nariz hasta llegar a mis ojos que se resisten a evadir los suyos. Su mirada verde esmeralda atrapa la mía. El pulso de mi sangre se acelera, mi corazón se dispara y mis nervios se afloran.

¿Qué me está haciendo? ¿Es cierto que es una criatura oscura y ejerce su poder en mí? ¿Por eso cada vez que le veo, me provoca? ¿Por eso la calma se murió en mí? ¿Por eso se suicida mi dicha cuando sufro su ausencia?

- Sé que no nos conocemos. Pero formalmente, me presento. Me llamo Christian. ¿Y tú eres?



¿Está de coña?

Nos seguimos mirando. Yo le observo. Él me observa, espera una respuesta.

Su pregunta me devuelve como un balde de agua fría a la realidad.

Llevamos un curso en la misma clase y ¿me sale con esto? En serio, ¿me he dado algún golpe en la cabeza y lo he soñado todo? ¿O es él quién se ha dado un golpe en la cabeza? ¿De qué va este tío? En cuanto que ha abierto la boca, la ha fastidiado. Sólo suelta estupideces. ¿Y yo me he enamorado de éste? Mejor dicho ¿y éste ha ejercido algún poder en mí? Creo que prefiero las distancias. Al menos cuando me ignora, no suelta tanta chorrada junta.

- ¿Y a ti qué te importa? –le espeto en plan borde con mi orgullo herido. ¡Dios qué frustrante! Le detesto.

Por toda respuesta, alza sorprendido una ceja. Si espera amabilidad, la lleva clara. Aún así, no dura mucho esa expresión ya que, en cuestión de segundos, llegan a mis oídos su leve risa.

- Bueno, ya que no te gustan las presentaciones, pasaremos de ellas. Sólo trataba de ser educado contigo, Anabel –ríe ufano de sí mismo.

¿Educado? ¡Y una mier…! Respira. Sabe sacar lo peor de ti.

Me está tomando el pelo. ¿Por qué tipo de pringada me toma? ¿Ahora se le ha encendido la bombillita de su cabeza y se acuerda de mi nombre? ¿Y por qué leches me alivia que sepa mi nombre? Indiferente, tienes que ser indiferente. No puede notarlo.

- ¿Presentaciones? ¿Para qué? No me interesa en lo más mínimo conocerte –le respondo toda apática.

¡Donde las dan, las toman!

- Lo siento pequeña. En eso estás equivocada –me corrige fríamente.
- ¿A qué te refieres? - ¿Tan mala soy mintiendo?
- ¿No te acuerdas? ¿No lo notas? Todo ha cambiado. Y no puedes hacer nada por que cambie el curso de los hechos. Es demasiado tarde.
- Demasiado tarde, ¿para qué?
- Para todo lo que conoces –sentencia.

¿Qué película se está montando? Primero, anoche sucedió algo extraño que no sé cómo asimilarlo. Segundo, despierto en una habitación que dista mucho de la realidad en la que vivo. Tercero, me dice que todo es demasiado tarde para ¿lo que conozco? Y por último, él está envuelto en todo ese sin sentido. No entiendo absolutamente nada.

Vuelvo a llevarme la mano al cuello.

Es inútil. Sigo sin notar nada. Ni siquiera el rastro de una marca. Nada. Pero sucedió, era tan real. Supongo. No lo sé. Diría que sucedió pero estoy tan confundida. ¿Todo fue un sueño? ¿O acaso una parte de anoche lo fue?

De nuevo, su mirada felina e intensa me persigue. Lo miro confusa. ¿Quizás esté soñando ahora? Cuando sueñas, también vives el sueño como una realidad. ¿Eso es lo que ocurre?

Quizás mi respuesta sea tan obvia que, por eso, se me hace irracional aceptarla.

Dos personas totalmente desconocidas, dos mundos completamente opuestos, una realidad de doble filo y una fantasía desbordante, todo ello, dentro de un sueño.

