Capítulo 11: Revelaciones
Está SOLO en el estudio.
¿Y a mí qué? Como si está en la Conchinchina.
Mierda, llevo aquí más de diez minutos desde que Miju se fue. Oprimiendo las ganas que tengo por ir a ese dichoso estudio. Soy patética.
Está bien, seamos adultos. Sólo una miradita y listos. No puede hacer ningún daño. Si me pilla, me justificaré diciendo que estaba de tour por la casa.
¡Vale!
Y que quede claro, no me estoy adecentando al dedillo delante del espejo por él. Simplemente, quiero tener buena presencia. ¿Qué pensarán de mí si no mis nuevos familiares? ¡Incluso los vecinos!
¡Ostia! Touch of pink de Lacoste. Miju, te cojo prestadas unas gotas.
Como un perro que mueve frenéticamente la cola, esperando en la puerta que le saquen de paseo, salgo de la habitación. Sólo me falta ladrar y babear con la correa en la boca. Lo dicho, muy patética.
A la mierda. ¿A quién quiero convencer?
Subo de dos en dos los escalones a toda prisa. En dos zancadas, me planto delante de la puerta cerrada del estudio, que está al lado de la cocina.
¿Toco o abro sin más? Teóricamente, estoy viendo la casa. Es decir, que yo NO sé que él está ahí dentro. En condiciones normales, no tocaría.
Inspiro, expiro. Tomo la manivela de la puerta al son de mis latidos que parecen tambores. Tum, tum, tum… Abro sigilosamente. Antes de cambiar de idea y salir con el rabo entre las piernas. A mí me da algo. ¡Joder, ni que fuese una colegiala!
Entorno la puerta y me asomo. Todo tranquilo. Está tendido en un sofá negro de piel. No atisbo su cara, sólo la nuca.
Cierro suavemente. Lo confieso, nunca me vienen buenas ideas en estas circunstancias.
Sigilosamente, le espío. Me arrimo lo suficiente cuando compruebo que duerme tranquilamente con una expresión de paz en su rostro.
Resentimiento.
Este ser ha convertido mi vida en un caos y tiene la desfachatez de descansar tan plácidamente.
Envidia.
Posee una paz que yo he perdido.
Egoísmo.
Lo más justo es que él también la pierda.
Furia.
Y tiene el descaro de desentenderse de mí.
Arrogancia.
Tienes que hacerme tu prioridad. Todo es culpa tuya.
A horcajadas, encima de él, enfilo mis manos rumbo a su cuello. Estrecho el contacto de ambas pieles. Le estrangulo. Al instante, abandono mi acción. No tiene pulso y, por el contrario, no está frío. Tenerle en esta posición tan desamparada, teniendo yo el control por primera vez, multiplica mi regocijo y mana mi superioridad.
Odio y placer a partes iguales. ¿Por qué me sigue provocando con todo lo que me ha hecho?
- ¿Soy masoquista? –sonríe ladinamente.
Mierda. ¡Está despierto!
Abre abruptamente los ojos al tiempo que sujeta las muñecas, antes de que me separe.
- ¿Quieres que lo averigüemos juntos? –afina lascivamente.
Del cuello, me atrae hasta él. Nos besamos efusivamente.
Demonios, como lo echaba de menos.
Me adhiero a su cuerpo, entregada a devorarle la boca y abandonar la mía a su capricho. Su tacto escurridizo se abre paso a cada milímetro de mi piel.
Frenéticamente, le ayudo a deshacerme del top que se pierde en algún rincón del cuarto.
Sus manos diestras emprenden camino a territorio virgen.
Desbrocha los shorts.
Se detiene. Sus labios y su lengua, sus manos y sus dedos, su cuerpo por entero. Confusa, bajo la guardia. En un solo movimiento, invierte los papeles. Me tumba, besando mi frente. Acariciando mis mejillas sin apartar sus ojos de los míos. De rodillas, se sienta apropiándose una de mis piernas. Explorándola e impregnándola con un reguero de besos fugaces, lenta y deslizantemente la desnuda.
