31/12/09

Capítulo 7: No hay vuelta atrás

Capítulo 7: No hay vuelta atrás

Matar…

Suena tan natural en sus labios. Estas criaturas son monstruos. Sin moral. Ni respeto por la vida. Quizás la eternidad les haya hecho perder el valor de esa preciada posesión. Quizás la eternidad les haya insensibilizado hasta el punto que ya ni ven la belleza en las cosas efímeras. Pese a ser inmortales.

Quiere que demuela, con mis propias manos, mi cuarta opción. Mi posible final feliz. Mi cuento se va al traste.

Me acorrala. Y yo aún no sé a quién traicionar. A quién ser leal.

- Esta mañana me has asegurado que todas aquellas chicas que se atrevieron a ir contra sus amantes, fueron asesinadas a sus manos. Que un ser humano no es rival para un vampiro. ¿Acaso mentías? ¿Acaso Gerard no es de los vuestros? ¿O buscas deshacerte de mí?
- Chica lista y descarada –se mofa-. Tienes razón. Un humano nunca estará a la altura de un vampiro. No obstante, existen formas, ímprobas para nosotros pero no para vuestra especie, de exterminar a uno.

Y como alma que lleva al Diablo, nunca mejor dicho, corre todas las cortinas. Clamando a la penumbra con sólo una lamparita encendida. Plantado en la mesa central, manifiesta que me una.

Obedezco.

Envueltos de secretismo. Exhibe un paño que destapa y cobija una daga.

- La Rosa Escarlata no tiene rival –glorifica.

Una daga toda elaborada de plata. No mide más de 20 cm. En la extensión de la hoja bonitos grabados decorativos. Y, en el mango, el entallado de un capullo de rosa. Una reliquia deslumbrante. Sin embargo, …

- ¿Qué tiene de especial esta daga que aniquila a vampiros?
- ¿No te inspira confianza? No dejes que las apariencias te engañen.
- En realidad, en quien no confío es en ti.

Rezo esperando que no se lo tome a mal y la tome conmigo. Es capaz de destriparme y más ahora que está armado.

- …

¡Mierda, me tenía que haber mordido la lengua!

- Quiero decir…

¡Eso apáñalo antes de que encuentren tu cadáver!

- Ja, ja, ja –se descojona-. Y haces bien en no confiar.

¡Me va a volver loca! ¿Qué es? ¿Jason rehabilitado? ¿O el lobo disfrazado de abuelita con personalidad múltiple?

- Con respecto a la daga, lo que la hace especial es su origen y aquella persona para la que estaba predestinada.
- ¿Y dónde está esa persona? ¿Algún derramamiento de sangre de por medio? –enarco una ceja.
- No. Lamentablemente, esa persona resultó no ser digna de ella. Ha vagado durante décadas sin dueño. Aunque ha vuelto para reparar su error. Pero para recuperarla deberá demostrar que la merece. De momento, te toca custodiarla a ti.
- ¿Qué?

Sólo me faltaba hacer más enemigos.

- Lo que has escuchado. Provisionalmente, es tuya.
- ¡Y una mierda! ¿Y si vuelve esa persona y me ve a mí con SU daga? Yo paso de meterme en más problemas. Que te saque las castañas del fuego otro.
- Te la quedas – manda secamente-. Además la necesitas.
- Y luego la que paga el pato soy yo. Puedo prescindir de ella.
- No puedes. ¿De qué tienes miedo?
- Es evidente, ¿no? Mi cupo conociendo vampiros está más que cubierto. Y bastantes problemas ya me estáis dando.

Tengo que librarme de esto sea como sea, el muerto no me lo endosa aunque esté tratando con Jason.

- Quieres que me quede con la daga para que, cuando venga su propietario –estilo Freddy-, me corte el cuello por habérsela robado –cosa que has hecho tú- y recuperarla. Y punto aclarativo, NO MATARÉ A NADIE –recalco.

¿Qué es esto? ¿Una nueva generación de asesinos adolescentes en serie y en potencia? Yo no me presenté a ese casting.

- Veamos, cabeza de chorlito –inspira hondo-. El propietario de esa daga no es un vampiro. Este tipo de armas no nos pertenecen, la fabricaron para exterminarnos. Nosotros, fabricamos armas para incrementar nuestra fuerza y poder. No al revés –aclara exasperado-. Y si hay alguna –aprieta la daga-, nos encargamos de adquirirla para destruirla.
- ¿Y por qué no la destruyes? –me entrometo.
- En cuanto a tu punto aclarativo –me ignora-, me lo paso por los huevos –¡serás vulgar!-. Me estás hartando, cielo – exterioriza estresado-. Eres como hablarle a una piedra.
- Pues ya sabes lo que hay. Vete por dónde has venido. Y déjame en paz –sacudo mi mano.

Si mis penurias van a caducar cuando me degüelle, adelante Jason. Me sirvo en bandeja. No estoy dispuesta a pasar por esto. ¿Qué soy? ¿El nuevo juguete de estos chupasangres?

Aporrea furiosamente el puño en la mesa, reduciéndola a astillas.

Pensándolo mejor, quiero ver salir el Sol mañana. ¡Christian, por el amor de Dios, dónde te has metido!

- Aléjate –rechinan sus dientes.

Oh, oh. Problemas de los gordos. En microsegundos, me teletransporto a la otra punta de la habitación.



En un rinconcito, los segundos se vuelven minutos y los minutos, horas. Y el vampiro sádico, apodado Jason, intenta que le llegue el oxígeno al cerebro. Por suerte, sólo ha habido una pérdida, la mesa. Que en paz descanse.

- ¿Quieres vivir? –su nueva entereza, me pone los pelos de punta.

¡Peligro! ¡Aún no se ha calmado! No, si aún habrán más bajas…

- Acércate –y pensar que llegaría a los 80.

Con parsimonia, acato su petición.

- Solo tómala –me extiende la daga cuando he llegado hasta él.

Sin rechistar, acepto la daga. Sin saber qué hacer con ella.

- Atesórala. Y no te fíes de nadie. Si te ves en peligro, úsala para protegerte, sea de Gerard o sea de Christian. Tus decisiones decidirán tu suerte.

Me da la espalda. Se encamina dirección a los ventanales. Y antes de franquear uno de ellos...

- Apuñala en el corazón y habrás vencido. Erra y estarás muerta. Cuestión de supervivencia.

… un último consejo.

Y yo ya no sé si es el lobo disfrazado de abuelita. O la abuelita disfrazada de lobo.

- Yo no puedo hacer más –se despide.

Desconcertante. Este tipo.

Casi a oscuras, con una daga en las manos y astillas debajo de los pies, encerrada en una habitación, una muchacha presagia los entresijos que una bestia ha evitado que le sean trascendentes. Si bien, tarde o temprano la capturarán. Un ángel negro venido de la nada, le ha abierto los ojos y le ha entregado un arma. La suerte de esa muchacha está en sus decisiones. Pero ¿cómo confiar en ellas, cuando son ellas mismas quienes la han llevado a su actual situación? ¿Llegará a escribirse el final de su cuento? ¿Y qué hay del príncipe de brillante armadura? ¿Acaso se ha desentendido de ella por no ser una princesa de sangre real? Príncipe egocéntrico y avaro. Muchacha plebeya y desorientada. ¿Qué clase de cuento pretendo escribir?

Una pérdida de tiempo especular en un posible final. Cuando he de prolongar mi continuación y aventurar mi presente. Porque ya han rivalizado mi pasado y mi realidad contra los hados y este otro mundo. Venciendo estos últimos.

Miserable, ver tan ilusoria esta realidad. Escabroso, no valorarlo y jugarme la existencia. Deplorable, destronarme en mi propio cuento. Triste, haber perdido a mi familia. Inútiles, mis lágrimas no rellenan mi vacío.

Todo y nada. Viva y muerta. Seguir o abandonar. Conquistar una nueva felicidad o ahogarme en mi desdicha. ¿A quién he de pedir una respuesta? ¿A mi mente o a mi corazón, estando mi alma ya quebrada?

¿Por quién he de dejarme aconsejar?

Diversos trayectos, distinta mi suerte. Un futuro al fin y al cabo.


Enciendo la lámpara principal, iluminando toda la estancia.

- Buena la que ha armado en un momento –evalúo el destrozo-. Habrá que arreglar el estropicio.

Sin escoba con la que auxiliarme, con el pie, amontono las astillas. Me acuclillo, soltando en una silla la daga, para acopiarlas en las manos. Escondiéndolas en los cajones desocupados del tocador. La lámpara, inservible por el porrazo, va derecha a los pies de la cama.

¿Primitivo?, sí. ¿Sucio?, también. ¿Solución?, la única discreta.

Rellenando el hueco, suplanto una nueva mesa de menor tamaño que la anterior. Colocando alrededor suyo un par de sillas, el resto las oriento a espaldas de la pared como elemento decorativo.

Equitativamente, arreglo las sábanas de la cama y debajo de la almohada, deposito la daga.

Descanso en un sofá, esperando la llegada completa de la noche. Como si la ausencia de Christian, hubiese acarreado la escasez de actividad. Todo para disimular una explicación, un secreto y quizás una deslealtad.