Una posibilidad lógica. Sin embargo, sólo es una posibilidad.

Me rindo. ¿De qué me sirve atascarme en este tema? Mis dudas no resolverán mis preguntas. Si no hay respuestas, mejor no buscarlas. Y si las hay, las hallaré más tarde o más temprano.

Si estoy en un sueño, es fácil actuar. Sólo he de dejarme llevar allá a donde mi subconsciente quiera llevarme. Si no lo es, lo mejor sería saber. Pero entonces, ¿debo desistir? ¿Quiero hacerlo?

- Estoy hecha un lío. No sirve de nada pensar –me hago un ovillo, ocultando mi cabeza entre mis rodillas. Si al menos, mi mente no bullera tanto.
- Entonces no te resistas. Todo será mucho más fácil –Christian capta mi atención, levanto la cabeza. Ha vuelto a su posición inicial. Con la cabeza mirando al exterior, recostado en el lateral del ventanal y con la pierna derecha flexionada encima del alfeizar.
- ¿Qué será más fácil? ¿Y para quién?
- Te gusta preguntar demasiado.
- Y a ti ser ambiguo.
- Es cierto –sonríe.
- ¿Y bien?
- “¿Y bien?”, ¿qué? –me mira cansino, bufo exasperada.

Inútil. Absurdamente inútil. No dirá nada que no quiera decir. Y más bien es poco.

- No te desesperes. Todo irá bien –milagrosamente me consuela.
- No, claro –afirmo sarcásticamente-. Has sido tan amable de explicarme todo tan detalladamente que no me quedan más dudas así que todo irá a las mil maravillas –le confieso resentida.
- Me alegra oírlo –sonríe-. Es bueno que lo tengas todo tan claro –ríe sin poder remediarlo.
- ¿Alguna vez te han dicho que eres insoportable? –le pregunto iracunda.
- Me han dicho que soy irresistible, irreprochable, insinuante pero insoportable, nunca–bufo sonoramente-.Venga, no te enfades. Sólo bromeaba.
- Ya…–derrotada, escondo de vuelta la cabeza entre mis rodillas.

¿Por qué me desarma el sonido de su risa? ¿Por qué me tranquiliza la facilidad de su habla? ¿Por qué me entibiece la chispa de su mirada? ¿Por qué mi corazón no dejará de latir tan frenéticamente? ¿Por qué me siento tan desamparada a pesar de tenerle cerca? Es mi cuerpo, ¿por qué no puedo detener el efecto que produce en mí?

- Pequeña, todo irá bien. No estás sola –noto la ternura en la cercanía de su voz.

A saber si es cierto.

Alzo la cabeza, desvalida, y, sentado en el borde de la cama, acaricia mi cabeza, enredando sus dedos en mi pelo.

Qué gesto tan increíblemente dulce. Derrite mi corazón. Me derrite a mí. ¿Este es el mismo chico al que, durante todo un curso, he observado en la distancia? ¿El mismo que me ha hecho llorar amargamente por su indiferencia? ¿Este chico tan cálido es el mismo?

- A partir de ahora, sólo me perteneces a mí. No te abandonaré.

¿Eh?

- A cambio, me debes lealtad únicamente a mí –su voz es melindrosa pero firme.

¿Cómo?

- No tolero la traición –me mira desafiante.

Creo que me he perdido algo.

- Escúchame bien. En este instante, olvidarás todo acerca de tu vida anterior. Por el momento te prohíbo salir de aquí – determina contundentemente.

¿Vida anterior? ¿Prohibir salir? ¿En qué lío me he metido?

Tranquilamente, desenreda sus dedos de mi pelo y se separa de mí para volverse a sentar en el alféizar del ventanal.

¿Alguien me puede decir qué está pasando? Ciertamente sigo sin entender nada mientras que, por lo visto, los hechos siguen su curso. ¡Ufff! Nada me gusta más que no enterarme de lo que me atañe. Sólo porque cierta persona es demasiado perezosa como para entrar en detalles. ¡Ah! Y otro de sus hobbies es pasar olímpicamente de mí. ¿Qué está mirando ahí fuera otra vez?

