25/01/10

¿Autopublicación!

¿¿¿Os gustaría que Noches pasase a formato libro???

A pesar de estar compartiendo la historia en el blog, B2 me ha dado la idea (Alice parece estar tb de acuerdo jejeje) y añadiendo el pensamiento egoísta de "Yo quiero tener un libro mío", me lleva a tratar el tema de hoy.

La primera parte de la trilogía de Noches de Luna Roja está finalizada y estoy considerando autopublicarla. No es algo definitivo. De hecho, tengo un cacao mental impresionante en referencia a este tema y todo son dudas y embrollos.

Si hay más personas interesadas, seguiría adelante con la iniciativa. Me informaría sobre precios y la forma de hacerlo. Comenté en el minixat que este tema podría mirarlo más adelante pero como voy bastante justa de tiempo, es mejor saber si tengo que preocuparme o no. Porque, sinceramente, creo que me estoy metiendo en camisa de once varas...

¿Qué decís?

¡Ah! También, en caso de que alguien lo quisiera, que especifique de qué país es. Si eres España no hay problema vivo aquí y los envíos sin problemas pero si no lo eres tendré que ver algún modo de si pueden llegar allí... ¡¡Tendría que mirarlo y dejar de comerme el coco!!

Espero vuestros comentarios tanto positivos como negativos. ¡Iluminadme!


P.D.: Estoy pendiente de contestar los comentarios. Poco a poco que acabamos de empezar la semana ;)

Reeditado el 26/01
Que no cunda el pánico. Noches sigue en el blog, la autopublicación es otra vía que ha surgido por algunos comentarios que he leído, por si lo queréis en el papel. Si hay suficiente gente sigo para adelante con la idea, si no nada. (No os alborotéis). Si yo, con esto, sólo me complico más la vida, si aún cabe...
Otra cosa, he añadido una encuesta para las personas más perezosas ;)

Noches en "Be Literature"

¡Es evidente! ¡Estamos en rancha!

Leara de Be literature me ha echo un hueco en su sección de "Yellow Diamond"

Ha escrito una reseña de Noches, me ha entrevistado y ha colgado una foto mía ¿¡qué más se puede pedir!? Sinceramente, el cupo está completo, jejeje.

Así que echadle un vistazo es mi segunda entrevista, es bastante exhaustiva. Lo he hecho lo mejor que he podido, como es habitual, y no ha quedado nada mal ;)

Además, si tenéis curiosidad, podréis ver mi careto XD (Nada del otro mundo, una chica corriente y moliente).




En cuanto al blog en sí, es de literatura como bien os imagináis. Abrió sus puertas en septiembre aunque yo lo conocí en enero y desde entonces que no ha parado de darse caña.

Cuenta con opiniones de libros de gran ayuda para el ávido lector (o lectora). Así como novedades editoriales o concursos. Aunque, en este momento, yo destacaría el artículo que dedicó a la autopublicación. Me gustó mucho la forma en el que lo trató.

Visitad su sitio ¡y no dejéis que os lo cuenten!

Noches en "Libro Joven"

¡A ponerse las pilas!

Llevo un par de días debiendo este post, lo siento. No tener internet, no ayuda. Tampoco no tener dinero para un netbook y fuera de arreglar el ordi (que bastante mierda acumulo ya... y ni siquiera tengo la certeza que el problema sea de la tarjeta de red y no sé qué tanto puede ser caro). E ir justa de tiempo. ¡Qué asco!

En fin, este post se lo hemos de agradecer a Libro Joven que, amablemente, nos ha concedido un espacio para expandir Noches por la red.

Como siempre os dejo el enlace directo (aparece en la octava presentación):



Supongo que ya conoceréis este blog pues es muy completo. Si no es el caso, yo no me lo pensaría dos veces. Si sois amantes de la literatura, tenéis que echarle un vistazo. ¡Por amor a las letras!

20/01/10

Capítulo 9: Un nuevo hogar…

Capítulo 9: Un nuevo hogar…

- ¡Espera un momento! ¿Cómo no he caído? –salta.
- … –el conductor, aguarda.
- En el arma del crimen.
- ¿Y…? –zumba.
- Le ha matado con una daga. La tenía en las manos.
- ¿Una daga?
- Sí, una daga de plata. Me es familiar.
- ¿Estás seguro?
- Claro que sí. Hay que llamar a Christian.
- Qué importa.
- No. ¿Qué no lo ves?
- ¿El qué, Sherlock?
- Alguien más está implicado en esto. La misma persona que le ha dado esa daga –se escucha el sonido de las teclas de un móvil-. ¿Cómo la ha obtenido si no? Este tipo de armas no son nuestras.