Recostada, un bostezo redime. Cierro los párpados. El sueño me engulle…

… ¡TCHAN!

Abruptamente, sobresaltada y adormecida, guio mis sentidos al ruido que me ha arrancado de los brazos de Morfeo.

- La cena –el chico frío e indiferente ha reaparecido.

Con la bandeja de comida en la mesa, se va por donde ha venido, por la puerta.

Vigilo su partida, ahondando en nuestro distanciamiento. Sin curar las heridas que le he producido. Pérfidamente, deseando lastimarle y presionarle todavía más. Como pago de sus pecados. Como retribución a mi orfandad.

Y la puerta se afianza. La llave amansa a la cerradura.

Christian, a partir de ahora, ¿vas a tratarme como a una criminal?

Si no fuera por el hambre, mi orgullo tiraría esa bandeja con comida por la ventana. Para hacerte entender lo poco que te necesito, todo lo que rehúso de ti.

Con la cuchara en la boca a punto de sorber la sopa, me contento con haberme ahorrado la explicación del ángel negro, Jason, y el secreto de mi as en la manga, la daga. No has reparado en el pequeño cambio de mobiliario, y si lo has hecho, no lo has expresado.

Un error por tu parte.

En un solo día he obtenido más que esas chicas amantes maltratadas. Una vía de escape. Un arma que iguala a tu fuerza. Con todo, no soy estúpida. Sé que, en este mundo, el tuyo, lo eres todo para mí. Quedarme de nuevo huérfana no es un riesgo que vaya a asumir.

Todo depende de Gerard. En sus manos revoca mi decisión.

Ceno a mi aire, sosegada. Al menos, la comida no está mal. Lo único agradable de por aquí.

Recojo los platos y los cubiertos en la bandeja, tal como estaban dispuestos. Satisfecho mi apetito, sólo me cabe esperar la visita del francés.

No confiar en nadie, me lo ha aconsejado Jason pero me es difícil evitarlo con el castaño. ¿Y si me equivoco juzgándole?

En menudo lío te has metido, bonita.

- Ma chérie –saluda desde la puerta.

Sigiloso, lo es un rato largo. Ni enterarme de su llegada.

¿Ma chérie? No sé lo que significa pero suena bien. Es el único francés que utiliza conmigo desde el fracaso total de esta mañana con una mísera pregunta que ni he formulado bien. Si me oyese Toni, el profe de francés, me bajaría el notable con el que me calificó en 1º de ESO por un enorme y redondito cero.

- Buenas noches. ¿Entras?
- No. Vamos. Es un buen momento para enseñarte el patio interior –me ofrece su mano, la acepto-. Dudo que te hayan sacado desde que te dejé esta tarde –gira la llave.
- Qué va –resoplo-. Por lo menos, Christian ha tenido la amabilidad de acordarse de mí para la cena –me desahogo inconscientemente.

Centra su atención en mí.

¡Ups! Tenía que haberme mordido la lengua. Con él, me cuesta menos ser yo misma. Aunque sea una criatura que se alimenta de sangre sacada de una peli de ciencia ficción. Lo que no me han especificado es si el ajo o las cruces les afectan. No pondría la mano en el fuego por ello, si hasta salen a la luz del día. Supongo que todo chorradas del cine. Nada de eso me sirve. Sólo que se alimentan de sangre. ¡Ah! Y que un humano no es nada comparado a su lado. Pff, pues si que estoy bien informada.

- Anabel …
- ¿Y dices que vamos al patio interior? –aventajo, cambiando de tema.
- Sí –espira frustrado-. La vista de noche con el cielo estrellado es bonita. Ya lo verás.

Caminamos llegando a una escalera principal, muy diferente a la que hemos cruzado esta tarde. Toda iluminada con lámparas de candelabro, alfombrada con alguna que otra planta en los rincones y estatuas de mármol.

¡Qué pasada! Igualito que en las pelis de caballeros medievales.

La escalera de tres tramos también es de mármol con barandilla y pasamanos. Alucinante.

¡Igualita que en las pelis! No, espera esto es mucho mejor. Todo en directo. Pisándola con mis pies. ¡Ah, qué chulo!

Vale, céntrate. Eres peor que una fan histérica cuando tiene cerca a su estrella favorita. Bueno, lo mío es peor. En mi caso se trata de una escalera. Respira, cálmate. ¡Que no se te note! ¡Quiero una cámara de fotos para tener evidencias!

- Esto –me controlo-, esta no es la misma zona que la que hemos pasado esta tarde, ¿verdad? –es evidente que no. Burra, haber sacado el tema de otro modo.
- No, claro que no –conserva su sonrisa-. A diferencia de esta tarde, saldremos por la puerta principal. Nadie se enterará, todo están enfrascados en otro asunto. No hay peligro –guiña un ojo.
- ¿Todos?

¿Cómo que “todos”? ¿¡Más vampiros!? Mi cupo ya está sobreexcedido, no más vampiros, por favor.

Sin quitarme los ojos de encima con una expresión indescriptible, me conduce hasta la puerta principal, saliendo al patio interior. Todo envuelto en la negrura de la noche. Sin una luna, las estrellas son incapaces de iluminar nada.

- Con esta oscuridad, nadie advertiría nuestra presencia. Por eso te he traído. Es el lugar más seguro, después del lago.
- Antes, cuando has dicho “todos”. ¿Has querido decir todos en plan de muchos? ¿O en plan todos los pocos que estamos? –los nervios fusilan la poca coherencia de la que dispongo.

A este ritmo, termino siendo alérgica a los vampiros. Ya noto los síntomas: zumbidos en los oídos, mareo, escozor… ¡Qué mala me estoy poniendo! ¡Un médico, por favor! A ser posible, se excluyen los médicos vampiros. Aunque sea un hombre lobo peludo o un centauro bizco, ya no le hago ascos a nada.

- Todos de muchos –sentencia.

Si mañana es el fin del mundo que Nostradamus predijo y falló en datarlo, lo recibiría con los brazos abiertos.

- No te preocupes –ríe al reparar en mi mueca-. Nadie sabe de tu estancia aquí. Christian te mantiene bien a resguardo. Si esta mañana no nos hubiésemos cruzado, tampoco sabría de ti.

Entonces, ¿me está protegiendo? ¿Por eso me ha aislado y encerrado Christian?

Me está protegiendo y yo, idiota, sin concebirlo. Pese a lo que me ha repercutido estar aquí con él. Tampoco es que haya lastimado físicamente a mi familia. Sólo me ha separado de ellos, para traerme consigo, para no mezclarlos en todo esto. ¿Y cómo le he pagado yo? Después de todo lo que ha hecho por mí y sabiéndolo. No he callado. Le he herido a propósito, por resentimiento.

Mierda. Tengo que disculparme, tiene que escucharme. Joder. He metido la pata hasta el fondo.

No quiero ahogarme en mi desdicha. Quiero una nueva felicidad. Quiero estar con Christian. Quiero que él sea mi cuarta opción. Es la respuesta que he buscado desde esta tarde.

¡Dios! Y pensar que estaba dispuesta a traicionarle por Gerard. Soy de lo peor. Jason tenía razón esta mañana. No es la bestia quien es el monstruo en este cuento. Lo es la muchacha. Lo soy yo. Sin embargo, esto no es un cuento. Es mi nueva vida.

- De todos modos, esta noche se celebra una reunión –prosigue-. Todos están obligados a asistir a ella. Estás a salvo conmigo.
- ¿Una reunión? ¿Incluido Christian?
- Sí –afirma molesto.
- ¿Y tú no?

Qué cosa más rara. Es de los suyos, ¿no?

- No.
- Lo siento. ¿Es culpa mía?
- Tranquila, si me apeteciese, me habría presentado –gruñe incómodo.

Algo esconde. ¿Por qué a él no se le obliga a asistir? ¿O es que se le ha prohibido asistir?

No te fíes de nadie.

Jason, ¿no me podrías haber dado alguna pista? ¿Sabías algo de esto? ¿De qué sirve tanto secretismo?

No me atañe. Yo ya tengo mi respuesta. Lo que me urge es hablar con Christian y solucionarlo.

- Oye, Gerard.
- Dime –se recuesta en una pared del edificio.
- Te agradezco lo que haces por mí. Sé que acabamos de llegar pero estoy cansada. Ha sido un día muy largo –me excuso-. Y me gustaría meterme en la cama y descansar hasta mañana. Siento si…

Su dedo sella mis labios.

- Ei. No te inquietes –me consuela, acariciando una de mis mejillas-. No debe de ser fácil para ti. Te acompaño a tus aposentos. Y mañana nos volvemos a ver –sonríe-. Te hará bien descansar.
- Gracias.
- No hay de qué, mujer –su sonrisa se amplía mucho más.

Sin más palabras, retrocedemos en nuestros pasos. Y quizás no deba confiar en nadie ni nada pero me gustaría conservar la amistad con el francés, aunque permanezca al lado de Christian.