Las botas se reúnen con el top una vez que pierden protagonismo.
Masajea mis piernas con cada una de sus manos, escalando a mis muslos. No se estanca. Y la temperatura acrecienta en mí igual que su contacto.
Los shorts dejan de estorbar.
Me niego a enloquecer con su próxima maniobra. Me niego a esperar por ella. Quiero el descontrol absoluto y lo quiero ya.
Me incorporo ágilmente y le empujo al respaldo del sofá. Acoplo mi culo en su regazo. Vorazmente reclamo sus labios y su lengua.
Mi objetivo, los botones de su camisa que se rebelan contra mi deseo.
- Impaciente, déjame a mí –gruño a mitad de un beso febril.
Molesta, aparto de un manotazo sus dedos. Le arranco la camisa.
- Qué poca delicadeza -ríe.
Soy virgen y estoy ardiendo. Sólo alimento la excitación, desafiando sus límites.
Salvajemente, me adueño de su torso acariciándolo de todas las formas existentes. Nos frotamos piel contra piel. No deserto en mi expedición. Rozo el bulto sobreexcitado de su masculinidad.
- Shh, tranquila –aísla la fricción-. O te comeré de un solo bocado –me reclina en el sofá.
Como un felino, me acecha. Vuelve a cobijarme en su calor. Sus movimientos sensuales, me embelesan. Codicioso, el cautiverio de estar debajo de su cuerpo.
Desabrocha el sujetador para lamer libremente la piel y la carne rosada y sensible que cubre su tela. Sus dedos mágicos se escurren hasta las bragas.
Explotaré si no frena. Moriré si no acelera.
Amara. Christian ya la amaba y la sigue amando.
No, ahora no.
Sólo te queda su recuerdo para perderte en los brazos de otra, fingiendo que es ella.
Ignórale.
El recuerdo de Amara es mucho más fuerte que tu presencia. Eres la amante de turno.
¡No es cierto!
¿Te folla pensando en ella?
- ¡No me toques! –le rechazo desesperada.
Paralizada, digiero mi impulso. Se distancia. Le he lastimado. Otra vez.
- Eres tú quien ha empezado –recoge la camisa, hosco-. No calientes a un tío con el que no tengas intención de llegar más lejos.
Portazo.
- Lo siento, no era mi intención herirte –sollozo.
¿Por qué cuánto más nos acercamos, más nos distanciamos?
Esta vez, la culpa no es mía. Eres tú quien me utilizas. Y soy yo quien debería estar enfadada y no llorando, arrepentida.
Te odio. Odio esta aflicción tan cancerígena. Odio tu hipocresía egoísta. Gerard tenía razón. Todo lo que cae en tus manos se marchita porque estás lleno de veneno. Apuesto que lo mismo le pasó a ella. Los monstruos no tienen corazón. Por eso, no saben amar. Ella debió descubrirlo, intentaría escapar y la mataste.
He vuelto a equivocarme de elección.
Yo no soy vulnerable por no haber amado, lo soy porque eres una bestia insensible que hieres sin importarte nada. Si sufres es porque lo mereces. Recibes en la misma cantidad que das. No dejaré que me arrastres contigo a tu miseria. No seré un juguete roto más.
Espera. Hay más. ¿Cómo no me he percatado?
Jason, de nuevo. Todo lo ha originado él. Todas mis acciones. ¿He estado dando palos de ciego? ¿O me dirige a un punto en concreto?
La advertencia de que me utilizaba Gerard. La daga y su muerte. Fue un accidente pero, en un principio, me lo ordenó. El cuento de las amantes desgraciadas. Y la relación entre Christian y Amara. Daba la impresión de que me agredía con sus palabras pero es todo verdad. En añadidura, lo mantiene oculto de su familia. ¿Está jugando con todo el mundo? ¿Para qué tomarse tantas molestias?