Oh, oh. Problemas.


- No le llames –da un volantazo y frena.
- ¡Joder! ¿¡Quieres que nos accidentemos!?
- Olvídalo – el tono de voz de Jason se detona glacial-. No se lo compliques más. ¿Qué pretendes revelándoselo?
- Es importante.
- Si fuese verdad, sería importante. Tus suposiciones son castillos de arena que se sostienen en el aire.
- …
- El plan ya está trazado. Limítate a cumplirlo. Pronto nos marcharemos de aquí. Nada más importará. Son sólo dos días. Y lo peor ya se ha desencadenado. ¿Qué más puede suceder? –pone en marcha el coche.
- Nada. ¿Entonces?
- Cumple tu parte.
- Ya lo hago.
- ¿Seguro? –desconfía.
- Claro –duda.
- Vaya. Eres más precavido de lo que me imaginaba.
- ¿A qué te refieres?
- Es evidente, ¿no? Cuando has propuesto Pulborough no sabía que ya tenías hechas las reservadas.
- ¿Qué reservas? –se extraña.
- Las de alojamiento, por supuesto.
- ¡Mierda!
- Bien Sherlock –ríe-. Te has dado de narices contra la realidad.
- ¿A estas horas de la noche dónde encuentro yo nada?
- Apáñatelas rápido porque en cuanto lleguemos, os dejo y yo regreso de nuevo.
- Increíble, ¿nos vas a dejar tirados?
- Te corrijo. Os queréis tirados si no encuentras alojamiento. Yo sí sigo mi parte del plan –se mofa.
- Cabrón.
- Di lo que quieras –ríe-. Pero date prisa, el tiempo se agota –acelera.
- Calma –un frenético sonido de tecleo resuena-. Seguro que habrán vacantes en alguna casa de huéspedes o algún hotel. Por suerte, no es periodo vacacional.
- Toma como última opción una casa de huéspedes –aconseja-. En un hotel pasaremos más inadvertidos y el servicio es más impersonal. Lo último que necesito es una casa familiar. Aunque me tenga que quedar cinco minutos, no me apetece tratar con nadie –chasquea.
- ¿Y se puede saber desde cuándo te ha apetecido a ti tratar con alguien?


Jason bufa desgastando el pedal del acelerador. Mucho me temo que si abriese ahora los ojos y mirase a través de la ventana, vomitaría hasta la primera papilla. Y me doy cuenta de que me preocupa más vomitar en semejante tapicería, que en el hecho de haber muchas más probabilidades de darnos un castañazo.


Alucinante.


O le tengo menor aprecio a mi nueva vida o le tengo más confianza a Jason de la que creía. Sinceramente, la segunda opción no es muy halagüeña. ¡Hablo de Jason! El asesino sanguinario. El mismo que quería romperme el cuello. (Aunque ni me ha tocado un pelo). El mismo que me ha ordenado que matase a Gerard. (Aunque me ha dado a elegir: él o yo). El mismo que me ha dado la daga para matar a Gerard. (Aunque sólo me la ha confiado en caso de necesitarla y me ha salvado la vida). El mismo…


Si le voy a añadir a todo pros ¿porqué me molesto en desacreditarle? ¡Cojones!


Qué nochecita más larga va a ser esta.


- ¡Ya lo tengo! –el sonido del tecleo muere-. Bueno, en realidad, son dos: The Roundabout Hotel o Chequers Hotel. ¿Tú qué dices?
- ¿Cuántas habitaciones tiene cada uno?
- El primero 25 y el otro 9.
- El primero –ni se lo piensa.
- Joder, qué antisocial. No sé ni para qué pregunto –se queja Jack.
- ¿Te oyes cuando hablas? Deberías hacerlo de vez en cuando, te lo aconsejo –contesta jocoso.
- ¿De qué hablas?
- También deberías escuchar a los demás.
- En serio, me he perdido.
- Has asegurado que soy un antisocial por ¿elegir un hotel donde hay más plazas y, por ende, más gente? Hoy estás de suerte. Te doy otro consejo gratis: léete un diccionario. Cuando captes el significado de “antisocial”, hablamos –se cachondea.
- Joder, tío. Cómo te rallas y me rallas. Sabes qué he querido decir. Cuánto más íntimo sea el lugar, más acogedor será el trato.
- Jack, no estamos de vacaciones. No es por gusto que estamos metidos en esta situación.