La sangre y la venganza no sanan el odio ni las viejas heridas. Solo las infectan en mayor grado. Desconozco la historia que les une pero ¿no es hora de que hagan las paces? ¿Precisamente tengo que elegir a uno de los dos? ¿No están cansados de tanto rencor poseyendo una eternidad por delante?

- Buenas noches –saca la lleva de su bolsillo.
- Espera –cruzo el umbral de la puerta-. ¿No quieres pasar?

Tengo que probar sus palabras. Saber si puedo confiar en la persona o criatura que tengo delante. Deducir si contaré con su amistad a sabiendas de mi decisión y su enemistad mutua.

- Será mejor que descanses. Mañana vendré a verte. Lo prometo –gesticula risueño.
- ¿Y si no pudiese esperar hasta mañana? –no sé cómo allanar el camino.
- ¿A qué te refieres? –detiene la puerta.

Giro cuarto adentro, fijándome que la bandeja está cómo la dejé en la mesa. Nadie ha notado mi ausencia. Nadie ha ingresado en la habitación. Ambos, estarán en esa reunión. Esta es mi oportunidad.

- ¿Cómo vas a salvarme? – interrogo a bocajarro.

Su semblante cambia.

- Quiero decir, si aún está en pie esa… oferta –no sé cómo llamarlo.
- Sigue en pie.
- Y… ¿tienes algún plan?
- Sí.
- Y…
- Anabel –me enmudece tajante-. ¿Qué precio pagarías por tu libertad?
- ¿Cuál es tu precio?

No me hagas esto, por favor. ¿No existe el perdón para vosotros?

- La cabeza de Christian.

Mi todo.

Sin familia ni amigos con un final que acaba en muerte o locura como amante. ¿También tengo que desprenderme de mi todo? ¿Por qué me defraudas?

- ¿Y si me niego? –gimo lastimeramente.
- …
- ¿No hay otro modo que no genere cicatrices?
- …
- Gerard, contéstame –mi tristeza se libera.

Da un portazo.

- No.

Se aproxima, mantengo distancias. Me he metido en la boca del lobo voluntariamente. Seré estúpida.

- ¿Sabes lo peor de todo?

Niego con la cabeza, retrocediendo.

- Que habría funcionado un "nosotros". Ma chérie, así no me dejas alternativa –se consterna-. Hacía mucho tiempo que buscaba a alguien como tú, una compañera que avivase mi eternidad.
- Aún no es tarde –razono-. ¿No estás cansado de odiar? ¿El perdón no existe para ti?
- Es hora de que pague por la vida de Amara. No saldrá impune.

Encarrilo mi paso hacia la cama, hacia la daga. Solo por si acaso.

- Además, seré yo quien guie a los Hijos de la Noche hacia la Nueva Era que está por despertar.

Venganza y poder. Me lo ha advertido. Y este es el límite de mi obcecación. Mi vida o la suya.

Disimuladamente, apresuro mi paso con la imagen de la daga en mi mente. Por favor, por favor. Este no es mi final. ¡Joder!

- Lo siento.

Rozo la almohada.

- No es nada personal.

Sus ojos se tiñen de color rubí.

Velozmente se abalanza sobre mí. Exhibo la daga.

Apuñala en el corazón y habrás vencido. Erra y estarás muerta. Cuestión de supervivencia.

Resonando en mi cabeza las palabras del ángel negro, dolorosamente le clavo la daga. Y dependiendo de si puedo confiar en él, la daga me protegerá o impulsará mi muerte prematura.

Independientemente del resultado, para mí, el mundo ya arde en llamas. No hay vuelta atrás. El primer paso hacia el infierno.

29/12/09

Noches en “Devorando Libros”

Sí, ya sé, este post lleva un día de retaso. Pero mi hermana es quien tiene el poder, es decir, Internet y no me dejó después de cenar. A ver si los Reyes me solucionan el problema. (Sí, muy maduro de mi parte esperar a que terceros me solucionen mis problemas ¬¬ …)

En fin… A pesar de eso, estamos de racha.

Dream ha estrenado en su blog una nueva sección titulada “Webnovelas” y Noches ha tenido el honor de estrenar dicha sección.

Os dejo el enlace directo del post.


Sin duda, ayer fue mi día.

Devorando libros o Diario de una devoradora de libros es un blog que sigo desde hace algún tiempo y abarca literatura juvenil. Tiene mucha variedad y muchas recomendaciones, sus opiniones personales te acercan más a los libros que tienes intención de hincarles el diente o simplemente te incita a ello.

Es una suerte que este tipo blogs estén en alza a día de hoy porque son muy relevantes tanto para conocer libros como para saber de ellos y adéntrate en el bonito mundo de la literatura. Además de ser entretenidos y amenos. En mi opinión, ahora que los conocemos no podríamos vivir sin ellos.

28/12/09

Noches en "Mientras Lees"

A riesgo de sonar como una pija consentida, he de decir que hoy estoy súper contenta y súper emocionada!

Los miembros del blog Mientras Lees han dedicado un espacio en su blog a Noches para hacerle un poco de publi a la historia, jejeje.

Pinchad para ir al post:




Hasta han tenido la amabilidad de hacer una portada provisional y un banner.

Guai, ¿eh?

Incluso me han ofrecido hacerme una entrevista. Por supuesto, he aceptado. Sería mi primera entrevista, qué nervios >-< !! De verdad, esta gente es un encanto. Desde aquí les doy las millonésimas gracias XD De todas formas, echadle un vistazo al blog en general si aún no lo conocéis. Recientemente han empezado su actividad pero se están dando mucha caña y lo están dejando muy completo con mucha info y entrevistas.

24/12/09

Vacaciones... ¡para mí tb!

Pues eso. Que me las piro hasta pasado Reyes "teóricamente". Y aprovecho para felicitar las Navidades y el Nuevo Año.

¿Qué? ¿Tenéis claros los propósitos para el 2010? Yo repetiré y me esforzaré por cumplir los que supuestamente eran de este año XD (lo preocupante es que no recuerdo todos XS) A ver si hay más suerte en el 2010.

Aunque lo que se dicen vacaciones no van a saber. Tengo pensado revisar el resto de los capis de Noches de Luna Roja, así podré subirlos a su debida hora. En vez de retrasarme, porque no me da tiempo a revisarlos. Además, prepararé el material para las nuevas secciones del blog y los mails de promoción. También le echaré las dos manos a la 2ª parte de Noches. Para rematar, tengo otra historia que estoy escribiendo y quiero avanzar con ella. Por último, actualizar mi blog personal.

Sí, eso es lo que he planeado. Pero leyendo todo eso ahora... creo que ni de coña voy a tener tiempo para todo ¬¬' ... Me voy a hacer un planning...

¡¡¡Felices Fiestas y Próspero Año Nuevo!!!

(Y no os atragantéis con los polvorones ni con las uvas)

Besos.

P. D.: Estaré por aquí. Como he dicho me iré de vacas "teoricamente", actualizaré el capi 7 esta semana o la que viene.

19/12/09

Capítulo 6: Consejos adversos. Advertencias hostiles.

Capítulo 6: Consejos adversos. Advertencias hostiles.

Me levanto con el ritmo de mi respiración casi recuperado.

- ¿Quién eres?
- ¿Quién soy? –vacila una voz risueña-. ¿Acaso importa?
- … –ni siquiera sé qué importa en este momento. Supongo que nada después de haberlo perdido todo.
- Lo que deberías preguntarte es si soy una amenaza.
- ¿Y lo eres? –le sigo la corriente.
- Para ti, sí. Y mucho –¿debería sentirme alagada por tanto privilegio?-. Pero, de entre todas los seres que ahora te rodean, soy el único que te irá con la verdad por delante –eso es una novedad-. Porque no me importa si sufres. Porque no me importa si eres feliz. Lo importante son las consecuencias.
- ¿A qué te refieres?
- Sólo te daré una pista para que lo descubras por ti misma. ¿Te interesa? –resuelve en un tono burlón.
- ¿Me concierne? –rebato.
- Bastante.
- Entonces me interesa.
- Lo sabía –ríe, disfrutando-. Presta atención, sólo lo diré una vez –advierte.
- Soy toda oídos.
- “La verdad tiene un doble filo y, dependiendo de los intereses, la balanza se inclinará a favor de unos o de otros.”

¿Qué clase de pista es esa? Me he quedado igual que estaba. Sin nada nuevo.

Me han robado todo lo que me pertenecía, me han aislado del mundo entero, me han violado por dentro y me han despedazado. ¿De veras tendría que conmoverme algo más?

El miedo, la confusión, la tristeza, el resentimiento… todo borrado de un plumazo. Reemplazado por la nada, por la inercia absoluta. ¡Estoy muerta, joder! Muerta y sola y me empujan a una nueva realidad que desconozco, que no quiero conocer.

No voy a hacer nada. No colaboraré. Que los hechos sigan su curso. Seré una espectadora más en un teatro de marionetas.

Con esa decisión, roto de posición para ir a sentarme a uno de los sofás. Con la intención de esperar que sucedan nuevos acontecimientos que no aburran demasiado a esta nueva y recién llegada espectadora.