No, retrocede. “Jugar”. Lo recuerdo. La primera vez que le vi, fue así cómo le encaré. Le dije que no jugaría con él. Y se ofendió. Él no está jugando. Tal como vaticinó, es el único que ha sido sincero conmigo. Todo está quedando demostrado al unir las piezas. Además, si se hubiese quedado al margen, nada de esto habría ocurrido. No estaría en este punto. Habría sido completamente distinto. ¿Hacia dónde me está encaminando? De eso también habló. ¿Cómo era?
Lo importante son las consecuencias.
Sí, eso era. Había algo más. Recuerda, recuerda.
“La verdad tiene un doble filo y, dependiendo de los intereses, la balanza se inclinará a favor de unos o de otros.”
Un callejón sin salida.
Me faltan piezas. Aún no sé qué significa esa parte. Carezco de información. ¿De qué más tengo que enterarme? ¿Qué más tiene que suceder?
Me visto y salgo del estudio.
Si Mahoma no va la montaña, la montaña irá a Mahoma. Si Dakota no ejecuta el próximo movimiento, seré yo quien lo inicie.
- ¡Estás ahí!
Me detengo en seco.
- ¿Hace mucho que has vuelto? –me dirijo a la cocina-. ¿Qué tal han ido las compras? –varias bolsas bien llenas de comida reposan en la mesa.
- Pasando por alto que he tardado –mira el reloj- casi tres horas, me ha ido bastante bien. Lo siento.
- No, te lo agradezco. No estás acostumbrado quizás te ha resultado difícil. Jas… Dakota –corrijo- ha comentado algo sobre eso.
- En realidad, no. He ido echando al carro todo lo que me encontraba. Me he entretenido tiempo de más en la tienda de Keith.
Directamente, guarda las bolsas de la compra en la nevera.
- Espera. Déjame a mí –le quito las bolsas.
El arroz junto a las cucharas y la lejía iban derechos a la nevera. Y él tan felizmente satisfecho con su buena obra. Qué desastre.
Divertido, toma asiento mientras organizo y distribuyo toda la compra.
- A ti también te pasará.
- ¿El qué?
- Olvidar algo tan mundano como lo que estás haciendo.
- Creo que me he perdido –me giro desorientada a su dirección.
- Me refiero a cuando estés un tiempo alimentándote sólo de sangre.
¿Le ha dado un chute a la lejía? No le ha sentado del todo bien.
- Aunque claro tú estás desarrollándote. No sé cuándo planea terminar de transformarte Christian.
- ¿Cómo dices?
Me sonríe enigmáticamente. Acto seguido, se levanta y rebusca entre las bolsas que aún quedan por recoger. Saca un cuchillo.
- Dame tu mano.
- ¿Por qué no me lo explicas antes? –le toreo.
Sin vacilar, asía férreamente mi mano derecha. Corta profundamente la palma.
- ¡Cabrón! –berreo dolorida, se carcajea.
- No pierdas detalle.
El corte cicatriza a cámara rápida. El tejido muscular y la piel se entre enlazan cobrando vida propia. En segundos, la herida desaparece. Sólo quedan los restos de sangre que ha despedido previamente.
Alucinante.
- Borra esa cara de bobalicona y cierra la boca o te entrarán moscas –se desternilla soltando el cuchillo.
- ¿Cómo… eso? –mi mente está en blanco.
- Te estás convirtiendo en una de nosotros. No estás completa pero tu cuerpo está adquiriendo otras propiedades. Estás cambiando.
- ¿Desde cuándo? –jadeo ahogada.
- Facilitarte una fecha exacta, es imposible. A no ser que le preguntes directamente a tu Creador. Pero, para una precisión aproximada, ¿cuándo fue la primera vez que viste una luna roja?
- Fue… aquella noche en el callejón. Hace casi dos semanas. ¿Estás seguro?