Reverbera el sonido de su voz carente de calidez. No obstante, tampoco hay frialdad en ella. Carece de todo sentimiento. Una voz muerta.


- ¿Qué soy? ¿Idiota, como para que me lo tengas que restregar por la cara? –se ofusca-. Sé perfectamente cuál es nuestra posición sin que me lo tengas que explicar.
- ¿Ah sí? –recalca ingenuamente.
- Dakota…


La sensación de calidez, familiaridad e hilaridad que se respiraba momentos atrás, desaparece. Como si quienes compartiesen este mismo coche fuesen dos desconocidos que han tenido la desgracia de cruzarse en el camino del contrario.


Pero ¿quién asegura que todas las familias están unidas? Y las que lo están, ¿quién pondría la mano en el fuego afirmando que no sólo son apariencias? Aún más importante, ¿cómo unos extraños pueden formar una familia unida cuando hay tantas familias auténticas que ni se entienden?


- Sólo lo hacía por ella –resopla pesadamente el copiloto-. Por no presionar tanto.
- Pues déjala. Esto es lo que hay.
- ¿Por qué le fuerzas? Ahora es parte de nuestra familia. Sé que no eres precisamente de trato fácil pero, para ella, es todo nuevo. Sé más comprensivo, ¿vale? –Jason refunfuña-. Al menos que disfrute un poco, no lo está pasando bien. A saber qué ha intentado el francés. Bien sabes que iba detrás de Christian, ella debe haberle sido como un conejillo de indias aunque ha fallado. Lo que me extraña es cómo ha acabado así. Y no consigo quitarme la imagen de la daga que tenía en la mano, me suena de algo –rumia.
- Olvida el asunto –resuella cansinamente-. Y haz las reservas del hotel, tú que tienes más labia.
- No es labia, es empatía. Virtud de la que careces.
- No la necesito y menos si es para tratar con humanos –se asquea.
- En serio, tío, lo tuyo es grave. ¿Por qué les tienes tanta aversión? Te recuerdo que, al igual que yo, también fuiste uno de ellos. Aunque no te acuerdes, eso no es excusa.
- Si tú lo dices…
- Sea como sea, y no me cambies de tema, tienes que portarte bien con Anabel. Tenemos que cuidar de ella, es la más vulnerable de nuestra familia –predica como un buen chico.
- Toda tuya.
- ¡Rancio!
- Adolescente.
- Lo dices como si fuera malo – se queja.
- Lo es cuando lo eres de por vida, como en tu caso. No importa los siglos que pasen, seguirás siendo un crío eternamente.
- Bah –resta importancia-, a los humanos también les sucede y es peor cuando tienen 40 ó 50 años. ¡Qué cuadro! Es lo que llaman el Síndrome de Peter Pan, o algo así –se desvía-. En cambio, es la mejor edad para ser inmortal. Ligas con las más jovencitas y con las más maduritas. ¿Sabes lo que le pone una ama de casa un chaval de 18? –se entusiasma.
- No me interesan tus conquistas –gruñe.
- Pues debería. Dudo que tú sepas ligar. Te falta empatía –se descojona.


Con el incandescente buen humor de Jack y el gorjeo de palabras de fondo como nana, adormecida, me acerco a un silencio tranquilizador, alejándome de un sonido que se deforma. Y respiro tranquila, porque lo que más necesito es un sueño reparador que aligere mi cabeza.




Cortinas color huevo con un estampado floral. Es el primer contacto visual con el que topo nada más abrir los ojos. Qué horterada. No tengo el humor para nada alegre. Unas buenas cortinas negras como nubarrones es lo que me relajaría. Sí, algo más deprimente que mi estado de ánimo.


Está visto que lo mío es despertar en camas de habitaciones ajenas. Con esta, ya van tres. ¿Cuándo despertaré en un sitio amigo?


Independientemente de si han pasado minutos, horas o, incluso, días, según parece, hemos llegado bien a Pulborough. Y ni rastro de Jack. Sospecharía que me han abandonado en esta habitación doble de hotel si no fuera por el portátil, los papeles revueltos y la taza de té que hay encima de la mesa de enfrente. No andará muy lejos. Era Jason quien debía volver a aquel lugar, por suerte. Habría sido muy incómodo quedarme a solas con él.