- ¿Encuentras interesante el rompecabezas? –indaga en respuesta a mi silencio.
- Déjame en paz. No jugaré contigo.
- ¿Jugar? –gruñe.

Simultáneamente, de un salto, deja la cama y pone pies en tierra. Con paso decidido, se reúne conmigo.

Sus ojos grises están desconformes con mi resolución. Su aura es desafiante. Su pose, intimidante.

Pelo corto de punta color rubio cobrizo, viste una camiseta Smash de manga corta, vaqueros sueltos con una cadena de plata al costado y unas deportivas. En la mano derecha, lleva un mitón. Y en la muñeca izquierda, una pulsera negra con tachuelas. Estilo tribu urbana. Excepto sin piercings. Sin tatuajes.

Es más mayor que mi hermano Eloy, más joven que Gerard, unos 24 años.

Me asquea toda esta gente. ¿De dónde sacan esa aura inalcanzable y refulgente? ¿Qué son? ¿Estrellas venidas del firmamento? ¿Cómo E.T. pero en versión playboy?

- Odio tu actitud pasiva –me censura toscamente-. Has perdido a mami y a papi y, ahora, la nena está enfurruñada –desdeña.
- No te metas donde no te llaman –le fulmino.
- Yo no soy Christian. Más respeto y menos soberbia –amenaza-. Si yo hubiese sido él, a estas alturas tendrías el cuello roto –escupe maquiavélicamente-. No juegues con fuego, te quemarás.
- ¿Qué quieres de mí? ¿A qué has venido? –tengo que quitarme a este tipo de encima, lo antes posible.

No me gusta.

- Empezamos a entendernos –sonríe falsamente.

Se estira en el sofá que hay enfrente al que estoy, apoyando la cabeza en sus brazos flexionados. Como si estuviese en su casa.

- Nadie te lo habrá dicho así que te haré ese favor –admite con gran humildad cargada de malicia-. Ahora eres la amante de un vampiro.
- ¿Y quién mierda ha escogido eso? –el tipo sonríe divertido-. Además no nos hemos acostado.
- Bueno, en este caso, no te hablo de sexo. Aunque mejor no descartarlo –se carcajea-. A lo que me refería es que cuando un vampiro escoge, en su mayoría, a una humana lo hace para proveerse de alimento durante un tiempo indefinido de forma constante.
- ¿Como en un supermercado? –constriño chasqueada.
- Esa es buena –estalla en risas-. Sería algo así. Mírate como a un buen pan Bimbo o una buena lata de sardinas –se burla-. A eso te han relegado. Aunque… -me contempla divertido.
- ¿Qué? –desconfío.
- Sólo me preguntaba si eres un buen bocado o comida basura –sonríe de oreja a oreja.

La madre que lo parió. Va a ofender a quien yo le diga. Si supiera que salgo impune, le contestaría.

- De todos modos, tu caso no es el primero ni mucho menos será el último –rumia-. Estás sola y te dan por muerta. Tu única oportunidad de sobrevivir es Christian. Él obra en el límite de tu vida. Si eres buena amante, vivirás más tiempo. Si no lo eres, acabará contigo. Y le será fácil. Recuerda que ya estás muerta, nadie te echará de menos. Sólo existes en nuestro mundo. Sólo eres importante para aquel ser quien te ha traído con él.

> Desde tiempos inmemorables, el ser humano ha creado sus barreras para proteger a los suyos y, del mismo modo, convivir con criaturas que, en estos tiempos, son míticas al razonamiento humano: vampiros, brujas, demonios,…

> Je –ríe-. Aún no sé quiénes eran más ingenuos. Si los señores de la Edad Media que quemaban a sus supuestas brujas en la hoguera o vosotros que, en pleno siglo XXI, orgullosos de vuestros descubrimientos tecnológicos y vuestra ciencia, creéis que, nosotros, criaturas ancestrales, somos un simple mito cinematográfico.

Se incorpora en el sofá y abandona su asiento. El paisaje del exterior centra su atención. Se reclina en el lateral de uno de los ventanales.

- ¿Sabes cuáles eran los tres cánones que las madres medievas inculcaban a sus hijas nada más nacer? –me brinda enigmáticamente-. Eran las tres reglas de oro para salvaguardarlas de nosotros. Pero, para desgracia de muchas, jamás cumplían. Porque somos seres superiores.

Abre el ventanal.

- Porque del mismo modo que una polilla se dirige a la luz por naturaleza, sin conocimiento de las consecuencias,…

Tiende la mano.


- …una muchacha se verá irresistiblemente atraída por el peligro, el erotismo, la ingenuidad,…

Se le acerca un pájaro.

- Os gusta jugar a un juego que no podéis controlar, sólo pensando en el momento hasta que es demasiado tarde y entonces ¡zas!

Aplasta con su mano al pájaro.

- Os quemáis como una polilla que se ha acercado demasiado a la luz.

Suelta el cuerpo del animal muerto.

- Sin poder escapar.

Lame la sangre dejada por el animal.

- Sólo consumiéndoos.

Su semblante es completamente inhumano.

- ¿Cuáles eran esos tres cánones?

Me otea sorprendido. Después, estalla en risas.

No pillo el chiste.

- ¿Y ahora te interesan esos tres consejos? Cielo, para ti ya es demasiado tarde. Los has desobedecido completamente los tres. Pero supongo que ya no importa. ¿Quieres escucharlos?

Asiento.

- Entonces –se pone serio- atiende porque no volveré a repetírtelos. Los tres cánones a seguir eran:
1.- No oses mirar a los ojos de un vampiro. De lo contrario, olvidarás quién eres.
2.- No oses ofrecer tu sangre a un vampiro, pues en dos escasos suspiros tu corazón se marchitará.
3.- Y, por sobre todas las cosas, no oses amar a un vampiro. Pues, en apenas un día, tu alma envenenada te devorará.
¿Acaso no te son familiares? –se regocija-. Hoy no estarías aquí si no fuese así.
- ¿Qué pasó con las chicas que desobedecieron esas tres normas?
- ¿También te interesa? Sí, creo que sí –reflexiona para sí-. Para ti también es demasiado tarde. Has jugado y has apostado un precio tan alto que no puedes pagar. Ahora sólo te queda ver la verdadera cara de nuestro mundo. ¿Será tu razón capaz de perdurar? O por el contrario, ¿correrás con el mismo destino que esas pobres e ingenuas muchachitas? –entona melodramáticamente.
- Dime qué les pasó –insisto-. ¿Acaso alguna de ellas sobrevivió?
- Ninguna –sentencia-. No sueñes, ninguna lo soportó –rezonga-. Han sido millones de chicas a las que se les ha abierto las puertas de nuestro mundo como una oportunidad irrepetible, en distintas épocas del tiempo, y ninguna de ellas ha sobrevivido a él –se enfurece-. Vosotros, humanos despreciables, sois débiles. Y, en cambio, apostáis por sobre vuestras posibilidades. Sois necios e ignorantes. Una raza muy inferior a la nuestra. Y aún así, es vuestra raza la que gobierna y dirige los hilos de este mundo. Mientras que nosotros, para pasar por desapercibidos, tenemos que simular ser una raza como la vuestra –reniega-. Es jodidamente humillante –brama.
- ¿Qué pasó con esas chicas? –le recuerdo ansiosa.
- Si preguntas por tu futuro, sólo tienes tres opciones. La primera, perder la razón y permanecer el resto de lo que te queda de vida encerrada entre cuatro paredes, temiendo al mundo exterior con pesadillas de realidades vividas que te perseguirán día y noche.

> La segunda es la calma; recuperar la paz de tu espíritu sin más tormentos, el suicidio: envenenarse, cortarse las venas, tirarse de un lugar alto, ahorcarse,… Créeme, he visto a demasiadas muchachas quitarse la vida con sus propias manos y de formas tan distintas que ya no hay ningún método que pueda sorprender a la imaginación.

- ¿Y la tercera? ¿Cuál es la tercera? –codicio una vía de escape más afortunada.
- La última opción es morir a manos de tu amante –doy un respingo, él se jacta-. Muy pocas se rebelaron contra quienes las condujeron a ese caos de oscuridad y sufrimiento. Pero, todas ellas, tuvieron el mismo final: morir a manos de sus amantes. Ninguna de ellas tenía la fuerza ni el poder suficiente como para ser una amenaza para un vampiro. Ninguna de ellas – reitera-, llevó a cabo su venganza.

Estoy perdida. Acabo de descubrir que no tengo futuro.

- Ahora dime, Anabel. ¿Cuál será tu final? ¿Qué opción elijes? –se carcajea-. No eres distinta de ninguna de ellas, no esperes otro final. Yo no apostaría por ti.
- Forjaré una cuarta posibilidad –constriño desesperada antes de asimilarlo.

Si no lucho, me hundirán entre todos.

- Sueñas, si así lo crees.
- Siempre hay una primera vez –desafío.

Mi futuro es incierto. Pero si me rindo antes de luchar, perderé. Quiero vivir. No quiero que me manipulen. Seré yo quien escriba el final de mi historia.

Espero lograrlo…

De repente, se abre la puerta. Gerard se asoma por ella.