- Completamente. Comparándolo con un engendramiento humano, tú eres un embrión. Estás formándote. Naciendo y muriendo a la vez. Ni eres un ser humano ni un vampiro y, al mismo tiempo, eres ambas cosas. Un ser de dos naturalezas. Estás en medio de una línea muy fina que te permite abarcar características de ambas especies. Y de esa mezcla, surgen nuevas cualidades que ni posee un vampiro ni un humano. Como humana eres superior del resto de tu especie. Sin embargo, como vampiro, eres absolutamente más frágil.
- ¿Y lo de la luna roja es una de esas cualidades?
- Sí. También está la temperatura de tu cuerpo. Conservas la de un ser humano y, al mismo tiempo, te insensibilizas a la del entorno exterior. ¿Has notado mi contacto frío? ¿O has probado a abrigarte con un jersey y unos pantalones de pana? Pruébalo, no te acalorarás. Mantendrás tu temperatura estable.
> De este proceso, se ha estudiado muy poco. A los vampiros no nos interesa porque, como te digo, es nuestra etapa más vulnerable. Nos convierten inmediatamente. Sin esperas. Hay muy pocos casos como el tuyo.
- ¿Y por qué yo? Quiero decir, ¿por qué no inmediatamente? ¿Quiere asegurarse de no arrepentirse?
- Este proceso no es reversible. Christian tendrá sus motivos para la espera de tu nacimiento. En mi opinión, creo que espera que lo asimiles poco a poco. El cambio de un ser a otro, es vertiginoso. Además, su sangre y su estirpe son originales. Su poder es mayor, es más peligroso. Podrían existir complicaciones si no es cuidadoso. Tienes que ser física y mentalmente fuerte. Espera a que seas fuerte.
- Jack –interrumpe sombríamente Jason con los brazos cruzados desde la puerta-, ¿qué derecho te corresponde a ti, desvelárselo? No requieres de nadie para meterte en líos –se examinan sin mediar palabra.
- Tiene razón –se dirige a mí, incómodo-. Acude a tu Creador. Acude a Christian. Keith me ha reservado un hueco y ya es hora –se escabulle.
- ¿El de los tatuajes? Miju ha nombrado algo de eso.
- Sí, será un diseño exclusivamente para mí.
- Genial. Tienes que enseñármelo.
- Si quieres, vente conmigo. Keith podría tatuarte algo discreto.
- Gracias, hoy paso.
- Estaréis solos. Miju y Christian salían cuando he vuelto –es reticente a dejarme sola con él.
- Ve sin problemas. No reñiremos mucho –le guiño un ojo-. No te preocupes. Si pasa algo y no habéis vuelto, llamaremos a la policía –río-. Ellos sabrán controlar la situación. Además ahora sé que soy indestructible –alza una ceja no muy convencido-. Es broma. Nos aguantamos más de lo que parece. Seremos civilizados. Tienes mi palabra.
Busca una respuesta en su compañero inmortal.
- Piensa que es indestructible –se encoge de hombros.
- No es indestructible –le rebate-. No eres indestructible –me repite malhumorado.
Sin más, se marcha. Nos contemplamos hasta que oímos cerrarse la puerta de la entrada.
- Estás de muy buen humor –opina secamente Jason.
- Porque te he calado en todos los sentidos. En realidad, ¿desde cuándo has estado espiándonos?
- …
- Oh, vamos. ¿No creerás que me chupo el dedo? –apostillo sarcástica.
- El olor de la sangre para cualquier vampiro es como un canto de sirena para un marinero. También te escuchado insultarle a Jack –se recuesta en la pared de la cocina.
- Dakota, estamos solos. ¿Por qué no me provees de las piezas que me faltan para completar el puzle?
> Vamos dime, ¿por qué sabiendo que me estaba convirtiendo, me soltaste la parafernalia de las amantes desdichadas? ¿Por qué me lo pintaste todo como la tragedia del final de mi vida cuando no era así? ¿Por qué me arrinconaste hasta tal punto para que actuase tal como preveías? ¿Qué tanto ocultas? –remato seria.