¡Camarero, una de caso!

Le taladro con la mirada, enfurruñada.

- Recuerda que te lo advertí. Asume las consecuencias, ya es demasiado tarde –cansinamente se vuelve para dirigirse a mí. ¡Qué pachorra tiene este tío! ¿Qué te apuestas que lo hace adrede?

Espera un momento. ¡Rebobina! Si (supuestamente) le “pertenezco” y no me abandonará, ¿eso quiere decir que puedo permanecer a su lado?

Un curso, ¡un jodido curso!, he ido de cabeza porque no sabía cómo acercarme a él. Enamorada en silencio de él, pasándolas canutas porque estrangulaba mis sentimientos. Estaba tan perdida y confusa por el torbellino de nuevas emociones y sensaciones que me hizo experimentar, sin ni siquiera hacer falta una mísera palabra. Pensando que acabaría con un corazón roto, después del desplante que le ha hecho a muchas chicas que iban detrás de él. Y, ahora, con sólo hablar dos minutos ¿me acepta a mí?

¡Demonios! ¿Qué es lo que ignoro? ¿Qué hechos intermedios unen la noche del callejón y esta habitación?

Este amor tan delirante e intenso, tan enfermizo y no correspondido ¿ha llegado a su fin? O, mejor dicho, ¿este es el principio?

Me aferro a esa posibilidad. Me aferro a este instante. Ya puede venirse abajo el mundo entero que a mí no me importa nada más.

Salgo de entre las sábanas para ir junto a él. Si Christian provoca a la casualidad para que nuestros caminos choquen, yo no tengo por qué refrenarme. Si se trata de unir nuestros caminos, estrecharé el lazo que los une hasta el punto de asfixiar el nudo que nos une y nos separa.

Paso a paso, acorto las distancias. Paso a paso, sin moverse del alféizar, sigue mis movimientos. Sin cruzar miradas y con un ambiente cargado de ansiedad, estrecho nuestro lazo, espera mi próximo movimiento. Y todo llega a su fin.

Ahorcajadas, me siento en su regazo. No me lo impide, sólo me mira, impaciente. No lo sabe pero yo ya he decidido caer al abismo al que me arrastra.

- Permaneceré a tu lado hasta que el tiempo consuma mi existencia –me condeno antes de saber a dónde me llevará mi pacto.
- No espero menos –sonríe maliciosamente.

Y, ambos lo sabemos, se desvanece una realidad para dar paso a otra distinta. Pero ¿qué más da? Sólo contamos nosotros. Nuestro deseo, nuestros cuerpos, nuestra hambre. Hambre de afecto, hambre de necesidad, hambre de comprensión por que, al fin y al cabo, somos dos criaturas solitarias que se han encontrado.

Un beso con sabor metálico y dulzón invade mi boca. Un beso en el que tratamos de devorarnos mutuamente y calmar nuestra hambre. Un beso que inflama nuestros cuerpos. Un beso que nos distancia de un mundo ajeno a nosotros. Un beso que nos priva del oxígeno. Un beso que se corta cuando se extingue el último aliento.

En mis labios aún queda un rastro húmedo de ese beso con sabor metálico y dulzón. Un roce furtivo rodea mi cintura, abrazándome. Lentamente, controlando el ritmo de mi respiración, despierto, sintiendo su contacto. No obstante, mi campo de visión sólo capta el tinte carmesí que cubre sus labios. Limpio los míos con los dedos y el mismo color carmesí se tiñe en ellos. Pero yo no tengo ninguna herida.

Me impulso hacia delante tocando su boca. Y al rozar, las yemas de mis dedos, sus labios, abre la boca. Ese tinte carmesí nace de su lengua.