- ¿Molesto? –articula en inglés.

Yo, sola en la habitación. Uno de los ventanales que permanecían cerrados, está abierto.

- No, claro que no –me apacigua que se haya esfumado-. Pasa, por favor –es tranquilizador contar con alguien como el francés.
- De hecho, venía a liberarla de su jaula –me muestra las llaves con las que ha abierto la puerta-. ¿Le apetece dar una vuelta conmigo, joven dama?
- Sí, por supuesto –qué delicia de chico-. Pero puedes tutearme, así yo también podré hacerlo.
- Será todo un honor –se inclina, sacándose el gorro de punto negro.

Ja, ja, ja. ¿De qué siglo pasado es? Es muy mono.

Elegantemente, me ofrece su brazo al que cojo agradecida. Al fin y al cabo, el caballerismo aún no ha muerto.

Conversamos animados sobre trivialidades, saliendo fuera del recinto. Bajando una pequeña cuesta y siguiendo un camino rodeado de árboles que nos lleva hasta un lago. Cerca de él, dos personas reman en una barca.

Qué fácil sería huir en este preciso momento. Sin embargo, daría cualquier cosa por quedarme aquí para siempre.

- ¿Te gusta? –se apoya en una valla de madera que bordea la orilla del lago.
- Sí, es muy bonito –me agacho, sumergiendo mi mano en el agua-. Gracias por traerme Gerard.
- Estás al borde del abismo, ¿verdad?
- ¿Cómo dices? –me impacta la brusquedad del cambio de tema en nuestra conversación.
- Sabes a lo que me refiero –musita, finjo no oírle.

Nuestra conversación hasta ahora mundana y entusiasta, sucumbe a la discreción. El panorama recupera valor. Y las horas expiran con el día.

Así damos la bienvenida el atardecer.

- Será mejor que nos vayamos – puntualiza al ver ponerse el Sol.

No quiero irme. Quiero quedarme. Sé lo que me espera en esa habitación. O un tipo sin identidad con intenciones peligrosas y masoquistas que no dudará en descuartizarme al primer paso en falso. O una bestia salvaje que me arrastrará a una realidad de la que no podré escapar, una vez entre en ella.

Busco su cara, desabrigada. Adivina mis pensamientos.

- Ma chérie –se acuclilla junto a mí-. Sufres, ¿verdad? –me recoge el pelo detrás de la oreja.
- …

¿Qué debo hacer? ¿Pedir ayuda? ¿Disfrazar mi desgracia?

- Te rescataré –me jura lealmente-. No te doblegues ante él.
- ¿Pero qué dices? –¿tan miserable me veo?

Yo no soy así. O no lo era…

- Si entra en tu corazón, no podré ayudarte –demasiado tarde, Gerard-. Conozco a Christian desde hace mucho tiempo y sé que todo lo que cae en sus manos, se marchita.
- Espera, creo que te equivocas –él no es tan malo.

Le odio por despojarme de mi vida pero es todo lo que tengo en este momento.

- Quien te equivocas eres tú, Anabel –contradice-. Que las apariencias no te engañen. Christian no es más que un miserable asesino.

¿Asesino?

- ¿De qué hablas?
- La mató –chasquea-. Ella era una persona increíblemente buena y afectuosa. Le trató con dulzura y cariño aún cuando no se lo mereció. Perdonó a la bestia que es y estaba dispuesta a renunciar a todo por él – confiesa impotente-. En cambio, a él no le bastó con romperle el corazón, la hizo sufrir hasta el último segundo de su muerte.
- ¿De quién estás hablando?
- De Amara.

¿Quién es Amara?

Observo la expresión desolada de Gerard y me abstengo de preguntar. Tanto dolor por ella, tanto odio hacia él. ¿Cómo era la persona que enfrenta a Gerard contra Christian? ¿Qué clase de historia les une a los tres?

- Perdona mi rudeza. No es contra ti –se frota los ojos.
- No te preocupes, todo está bien –trato de animarle.
- Vámonos, antes de que note tu ausencia –se incorpora.

Tácitamente, adhiero mi paso al suyo. Sin reservas.

Aún no he internado en él y ya aprecio su mundo. Tan lejano al mío. Aquí, un mal día no es echar a perder una camiseta bonita. Tampoco enemistarte con un capullo por no parar el coche y cederte el turno en un paso de cebra. Aquí, un mal día es perder toda tu vida, todos tus seres queridos. Enemistarte con alguien por aniquilar lo que amas. Muertes, traiciones, aquí el dolor es mucho más inexorable. Nadie te protege de la amarga realidad de la naturaleza de estos seres. Te hacen distinguirles y maldices su existencia cruenta que no tiene límites ni moral. Aún no me han abierto las puertas y prematuramente coexisto en ese mundo. Me indigesta.

Atravesamos la puerta trasera del inmueble. Y me doy cuenta.

Gerard ha resultado ser un bálsamo refrescante para todo mi ser abatido. Es diferente, más humano. Quizás también esté más malherido. Con cicatrices de viejas heridas que no se han curado. ¿Podría ser él mi cuarta opción? ¿Un posible final feliz?

Le miro, me sonríe afable.

Una nueva incógnita alumbra mi pensamiento.

¿Sería capaz de traicionar a Christian por Gerard?

Sin descifrarlo, tengo que despedirme de él. Hemos llegado a la puerta de la habitación. Recelando de si le veré de nuevo. Quizás no sea necesario encontrar una respuesta a esa pregunta.

Saca las llaves. Sé lo que me toca. Encerrada en una habitación, presenciaré cómo el tiempo transcurre sin mutar mi entorno. ¿Esto es todo? ¿Este es el final imperecedero del cuento que protagonizo? Creía que los protagonistas se merecían un buen final. Eso creía, antes de darme cuenta que ese tipo final no tiene cabida en un cuento en el que el antagonista ha representado un papel que no le correspondía, confundiéndome. Christian jamás fue el protagonista de mi cuento, me deslumbró tanto que me cegó. Caí en su trampa y se ha apoderado de mi cuento.

- Gracias por todo. Ha sido un placer –me adentro en la estancia. No soy su carga.
- Espera –caza aceleradamente mi muñeca-. Esta noche vendré a por ti.
- ¿Eh? –daba por hecho que todo acabaría aquí.
- Te he dado mi palabra. No voy a abandonarte. Te rescataré – me recuerda.

Puede que mi cuento sí tenga un protagonista. Y puede que lo haya encontrado. Me alegra saber que aún tengo una cuarta opción.

- Entonces te esperaré –se me ilumina la cara, agradecida.
- Hazlo –impera.

Se arrima y me da un beso en la frente. Luego, se esfuma cerrando la puerta con llave. Para no infundir sospechas.

Qué comportamiento tan pueril. Río divertida. Feliz.

- Vaya, vaya –se me congela la sangre al oírle-. Con que Gerard, ¿eh?

Me estrello contra otra realidad.

- Vivir para creer –recostado en el sofá mantiene las piernas flexionadas-. Quién diría que tienes éxito con los de nuestra especie.
- ¿Cómo has entrado? –temo su maquiavélica presencia.
- Estaba abierto –señala el ventanal.
- Aunque hubiese estado cerrado, no habría sido un problema para ti –aventuro maldiciendo todo.
- No –sonríe ladinamente el rubio.
- ¿A qué has venido?
- Crees que porque te trata de diferente manera, ¿tendrás un final distinto con él?
- … –sólo faltaba que se metiese en esto.
- Cielo, no te equivoques. Simplemente está usándote.
- ¿Por qué tendría que hacerlo? –será mamón-. ¿Porque es amable conmigo? ¿Porque me acepta? –no es como vosotros, no me cabrees.
- La confianza ciega, típico error humano.
- … –lo mato directamente.
- Porque te ponga buena cara y te trate bien no significa nada en absoluto. Eres lista, piensa un poco –¿me alaga?-. ¿Por qué debería ser “bueno” contigo?
- ¿Porque tiene más humanidad que otros que conozco? –le recrimino chamuscada.
- …

Atónito, me examina como si me hubiesen crecido cuatro cabezas. Raudamente, sus risotadas me ensordecen.

- Ninguno de nosotros tiene humanidad. Eso es cosa de vuestra especie –trata de contener su recientemente buen humor-. No, sigue pensando. Pero esta vez usa la cabeza.
- Sólo quieres que llegue a las conclusiones que a ti te convienen.
- ¿Y por qué querría?
- No lo sé, dímelo tú.
- Aah… –espira ruidosamente-. Mejor, piensa. ¿Qué le aportas? ¿Qué haces tú por él? Absolutamente nada.
- Y según tú, ¿qué puede conseguir a través de mí? –me cruzo de brazos, altiva.
- Si te dijese que eres el instrumento con el que atacar a Christian, ¿qué me dirías?
- Que buscas demonios donde no los hay.
- Je. Me estás defraudando.

Y a mí, ¿qué?