¿“Incómodo” es la palabra más adecuada para catalogarlo? ¿Violento, quizás?


Después de los resultados de estar sola con él y seguir sus consejos, desearía que esta circunstancia no se repitiese. No me ha “inducido” a matar pero el resultado final, a pesar de ser fortuito, ha sido el mismo. Sin embargo, de lo que recelo es de la adrenalina que produce en mí el recuerdo de tener a esa criatura tan poderosa de rodillas ante mí, en estado de consumición.


Poder y supremacía, una mala mezcla de asociación cuando estimula la dependencia.


Aún así, me pregunto ¿cómo matará Jason a Natasha? ¿Será una pelea salvaje y cruenta? Me muero de curiosidad por presenciarla. Este éxtasis, sin duda, absorbe el decaimiento que me acompaña. Nunca he sentido esta viveza primitiva. Es nueva para mí.


- ¡Ye! Por fin, una compañía agradable –el pelirrojo entra por la puerta-. ¿Has dormido bien?
- Sí.


Para una pregunta de cortesía, no es necesario agregar más. Dudo que le interese. No somos más que dos desconocidos en una misma habitación. Es uno de ellos. Sigue órdenes de Christian. Uno de los miembros de su familia. Si no fuera por él, pondría la mano en el fuego por que me dejaría a la primera oportunidad. No he de bajar la guardia aunque muestre familiaridad o cercanía.


Desconfianza.


Por lo visto, hoy he amanecido con nuevas ideas que difieren de las de ayer. Estoy rara. Como si fuera un cambio de aires lo que genera el rumbo de mis opiniones.


Me enterraré entre las sábanas y no saldré de la cama hasta que vuelva a mis cabales. Hasta que mi cabeza descanse lo suficiente como para ordenar ideas y asimilar acontecimientos.


- Apariencias –responde a mi muda mirada distraída-. Te hubiese ofrecido - sale del baño con la taza de té en las manos dejando atrás el sonido de la cisterna- pero después de dos horas dudo que estuviese en buen estado. Dicen que este té se toma caliente –se encoge de hombros-. No te preocupes tenemos servicio de habitaciones –sonríe como si fuera el mejor invento del siglo.


De nuevo, deposita la taza vacía en la mesa. Se da la vuelta y si quería hablarme, lo descarta. Sus labios vuelven a su posición inicial y, de pie en medio de la habitación, sólo me otea.


Todo lo que hago es sostenerle la mirada sin saber en qué piensa. Esperando.


- ¿Qué? –sólo pregunto para dejar de sentir la presión de su fijeza.
- Sólo pensaba –sí, hasta ahí llego.
- ¿En qué?
- ¿Cómo has matado a Gerard? –abro los ojos de par en par, de sopetón-. Perdona si soy demasiado directo. Pero me interesa cualquier información, por insignificante que sea, que puedas facilitarme sobre la daga que tenías en las manos.


¿Este tema no estaba ya zanjado? ¡Joder, Jason te podrías haber esmerado en inventarte algo que le dejase satisfecho! ¿¡Qué le cuento yo!?


- Bueno, yo tampoco sé mucho –me froto las manos nerviosamente-. Ocurrió todo tan rápido. Sólo me defendía. Cuando se acercó demasiado, cogí lo primero que tuve para defenderme.
- ¿Ya estaba en la habitación la daga? –le choca.
- Sí.
- ¿No es Christian el único que entraba?
- Sí –y todo aquel que tuviese llaves, como Gerard.
- ¿Tú has salido de esa habitación?
- No –ay, Dios. Esta confesión empieza a tener agujeros.


Idiota de mí. ¿Por qué encubro a ese desquiciado?


- ¿Estás segura?
- Sí –estúpida, muérdete la lengua. O será peor.
- Bien –vocaliza pensativo-. Gracias por responder a mis preguntas –sonríe animadamente y no sé qué le pasa por la cabeza.


Quizás sea mi nerviosismo el que le haya convencido. El mismo nerviosismo que no controlo, ocultando la verdad. El que confunde con el miedo de recordar lo vivido. Una doble interpretación. No seré yo quien le desengañe. Sea como sea, es problema de Jason. Ahora estamos en paz. Le debía una por la daga, la misma que me ha salvado la vida.