- ¿Ya te has dado cuenta? Sólo era cuestión de tiempo –confiesa.
- ¿No lo niegas?
- No. Sin embargo, no voy a facilitarte esa información.
- ¿¡Por qué!? Oye, te he guardado el secreto por lo de la daga y también por lo de Amara. Por tu reacción ante Miju, tú no debes saber nada de ella. En cambio, sabes mucho más. ¿O prefieres que les cuente absolutamente todo?
- ¿Lo harías? –endurece el tono de su voz.
- No –resoplo exasperada.
- Entonces no me amenaces tan fútilmente.
- Me debes una –me enfado-. No soy ninguna marioneta a la que manejar.
- No te debo nada.
- ¡Joder, Dakota! ¿No fuiste tú quien me dijo que me irías con la verdad por delante? ¡Estoy en un callejón sin salida! ¿Cómo quieres que avance en este estúpido juego?
- No es un juego –apunta pacientemente.
- ¡Ya lo sé! ¿Por qué piensas si no que estoy tan agobiada?
- Entonces, es hora de adelantarte la pieza del puzle que necesitas. Quiero presentarte a alguien –se deleita morbosamente-. Come y duerme un rato, vendré a por ti a medianoche. Nadie nos pescará, no volverán hasta mañana. Vivirán la noche igual que nosotros.
Se retira. Silencio. Luego, portazo.
Genial, otro que se ha largado. Ni que tuviese la peste.
Cumpliendo su palabra, a la entrada de la medianoche, se presenta Jason con el mismo BWM negro de hace dos noches. Con un escueto “monta”, nos ponemos en movimiento en una noche oscura sin apenas estrellas.
Acelera y el paisaje se difumina. Los kilómetros progresan y se pierden sobre el asfalto, al mismo tiempo. Cierro los ojos y respiro hondo.
- Ábrelos.
- No, gracias.
- No te estoy dando opciones.
- Trato de salvaguardar la tapicería de tu coche.
- Ábrelos.
- Voy a marearme.
- No te marearás. Confía en mí.
¿Confiar? ¿¡En él!? ¿Tiene sobre exceso de oxígeno en el cerebro?
Una cosa es que cooperemos juntos en vete-tú-a-saber-qué y otra, muy distinta, es confiar en él. Estoy de acuerdo en que me ha revelado algunas verdades pero, las ha amoldado sólo para influenciarme, para cumplir con su propósito. Sin embargo, ¿tenemos el mismo?
No me ha mentido, pero tampoco me ha desenmascarado toda la verdad.
- Cobardica –me chincha alborozado.
¡Mamón, odio esa palabra!
Indecisa, cedo muy mansamente. Podré ser muchas cosas pero cobarde ¡nunca!
- Centra la vista en un punto concreto y lejano.
Sigo sus instrucciones y, sorprendentemente, me da un motivo para confiar en él.
Indiferentemente de la velocidad que ha adquirido el vehículo, soy capaz de distinguir hasta el objeto más lejano al final de la carretera. El paisaje se centra y se distingue. Como si hubiese sintonizado el canal de televisión adecuado.
- Debes ir puliendo las cualidades que caracterizan tu presente etapa, no las desperdicies. A pesar de que sean temporales. Nunca las sobrevalores ni apuestes por que son prescindibles.
- ¿Tú las conoces, verdad? Las cualidades de un vampiro… ¿en gestación?
- Todas y cada una de ellas.
- Discrepas de la versión de Jack, pues. Él apenas sabe nada sobre este tema. Dime Dakota, ¿hay alguien que te conozca realmente? ¿Cuál es tu verdadero nombre?
- No interpretas a la protagonista de una película de ciencia ficción –ríe-. Tanto si sospechas como si no, me llamo Dakota. Es lo más fiable que sabes de mí.
- ¿Estás seguro?