- ¿Qué tiene uno en contra del otro?
- Mn, eso es una larga historia.
- Aquí encerrada, tengo todo el tiempo del mundo –afirmo disgustada.
- No. Yo tengo una eternidad por delante. Tú sólo tienes una vida que se va mermando día tras día –increpa.
- ¿Me lo vas a contar o no?
- Venganza y poder, a eso se resume esta historia. Venganza, por una vieja historia. Poder, por una nueva era.
- Con lo de venganza, ¿te refieres a Amara? –conjeturo perpleja, se exalta.

Su expresión se trueca ambigua, calibro la magnitud de mis palabras.

- ¿Qué sabes tú de Amara? –ronronea.
- Poca cosa.
- ¿El qué?
- Que la mató Christian.
- Ya… –cierra los ojos-. ¿Sólo eso?
- Sí, ¿hay algo más?
- No te incumbe.
- ¿La conocías? ¿De veras la mató él?
- ¡He dicho que no te incumbe! –pierde la paciencia.

Automáticamente, cierro la boca. Estoy a merced de un animal furioso y enjaulado. Mejor que se serene. O no sabré cómo resguardarme en una habitación cerrada situada a cuatro pisos de altura.

- Nos estamos desviando –se masaje las sienes-. La cuestión es que eres un simple cebo para el francés.
- … –y dale, ya podría haber cambiado de tema. ¿Por qué no habla del tiempo, por ejemplo?
- Cuando evidencie que sólo eres una simple amante prescindible, se deshará de ti. Simple y llanamente.
- … –no soy la amante de nadie, coño. ¡Qué manía!
- Sé diferente de las demás chicas –me persuade-. Sobrevive.

No entiendo nada. ¿Qué clase de trampa teje? No me fío. ¿Desde cuándo está a mi favor?

- Mata a Gerard –ejecuta austeramente-. Eres tú o él.

09/12/09

Conspiraciones

Un pasado inalcanzable, una vieja vida y un destino forzado.
Todo desechado por lo que ahora es la única razón de mi existencia.

La noche fría y serena se alza ante mí, dándome mayor acceso a mi prioridad. Caminando entre enemigos.
Me muevo entre ellos como uno más.
Ocultando mi auténtica naturaleza.
Escondiendo que en otra vida fui su mayor enemigo natural.

Un linaje casi extinto.

Por mis venas aún corre sangre de nuestro clan.
Puedo cambiar, transformarme, pero mi origen no se desvanecerá.
Porque no puedes borrar el día de tu nacimiento.
No puedes volver a nacer.
Te conviertas en lo que te conviertas.

Ahora encadenado en esta nueva forma eterna y sanguinaria,
reinante de la noche hasta el último de los días.
Sin vuelta atrás.
Traiciono a los míos y traiciono a los que ahora son mi nueva familia.
Dos bandos enfrentados desde tiempos arcaicos, destinados a matarse mutuamente.
Hasta que sólo quede un ganador.

Y ese día, cada vez está más próximo...

Dakota

02/12/09

Capítulo 5: Circunstancias Inalterables

Capítulo 5: Circunstancias Inalterables

- Mmm… Qué bien –remoloneo en la cama.

Seguro que debe de estar a punto de sonar el despertador. Lo que daría por quedarme toda la mañana. Qué modorra.

Estiro el brazo para apagar el despertador antes de que Ángel invada mi habitación con sus malas vibraciones y su mala hostia matinal. Total, ¿qué más da llegar tarde a clase a estas alturas? Para lo que queda de curso. No quiero levantarme…

- Uy –alargo más el brazo encontrándome con más sabanas y colchón.

¿Desde cuándo tengo los brazos tan cortos? No, mejor dicho, ¿desde cuándo tengo una cama tan grande?



Me incorporo en la cama rápidamente y abro los ojos. Pero el ventanal tiene echadas las cortinas. Esta vez, Christian no está. No hay rastro de él. Y me toco el cuello y sigo sin notar ninguna marca. En cambio, la habitación es la misma.

Me acerco al ventanal y corro las cortinas, es de día. Desde la vista de fuera, se asoma un amplio patio interior a una altura de cuatro pisos, rodeado por la arquitectura del edificio. Todo está en silencio. Todo es solitario. No hay vida por ningún lado.

Encerrada en una de las muchas habitaciones de un castillo de ciencia ficción, ¿qué se supone que he de hacer? ¿Qué pinto yo en todo esto? Si, al menos, estuviese segura en el siglo en el que me encuentro…

Me doy la vuelta dando la espalda a todo. Como si pudiera ignorar mi situación dentro de la habitación en la que estoy. Ni de coña.

Inspecciono la habitación de derecha a izquierda: los mismos cuadros de tíos ricachones, las mismas lámparas fuera de moda, la misma exageración de tocador a juego con los ornamentos de la misma enorme cama, la misma alfombra aburrida, los mismos muebles restantes,…

Nada. Todo sigue exactamente igual, excepto Christian. ¿Dónde se habrá metido? A no ser que me haya dado buen un golpe en la cabeza y todo sea producto de mi muy desarrollada imaginación, como Martin Lawrence en la peli de “El caballero negro”. Por supuesto, y mañana llueven ranas. ¡Mira qué bien!

¡Oye!

Te digo a ti, cabeza de chorlito.

Vale, lo siento. Estás enfadada, ¿no? No te hice caso en el callejón pero tú ya estás acostumbrada a que no te lo haga.

¡Eoooo! Conciencia!!

¿? Nada, no hay forma. Estoy como un cencerro. Quejándome que tenía una okupa en mi cabeza y, ahora, soy yo quien busca a la voz que vive ahí.

Bueno, puesto que no puedo contar con su ayuda, cosa bastante habitual, me las ingeniaré sola.

Veamos, lo primero… mmm…. Esto….

- …Me pondré a hacer la cama. Si no hay mejores sugerencias…

No es la mejor idea para salir de aquí, pero es un principio. Me sabría mal largarme y dejármela deshecha, supongo. ¿Acaso importa? En fin… Demasiado tiempo sola conmigo misma. Tampoco es que esta situación sea muy normal.

- Pff, ya podría ser más pequeña, voy a tardar como dos horas en hacerla –me acerco a la cama cogiendo una de las sábanas.

¿Mn? Centro la vista en el asiento del tocador, antes no me había reparado en ello. Doy la vuelta a la cama para acercarme más.

En el asiento, una prenda doblada de color blanco. La estiro.

Un vestido recto con tirantes y falda con tablas. Con canesú delante y detrás. Y un cinturón del mismo color con hebilla, tachuelas y ojetes metálicos. ¡Chulísimo! ¡Y además de marca!

Me aseguro de nuevo, volteo a ambos lados. Nada. Estoy sola.

- Jo, jo, jo. Esta preciosidad ya ha encontrado dueña.

Me desnudo a la velocidad de la luz, haciendo volar los vaqueros y la camiseta que terminan en el suelo a distintas distancias. Me pruebo el vestido y me abrocho el cinturón.

- Está hecho para mí –alucino mientras me examino en el espejo con varias poses-. Si…. ¡au! –tropiezo.

El pobre meñique de mi pie derecho. Como duele… Me cago en la leche. ¿Con qué co$%& he chocado?

Debajo de la banqueta del tocador, unas sandalias desparramadas con tacón y de color blanco. A juego con el vestido.

- … –me llaman-. Para mí también –decido.

Si me he apropiado del vestido y el cinturón por el morro ¿por qué no de las sandalias?

Me calzo y arreglo un poco el pelo suelto con la mano. Abusando de mi suerte rebusco en los cajones del tocador. Pero todos están vacíos. No hay maquillaje. Era demasiado pedir.

Tomo asiento en la banqueta, quedando enfrente al espejo con las manos apoyadas en la barbilla y los ojos fijos en mi reflejo. Pensativa.

A ver si esto es cosa de Christian.

Si lo es, no se puede decir que el chaval carezca de gusto, al contrario. Si lo es, las anteriores noches fueron reales. Si lo es, todo cambia. Si lo es, ¿qué hay de mí? Si lo es, ¿hay un “nosotros”? Si lo es, ¿este es el principio?

Christian… Te necesito. No me importa cómo, pero te necesito. Necesito verte. Necesito oírte. Necesito sentirte. Necesito tocarte. Necesito olerte. Necesito saber que hoy también serás real.

Me levanto automáticamente sin cambiar de pensamiento. Camino hasta llegar a la puerta. A mi única opción.

Agarro la manivela, la giro y se abre la puerta. Echo un último vistazo a la habitación antes de cruzar el umbral.

Todo está en su sitio. Tan irreal como mi estancia aquí. Veo la cama aún desecha antes de dar un paso al otro lado.

- ¡Bah! Ya la haré después. Seguro que vuelvo –me despreocupo.

Avanzo cerrando la puerta tras de mí.

Los ventanales delante de mí, me proveen de la luz que necesito.

A mis pies se abre un pasillo alfombrado que no tiene fin, tanto a mano derecha como izquierda. De las paredes cuelga algún que otro cuadro, sin embargo, no disto ninguna otra puerta más que la que he dejado a mis espaldas. He de escoger un camino a seguir sin saber a qué me conducirá cada uno de ellos. Si ahora me alejo de donde estoy, lo más probable es que no vuelva a encontrar este lugar. Es demasiado grande y las probabilidades de perderme son del 110%. Pero ya he decidido apostar por mi suerte.