Alcanzo a mirarle a los ojos, unos ojos ahora desconocidos color rubí. Y me doy cuenta, el Diablo ha despertado. Sonríe dominante, apresando mi cintura de forma más impetuosa. Y dudo. No sé si echo más en falta su mirada color esmeralda o su aire inalcanzable. Pero si son factores que me impiden quedarme entre sus brazos, prefiero sacrificarlos.

Alargo mis dedos para acariciar la herida de su lengua.

- Así no –me sujeta la muñeca, deteniéndome, clavando sus ojos en los míos-, así.

De forma brusca, mete su lengua en mi boca, violándola. Me vuelve a inundar el mismo sabor metálico y dulzón, al tiempo que nuestras lenguas se enzarzan en una lucha por la supremacía. Y nace una nueva hambre, hambre de deseo.

Nuestro aliento desesperado, nuestros brazos posesivos, nuestra hambre insaciable. El frenesí domina nuestros cuerpos. La atmosfera de nuestro alrededor, estalla en llamas. La temperatura sube estrepitosamente.

Y todo se detiene cuando el beso se corta. Decepción.

Y todas las sensaciones se suavizan. Calma.

Y todos los sentidos se centran el tacto de su lengua en mi cuello. Nulidad.

Y todo mi cuerpo se relaja sintiéndole subir hacia el lóbulo de mi oreja. Bienestar.

- Mi sangre, –me susurra acariciando con su nariz mi cuello- por la tuya –como una cuchilla de acero, sus colmillos se entierran en mi cuello.
- ¡Ah!

El dolor, la pérdida de sangre, el excitante morbo y el deseo permanente nublan mi juicio y me dejo llevar sin saber a qué me conducen, sin detenerle. Dejando que la bestia que hay en su interior se apodere de todo cuanto poseo en este momento, alimentándola para que no desaparezca.

Acaricio su espalda, acaricio su nuca. Le abrazo cuidadosamente. Como quisiera tener la suficiente fuerza para proteger y dar todo cuanto necesita esta solitaria y hambrienta bestia.

No creo en finales felices pero tampoco creo que este lo sea. Al fin y al cabo, la bestia no ha apresado a una princesa débil y cándida.

No obstante, a fuera el mundo continúa girando. Tras las cortinas, noche absoluta y una luna menguante de color rojo en su máximo esplendor.

La próxima vez que despierte, ¿volveré a encontrarme con esta criatura salvaje? O ¿la realidad me devolverá al mismo chico frío e indiferente?

Si esto es un sueño y he de elegir, prefiero continuar soñando con ella, sin importar las veces en las que tenga que morir en sus brazos.

“Dulces sueños, pequeña.”, habían sido sus últimas palabras en aquel callejón. Si alguna vez existió esa noche. Si alguna vez, existirá esta noche…

10/11/09

Irrevocabilidad

No oses mirar a los ojos de un vampiro.
De lo contrario, olvidarás quién eres.

No oses ofrecer tu sangre a un vampiro,
pues en dos escasos suspiros tu corazón se marchitará.

Y, por sobre todas las cosas, no oses amar a un vampiro.
Pues en apenas un día, tu alma envenenada te devorará.

Anabel S.

08/11/09

Debilidad

¿Cuándo madura una persona? ¿Hay un tiempo establecido para ello?

Aún no sé si he madurado por completo.
Pero, en este instante, me doy cuenta a lo que me han llevado todas mis acciones egoístas. Cuando creí seguir mi camino, me alejaba más de todo lo que me importaba.

En el momento en que lo perdí todo, me quedé vacía.
Y me di cuenta de la estupidez que había cometido.

Si tan solo hubiese sido una mejor persona, no habría hecho sufrir a tantas personas.
Personas que aún ahora me importan demasiado.
Anabel S.

Ataduras

Las cadenas de este amor abrumador son mis sentimientos,
mi condena las circunstancias
y mi supresor lo es él.

Aún así, Christian no ha robado mi libertad,
mi corazón me ha esclavizado a él.



Anabel S.