Siguiendo el plan al pie de la letra, Jack y yo únicamente debíamos esperar el regreso de Christian y Jason. En una de las tantas conversaciones que mantuvimos, me explicó que, anteriormente, nos encontrábamos en el Castillo de Arundel. Se hacen visitas guiadas e incluso se ha grabado alguna película en él. Pero siempre con restricciones. No obstante, ellos son la excepción. Cuando le pregunté por el motivo lo único que contestó fue “contactos”. Como si fuese sumamente evidente.

La convivencia ha sido corta y el tiempo ha pasado volando. Que Jack se haya quedado conmigo no ha sido casualidad, más bien, ha sido premeditado. Su personalidad abierta y cálida borra en segundos la desconfianza. A su trato casi humano reaccionas con apego. Él, ha sido el primer vampiro al que he bautizado como amigo. Incluso es extraño pero, con él a mi lado, el trato con “humanos” ha sido perturbador ya sea en el restaurante del hotel o las escasas veces que salimos a visitar los alrededores del pueblo. Y estoy completamente convencida que el motivo de la inquietud no era porque son extranjeros. Tampoco es que confundiese a Jack con uno de ellos (con “humanos”). Sería delirante. Se mezcla entre ellos para no sobresaltar como todos los de su especie, según sus explicaciones, y por supuesto tiene sus “manías” que encaran ambas formas de vida.

Sus idas y venidas clandestinas. Comer sola, pues todo lo que pide Jack, desaparece de forma fugaz, ya sea por la taza del váter o acabe en el estómago de algún perro con el que se topa. Algunas frases o palabras españolas pasadas de moda como “tronco”, “chachi” o “jopetas”, entre otras. Desconozco si duerme, no le he preguntado y tampoco le he visto hacerlo. Indistintamente de si me acuesto o me levanto, él ya está enfrascado en sus frenéticas actividades que ocupan su tiempo libre. La inmovilidad completa de su cuerpo durante minutos cuando se encierra en sus cavilaciones: sin pestañear, sin respirar, no se le mueve ni un pelo. Se transforma en una estatua.

La primera vez que advertí su estado fue chocante. Me acerqué a él para averiguar qué le sucedía y, antes de levantar la mano para tocarle el hombro, con una agilidad que se tornó borrosa casi invisible a mis ojos, estaba de espaldas a él, sujeta por el cuello e inmovilizada. Sinceramente, fue acojonante el siseo amenazante que emitía, sus colmillos en guardia para atacar, el fierro agarre de sus brazos. No se cruzó por mi mente la fragilidad de mi cuerpo en sus manos, todo lo que experimenté fue una mezcla de provocación y respeto. En cuanto reparó en mi identidad, se disculpó conmigo por tener la guardia baja, aconsejándome que tuviese cuidado la próxima vez que me acercase a él, y como si nada hubiese pasado.

Lo sorprendente es la naturalidad con la que he asimilado esas peculiaridades.

Como todo, esa convivencia ha finalizado. Los dos días han pasado y siendo puntuales a su cita, hace unas horas, Jason y Christian han llegado a Pulborough. Y, en el mismo coche negro que nos trajo a este pueblo, vamos de camino al aeropuerto de Gatwick. Jack lo ha solucionado para que recojan el coche y así evitar ir en tren, tal como estaba previsto. Por dos motivos: el primero, Jason y su aversión a ser social y, el segundo motivo, el que me enerva, yo misma.

Anabel Soriano Martín, a los 18 años de edad, está muerta. Desconozco las causas de mi muerte y la fecha exacta. A pesar de ello, estoy muerta para el mundo entero. Y hasta que no disponga de una nueva identidad y esté en territorio “amigo”, es decir, rodeada de vampiros, he de tener cuidado por donde se asoma mi jeta.

¿Cómo he podido ser tan estúpida? ¿Cómo he podido pensar, al verle entrar por esa habitación de hotel, que el Sol volvía a asomarse por mi vida?

Todo marchaba de maravilla. Era imposible que mi día brillase con más intensidad. Esta mañana al despertar con el mismo regocijo y anhelo con el que despertaba cuando era niña cada 6 de enero, con la idea ansiosa de abrir los regalos que los Reyes Magos me habrían dejado la noche anterior, con esa misma inocencia y alegría esperaba su regreso. Porque, tal como me había garantizado mi nuevo y primer amigo, volvíamos a casa.