Encaro el pasillo que me conduce a la parte diestra del edificio y emprendo la marcha. Todo está desierto. Este silencio y esta solitud a mi alrededor me hacen dudar que pueda haber alguien más. Y a cada paso que doy, el final del pasillo se vuelve más insondable. ¿Qué clase de broma pesada es esta? ¿Cómo puedo salir de aquí? Todo este vacío me agobia.

Acelero para encontrar una salida. Quiero rasgar este espacio de ausencia de vida. El pasillo sigue alargándose. Dejo atrás cuadros y ventanas que se repiten más adelante, sin efecto de movimiento. Como si estuviese avanzando por un mismo tramo una y otra vez, atrapada. Sin darme cuenta. Me agobia, esta sensación me agobia. Necesito salir de aquí.

- “Tap, tap, tap, tap” –apenas es un sonido tangible.

¿De dónde procede ese eco? Paro en seco. Me centro en ese sonido.

- “Tap, tap, tap, tap, tap” –es un ruido constante que va aumentando de intensidad, como aproximándose.

Fijo la vista al frente del pasillo pero no disto nada. Quizás esté demasiado lejos.

- “Tap, tap, tap, tap” –cada vez está más cerca.

¿Tap, tap? ¿Pasos? ¡Son pasos! ¿De quién?

Avanzo reticente. Acortando distancias. Esperando que sean pasos. Escapando de unas circunstancias abstractas.

A lo lejos, al fondo del pasillo, una silueta se va esclareciendo, se va agrandando. Mis pies dejan de responder. Con el corazón en un puño, espero que no sea nada aterrador.

Espero y espero. Hasta que le veo y me ve. ¡Pero qué bien le veo!

Debe de tener unos 25 ó 26 años. Ojos color avellana. Bastante alto. Un gorro elástico y negro de punto con la marca PUMA cosida en grande cubre la mayor parte de su pelo castaño claro. Viste un polo gris con el logo, también de Puma, estampado en el pecho con las mangas largas subidas hasta los codos, que deja ver la pulsera de cuero marrón claro en la muñeca izquierda. Con las manos metidas en los bolsillos de los vaqueros, sale al paso calzando unas chanclas oscuras.

¿De dónde ha salido este bombón? No se puede comparar con Christian pero las buenas vistas siempre son bienvenidas. Y a falta de él, es un buen sustituto.

Modo chica coqueta ON.

- Bonjour, mademoiselle –sonríe saludándome, una vez que me ha dado alcance.

Modo chica coqueta OFF.

Modo chica en apuros ON.

Me equivocaba. No hay nada más aterrador que un extranjero que no habla tu idioma. Es hora de recordar el poco francés que aprendí en la optativa de 1º de ESO.

- Bonjour, messier –es la única persona viva de por aquí cerca, no me puedo permitir el lujo de pasar de largo-. ¿Tu parles English?

¿English? ¿Se dice así? Ni siquiera sé si he formulado bien la pregunta. Qué desastre. Su reacción, una mueca, después otra sonrisa.

- Oh. Sorry, lady (Oh. Disculpe.) –en serio, sus sonrisas encantadoras me van a matar de un infarto. ¡Qué mono!
- It doesn’t matter (No importa) –sonrío educadamente.

¡Bingo! ¡A por el idioma internacional!

- I’m Anabel. And you? (Me llamo Anabel. ¿Y tú?) –si quiero información lo mejor es ir paso a paso, no la vaya a fastidiar.
- My name is Gerard. Nice to meet you (Me llamo Gerard. Encantado.) –definitivamente no se puede ser más educado. Para ser francés el chico se lo curra. Aunque ya le podría haber dado una oportunidad al español. Tch-. Excuse my intromission. But what's so beauty lady doing in this place? (Disculpe mi curiosidad. Pero ¿qué hace una joven tan guapa en este lugar?) –me agasaja, le recompenso con una sonrisa.
- I’m looking for a friend. I’ve lost track of him in this huge place (Estoy buscando a un amigo. Le he perdido en este lugar tan grande.) –lamento apenada finjiendo mi mentira a medias.
- Who is your friend? Maybe I could help you (¿Quién es tu amigo? Quizá pueda ayudarla.) –se muestra servicial. ¿Es así de cortés o está ligando conmigo?
- It’d be great! His name’s Christian. Do you know him? (¡Genial! Se llama Christian. ¿Le conoces?)
- Christian? –sus facciones se endurecen, su mirada se oscurece. Algo no marcha bien.
- Yeah. Do you…
- ¡Anabel! –brama una voz que me es familiar.

Sabiendo quién nos ha interrumpido, lentamente cambio de posición para darle la cara. A pasos agigantados, por el pasillo contrario, el lugar se llena de su imponente presencia. Como un rey en su castillo…

Mi corazón empieza a latir como si hubiese renacido. La imagen de Christian opaca cualquier otra. Ya no existe nada más para mí. Ni siquiera Gerard.

…Pero el rey hoy no está de buen humor.

- ¿Qué haces aquí? –me demanda apresando mi muñeca de forma brusca.

No obstante, antes de dejarme responderle, se irgue con una mirada glacial ante Gerard. Y un silencio sepulcral cubre toda la zona. No sé qué tipo de reacción demuestra Gerard pues sólo tengo ojos para él. Pero percibo la tensión por ambas partes teñir el ambiente. Más que ira o rabia es rencor, como si la existencia de viejas heridas evidenciasen un hecho.

Segundos después, el sonido de los pasos de Gerard corta de lleno toda tempestad. Retrocede hasta desaparecer. Lástima, parecía buen chico.

Como si hubiese escuchado mi pensamiento, Christian automáticamente hunde su mirada en mí. El rencor en sus ojos se torna aflicción. ¿Aflicción? ¿Por qué?

Da media vuelta sin mediar palabra, arrastrándome con él sujeta por la muñeca que no ha soltado en ningún momento. Le sigo y no digo nada. En este momento, es lo mejor.

Con la vista en su espalda, el estrépito de nuestros pasos acelerados inunda mis oídos. La zona de mi cuerpo que tiene sujeta Christian, le siente. Furtiva y expresamente, mis dedos acarician la palma de su mano, al tiempo que me embriago de su calor. Sonrío para mí misma. Porque sé que hoy también será real.

Arrastrada, regreso a la habitación que ocupaba momentos atrás.

Aún enfadado, me empenta habitación adentro, cerrando y bloqueando la puerta con su cuerpo.

- Te prohibí salir de esta habitación –reprocha irascible.
- Lo siento –lo mejor será no discutir-. Buscaba el baño –miento.
- Si necesitas utilizar el baño…
- Sólo lo buscaba –le corto-. Por si acaso –zanjo el tema.

Christian suspira pesadamente, más calmado. Al menos, mi mentira ha servido para algo.

- Siéntate –me indica unas de las sillas que bordean la mesa que hay en el centro.

Calladamente, le obedezco. Mientras que él, se aleja de la puerta camino hacia el tocador.

- Toma –me sirve la bandeja que ha recogido-. Come –se sienta al otro lado, haciéndome compañía.

Una bandeja con cubertería de plata con dos platos de porcelana, uno con pollo asado y otro con una ensalada, y un vaso de cristal fino con agua al lado de una pieza de fruta. Observo la bandeja y después a él. Y me hace pensar. ¿Qué habrá sentido cuando ha llegado y ha visto que he desaparecido?

La puerta de la habitación estaba abierta cuando hemos llegado pero yo la cerré antes de salir. También venía alterado cuando me ha encontrado en el pasillo. Y no hacia mucho que había tropezado con Gerard.

Las personas nos asustamos cuando tenemos miedo. Y tenemos miedo cuando podemos perder algo importante para nosotros. ¿Está bien que crea eso, Christian? ¿Puedo creer que soy importante para ti sin engañarme a mi misma?

- ¿No te gusta? –me escudriña con la barbilla apoyada en la palma de su mano derecha.

Niego con la cabeza y pruebo el pollo asado.

- Está bueno –sonrío-. Gracias –sinceramente, gracias por pensar en mí. Gracias por cuidar de mí, a pesar de todo.

Su semblante se relaja todavía más. Satisfecho con mi respuesta, pierde su mirada en el azul celeste de un cielo en plena mañana que se asoma a través de los cristales. Como tranquilamente disfrutando de un silencio que carece de palabras huecas, sobrantes de un atisbo que rellene el ambiente.

Pasados unos instantes, recuerdo algo importante.

- Christian.
- ¿Qué? –responde a mi llamada sin inmutarse.
- ¿Porqué Gerard habla en francés?
- Porque es francés –se encoge de hombros.

Su simpleza y su confianza a tal pregunta, no satisfacen mi curiosidad. No sé si es intuición pero me da la sensación que no es tan simple esa respuesta.

- Christian –llamo su atención dubitativa sin saber por dónde encaminarme.
- ¿Qué?
- ¿Dónde estamos?
- No estamos en Francia –evade.

Alarma. ¡Alarma! ¡¡ALARMA!!