- Quien no lo está eres tú. Una vez que eres inmortal, cambias constantemente de identidad. Nuestro nombre es el único lujo con el que contamos para toda la eternidad. El resto, se desvanece tarde o temprano. Es nuestro puerto seguro, lo que nos amarra a tierra firme.
- Te creo pero no es suficiente. ¿Hay alguien que te conozca realmente?
- Tu desconfianza, me ofende.
- Pues no lo parece –resuelvo escéptica-. ¿Vas responder a mi pregunta o vas a seguir cambiando de tema?
- Sí.
- Sí, ¿qué? ¿Sí hay alguien que te conozca? ¿Sí vas a responder? O, ¿sí vas a cambiar de tema?
- Sólo sí.
- ¿Se puede ser más ambiguo? –le reprocho mosca.
- ¿De verdad necesitas una respuesta a esa pregunta? –modula pedante.
- No, déjalo –niego malhumorada-. Dakota, ¿conoces las cualidades de un vampiro en gestación porque fuiste uno? –me reengancho al tema anterior.
- Interesante observación. ¿Sabes cuál es tu defecto?
- A ver, ilumíname –concedo aburrida.
- Que te vuelves muy preguntona cuando te muestran cualquier signo de confianza, por pequeño que sea.
- ¿Y eso es malo?
- Mayormente es molesto y, dependiendo del sujeto en cuestión, existe la posibilidad de volverse contra ti.
- Bah. No me inspiras riesgo alguno.
- Me sobrevaloras. Me gustabas más cuando eras asustadiza y te aterrorizaba mi sola presencia. Te domestican la violencia y las amenazas.
- Me he acostumbrado a tu comportamiento huraño. Somos familia, tengo que aguantarte –la velocidad disminuye, estamos llegando.
- Oh, me haces un gran favor –se ironiza.
- Además ahora tengo súper poderes como una heroína de comic.
- ¿Qué parte de “como vampiro, eres absolutamente más frágil” no asimilas? ¿La afirmación? ¿El adjetivo “frágil”? ¿O el adverbio “absolutamente”? ¿Qué tienes un globo de aire por cerebro?
- Esa frase está comprendida al cien por cien. Pero yo me quedo con “Como humana eres superior del resto de tu especie”.
- Y eso lo dice la misma chica que vive con cuatro vampiros –frena el coche-. Bienvenida a Browsville. Uno de los peores barrios de Brooklyn –comenta bravucón-. Aquí podrás poner en práctica tu supremacía –esclarece malicioso.
26/02/10
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7 mordiscos:
WODADES!!!
ESTE CAPI ESTUVO MARAVILLOSO JEJEJEJ!!!!
Y LO REITERO....
ME ENCANTA DAKOTA JIJIJIJI!!!!
ES TAN... WOW...... DEL TIPO NIÑO MALO.... PERO K NO CONOCES K ES LO K GUARDA....
GENIAL....
AHORA A LEERLO CON DETENIMIENTO....
POR CIERTO EN ESPERA DE LA FICHA DE DAKOTA Y JACK....
Hola!!
Super el capi!!
Espero el siguiente!!
BYE!!
¡Uah! un capítulo genial, Laura ;) cada vez te superas más y más!
Yo también espero con ansia las fichas de Dakota y Jack, aunque la de Miju también tiene que ser interesante... :P
Un abrazo!!
Jajajaj de subir el termometro a tope a llegar a la temperatura de la antartida, la verdad por un momento pense que llegarian al final, y la verdad dakota cada vez me gusta mas
Wow! Un capítulo maravilloso, Laura =)
Espero el siguiente!
P.D:yo también quiero la ficha de Dakota (por cierto, me encanta el nombre) xD
Hum. Francamente no le veo el lado sincero a este muchacho.
Esto me ha llamado la atención siempre:
"Podré ser muchas cosas pero cobarde ¡nunca!" Sólo un cobarde se deja intimidar por ser llamado cobarde.
Te leo. A ver que tal le va en el próximo capítulo.
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