Con todas las letras, he alucinado con el efecto que ha incitado en mí al verle de nuevo.

Cuando se ha asomado por la puerta, lo he experimentado TODO. Y menos mal que me ha pillado sentada en el sofá porque si no dudo que mis piernas hubiesen tenido la fuerza para mantenerme en pie o para comedirme.

El galope salvaje de mi corazón, las ganas irrefrenables de lanzarme a sus brazos y gritar como una histérica, sonreír hasta desgastar mi sonrisa, abrazarle hasta que mis brazos doliesen, besarle hasta asfixiarme. Ha sido como descubrir el eje que sostiene mi mundo. Como la respuesta a todas mis preguntas. O la firmeza a mis inseguridades. Y, de repente, me he preguntado, ¿qué sería de un matemático sin sus números? ¿y de un zapato sin su horma? Absolutamente, lo mismo que sería de mí sin él. En ese mismo estado de catatónico me encontraba.

Pero nada más lejos de la realidad.

Se ha acercado a mí, entregándome una bolsa con una sudadera fina Active Wear y unos Levi’s sueltos junto a unas Converse, una gorra Nike y unas gafas de sol Ray Ban. Todo masculino. Después, un “Ponte esto, a plena luz del día es más fácil distinguirte.”, para rematar.

Han sido las palabras mágicas para congelar mis emociones en menos de un segundo.

El buen sabor de boca que me ha dejado la convivencia con Jack. El impacto que ha producido en mí el regreso de Christian después de nuestra separación en Arundel. Las perspectivas de un futuro prometedor con mi nueva familia (incluido Jason). La sorpresa de descubrir que estaría en Brooklyn (Nueva York), mi nuevo hogar. Han eclipsado lo más importante y, por ende, el último lazo que me amarra al mundo de los humanos. En cuanto aterrice en mi nuevo hogar, en cuanto ponga un pie en él, Anabel Soriano Martín desaparecerá y, con ella, todo lo he conocido y he querido hasta ahora. Me vaciarán como un recipiente cualquiera. Me quedaré hueca por dentro.

El jodido último paso.

Lo más triste de todo es que ya no hay tiempo para remediarlo. No sólo porque llevo enterrada varios días o alguna semana. Sino porque vamos de camino al aeropuerto y, sentada como voy al lado de Jack y delante como conductor Christian y Jason como copiloto, es imposible que pueda escaparme. Debía haberlo planificado en Pulborough, no haberme fiado de Jack y, en una de sus escapadas, fugarme. Quizás no habría llegado demasiado lejos pero habría luchado. Quizás podría haberme escondido en alguna parte hasta que se olvidasen de mí. Me importa poco que su secreto se revele. Si no anduviesen jugando con las vidas de personas inocentes, no correrían el peligro de ver su secreto expuesto.

Desde que me dijera “Ponte esto, a plena luz del día es más fácil distinguirte.”, he enmudecido. Me he cambiado como quería y he seguido sus instrucciones tal como me han indicado porque ya no sé qué hacer. Ahora, permanezco sentada en el coche con la misma posición inicial desde hace media hora que subí en él. Con la gorra y las gafas de sol puestas (no he querido quitármelas, a pesar de tener permiso dentro del coche), reclinada mirando por la ventanilla sin notar el paisaje. La cadena de música es quien rompe el silencio en el que estamos sumidos sus pasajeros, aunque no consigue esclarecer el ambiente enrarecido que se respira. No soy la única a la que le ha picado un bicho.

No más.

Quiero que todos mis pensamientos cesen. Que la voz de mi cabeza se sofoque.

Suspiro, sólo para poner en práctica la única vía de escape que espero me alivie. Es tan sencilla como concretar el sentido del oído en las letras de música que suenan por la radio para ocupar con música cualquier resquicio vacío en mi mente, para no dar opción a pensamientos no deseados. Anular el sentido de la vista, desplazarla a la oscuridad y evadir un paisaje que se muestra por la ventanilla de forma difuminada. Maldita velocidad. Por último, olvidar dónde y con quién estoy.

Bendito aislamiento.


En el mismo instante en que dejo de escuchar cómo resuena música en mi cabeza, despabilo. El paisaje cobra forma, reducimos velocidad.

- Ya hemos llegado –me informa mi compañero de asiento.