- ¿Y en España? –dudo de querer que me conteste.
- Tampoco –salto de la silla.

… Ha dicho “tampoco”. ¿Me toma el pelo?

- ¿Y dónde diantres estamos? –me asfixio medio histérica.
- En el Oeste de Sussex.
- ¿Sussex? –¿y dónde está Sussex?
- En Inglaterra –me mira de refilón-. No es de extrañar que hayas suspendido geografía –advierte en tono burlón.
- ¿En Inglaterra? ¿¡Cómo he llegado YO a Inglaterra!?
- Es evidente. Te he traído –resuelve el muy lumbreras.
- Ya me imagino que me has traído tú. No veo a nadie más por aquí –acoto histérica perdida.
- Cálmate, quieres. No es para tanto –se recuesta en el respaldo de la silla, prestándome toda la atención. Como si fuera una bomba de relojería apunto de explorar. Si lo piensa, no va mal encaminado.
- ¿Calmarme? ¿Cuánto tiempo llevo o llevamos aquí?
- Una semana.
- ¿Una semana? ¿¡Tanto!? ¡Es imposible! –sólo han sido dos noches y una de ellas estaba en España.
- Es posible cuando una persona pasa la mayor parte del tiempo inconsciente–su expresión indescriptible.

¿Inconsciente? ¿Durante una semana?

- ¿¡Me has drogado, verdad!? ¡Eres un jodido secuestrador! ¿Es dinero lo que buscas? ¡Porque te has equivocado de familia, cabrón!
- Quieres calmarte y deja de montarte películas –se levanta, vine hacia mí y yo retrocedo en dirección a la puerta-. Yo que tú no lo haría.
- ¿El qué? –acelero el paso hacia la salida.
- Eso –me detiene antes de girar la manivela.

Se hace el silencio. Me aparta de la puerta y me acorrala entre la pared y su cuerpo. Sin previo aviso, asía mi nuca y une nuestros labios. Me resisto y le corto el paso a su lengua con mis dientes. No me dejaré dominar.

No obstante, no se detiene. Se encizaña con mis labios. Los besa, los lame, los mordisquea en toda su extensión. Bajo la guardia. Retengo inútilmente un gemido que mata con su intromisión. Su lengua ha traspasado la barrera de mis dientes. Empiezo a olvidar el porqué de mi resistencia.

Todo lo que puedo recordar es que no debo cooperar.

Su lengua recorre toda mi cavidad, mi lengua se niega a recibir a la suya. Los segundos pasan, las intenciones se esfuman y las sensaciones luchan por liberarse de la pasividad. La coherencia se rinde al deseo. Mi lengua despierta y acompaña a la suya en una danza por la posesión.

Cuando ha agotado el último signo de resistencia, cuando ha derrocado toda defensa. Me separa y guía mi cabeza a su hombro, donde reposa.

- Cálmate –me susurra al oído, dulcemente.

Y extrañamente funciona.

- ¿Y qué hay de mis padres? ¿Cómo has justificado mi ausencia?
- … –acaricia mi pelo.
- ¿Christian? –ladeo en dirección a su rostro y me acongoja descubrir ese gesto dolido.
- Pequeña, lo siento -inclina de nuevo mi cabeza hacia su hombro mientras rodea mi cintura con su brazo libre-. Pero, ahora, ellos forman parte de tu vida anterior.
- ¿Vida anterior? –me desquito de su abrazo y pongo distancia entre nosotros-. Hablas como si hubiese muerto.
- Y lo has hecho –no sé cómo pero esas palabras me han causado más daño del que poseen.
- No. No lo estoy. Estoy aquí, viva –¿qué clase de juego es este?
- Sí, estás aquí, viva. Pero ellos no lo saben.
- Christian, ¿qué clase de broma es esta? No tiene gracia –me aturde la seriedad del asunto.
- No es ninguna broma, pequeña –alza su mano para acariciarme, lo rechazo de un manotazo. Retrocedo lo más que me permite mi posición, como si pudiese incrustarme en la pared.
- Quiero volver a casa. No me gusta todo esto. ¡Llévame a casa!
- Te llevaré a tu nuevo hogar con tu nueva familia…
- ¡No quiero un nuevo hogar! –le corto-. ¡No quiero una nueva familia! –grito-. ¡Quiero a MI familia! –sollozo-. Quiero volver con mis padres, con mis hermanos y mi abuelo, quiero volver con Menchu y con Lara, quiero volver a mi cuarto –las lágrimas se desbordan, la fuerza se debilita-. Déjame marcharme, por favor –suplico. No sé qué parte de mí misma se ha hecho pedazos.
- Es demasiado tarde –afirma impotente, dando un puñetazo contra la pared-. No llores, te acostumbrarás.
- ¿A qué? ¿Al dolor?
- No, claro que no. Yo te protegeré de él. Te daré todo cuanto esté en mi mano para hacerte feliz.
- Entonces, déjame regresar a casa –insisto, queriendo despertar de esta pesadilla, queriendo que sus palabras sean sólo palabras carentes de significado.
- No puedo. Créeme que no puedo. Es demasiado tarde, entiéndelo –aprieta los dientes.
- ¿Por qué? Sólo tengo que volver a España, sólo…
- ¡No! –me calla-. No es fácil cuando ya te dan por muerta. Cuando todos tus seres queridos te han enterrado y han llorado por tu vida perdida.
- …
- Desapariciones, cuerpos inidentificables que con las esenciales pruebas falsificadas y los contactos necesarios pueden asumir una nueva identidad, desgarrando la anterior.
- …
- Anabel, ese es tu caso. Estás muerta y bajo tierra. Para tu familia, para tus amigos, para el Estado, para el mundo entero excepto para tu nueva familia.
- No me hables de una nueva familia. Sólo tengo una o tenía –junto a la voz, me tiembla todo el cuerpo. Las lágrimas tampoco cesan. ¿Cuánto más se ha roto dentro de mí?-. ¿Porqué me has hecho esto?
- Lo siento, pequeña –me ampara en sus brazos-. Siempre hay un precio a pagar.
- ¿Por estar contigo? –porque si es así, me arrepiento de ello. Ahora que sé que he perdido, me arrepiento.

Jamás quise escoger y ni siquiera me han dado esa opción.

- Por entrar en nuestro mundo. Por formar parte de él.
- ¿Vuestro mundo?
- Sí –una sonrisa herida cubre su rostro-. Ya lo sabes. El mundo de la oscuridad. El mundo de lo eterno. Bienvenida al mundo de los señores de la noche, los vampiros –apenas es un murmullo que oculta el clandestino mutismo pero lo siento más como un grito desesperado.

“Un mundo maldito” es lo que callan sus palabras.

El pacto que había hecho con Christian comenzaba a pesarme. Lo que no sabía era que tan sólo era el principio de mi condena. Pagaría cara mi ignorancia.

- Repugnante –le rechazo totalmente resentida-. Eres un monstruo.

Soy cruel, lo sé. Después de haber conocido a la bestia solitaria que es, después de haberme abierto sus brazos, después de ofrecerse a compartir a su familia y su hogar conmigo, después de haberle jurado lealtad, después de haber sido yo la única culpable de mi actual situación. Le traiciono de la peor manera que se puede herir a alguien que ya es vulnerable. Sé que mis palabras son hirientes y mi rechazo imperdonable. Pero estoy asustada y herida y termino pagando mi dolor haciendo más daño.

Su mirada se torna fría frente a la mía indiferente. Retrocede. Mi contacto se le ha vuelto corrosivo. Mis palabras envenenadas han malherido a la bestia que duda en sacar sus garras y atacar.

- Te odio…

Su expresión sombría se oscurece todavía más, mis palabras son tan sólo un aliciente más para desbordar su furia. Ataca, saca todo lo que tengas dentro. Págalo conmigo, del mismo modo que yo lo pago contigo.

Jamás había experimentado este sentimiento tan autodestructivo.

- …monstruo –recalco.

Y calo el tope de su resistencia.

Con un movimiento ágil, me aborda. Sus manos directas a mi cuello. Me estampa contra la pared mientras me estrangula. Demasiado fuerte como para rehusar su acción.

- Todo esto lo has provocado tu sola –sisea con desprecio.

Sus manos se oprimen con mayor fuerza en mi cuello. Imposible respirar. Me ahogo. Le clavo las uñas en un intento por zafarme. Inútil. La asfixia es dolorosamente agonizante. La vista se me nubla. Los párpados pesan. La fuerza, desfallecida. Este es el final.



¡Paf!

- Cof, cof, cof –toso respirando entrecortada y desesperadamente.

Arrodillada en el suelo, le vigilo. En el último momento, me ha soltado.

Sin decir palabra, me da la espalda. Sale por la puerta y mientras me recupero, escucho como me encierra con llave en la habitación. Como si pudiese escapar, ya no tengo un lugar al que volver. Me lo has arrebatado, ¿recuerdas?

- ¿Estás segura que el monstruo no lo eres tú? –me pregunta una voz desconocida.

En la cama, un cuerpo descansa en ella. ¿Cuándo ha aparecido?