Sólo me giro para sonreírle de forma agradecida y estirarme en el respaldo del asiento. Después de haber permanecido con la misma posición encogida durante todo el trayecto, mi cuerpo está engarrotado. En ese fragmento de segundo, es donde nuestras miradas se cruzan en el espejo panorámico. Sus ojos verdes centellean. En cambio, no consigo sentir más que frío. Mi corazón ya no late frenéticamente. Sólo es un órgano que bombea sangre.

Lo siguiente, acciones tan mundanas como ovejas de un rebaño que siguen a su pastor.

El coche se queda en el parking. Nos dirigimos a un ascensor sin maletas ni ningún otro objeto. Sólo nosotros cuatro. A la vez, la voz de Jack da órdenes de forma vertiginosa a través de su móvil. Por el poco inglés claro que capto es sobre el coche, su posición. Se comunica con la persona que recogerá el coche.

Voy más desorientada que un pingüino en el desierto del Sahara, sólo atino a ir tras ellos. Ellos saben por dónde van. En mi vida, como un pez en su pecera, había estado antes en un aeropuerto ni había salido tan lejos.

En nuestra posición rezagada, Jack no deja de hacerme compañía. Manteniéndome al tanto de todo…

Según el pelirrojo, nuestro guía y agente de viajes temporal, tenemos que coger el vuelo en la terminal Norte puesto que viajamos con British Airways donde aterrizaremos en el aeropuerto de John F. Kennedy y, en el parking naranja correspondiente a la terminal 7 donde desembarcaremos, tendremos un Aston Martin V8 Vantage de color rojo esperándonos para llegar a Brooklyn, ya que el aeropuerto JFK está en el distrito de Queens. (Pero como yo de coches entiendo lo mismo que de razas de caballos, lo único que tengo claro es el color).

…Al tiempo, obedecemos los trámites oportunos: nos ponemos al tanto de la hora de salida de nuestro vuelo, pasamos el control de seguridad, localizamos la puerta de embarque,…

Por el contrario, actúo de forma injusta con la persona equivocada. Refugiada entre mis gafas, mi gorra y mi compostura indolente finjo oídos sordos a cuanto me explica afablemente. Embelesada precariamente en los carteles orientativos de color amarillo del aeropuerto y en los carteles publicitarios, en la distinta gente que nos rodea, en los mostradores de las distintas compañías de vuelo, en cualquier color, objeto, prenda o persona que me permita ignorar lo que está por ocurrir. Que me restrinja ver sus caras y distinguir en ellas reproche o censura a mi conducta pueril.

…A la espera de que abran la puerta de embarque, nos encaminamos a unos asientos rodeados de tiendas y cafeterías.

- ¿Necesitas algo? ¿Tienes hambre? –sus maneras serviciales son lo único que me causan un pinchazo de culpabilidad. Es buen chico y es mi amigo, al menos, lo era horas antes de cabrearme con toda su raza.

Sin mediar palabra, obcecada en mis treces, niego con la cabeza y reparo en los tres pares de ojos que me prestan una atención absorbente. Escalofriante.

Con un “vuelvo en cinco minutos”, Jason se esfuma. Christian y Jack se distancian para discutir de vete tú a saber qué. Y yo, sentada, me distraigo con las caras y los trajines de la multitud, conjeturando por el motivo de su viaje.

- Shut up! –¿Eh?-. I’ll call u later! –repugna a través del móvil.

Un hombre corpulento pasado en años, calvo y trajeado, con gesto arisco, corta la llamada. Tomando asiento en la misma fila de sillas en la que estoy. Sólo le ha faltado tirar contra el suelo el aparato y gritar enloquecido mil improperios para aplacarse.

Disimuladamente, me fijo en él, sin olvidar la tarea en la que estaba sumida segundos antes que me desconcentrara, le tomo como mi próximo entretenimiento.

Se llama John y tiene 58 años. Está en trámites de divorcio. El mes pasado pilló a su mujer, Lucy de 45 años, con su profesor de yoga, Paul de 30, en su cama. Después de ponerla a parir hasta la saciedad, la puso de patitas en la calle y llamó a su abogado y mejor amigo, Billy Jr., para que jodiese de forma legal su matrimonio y a la zorra de su mujer. Desde entonces que no pega ojo y su mal humor va en aumento. Lucy tiene amigas tan lagartas como ella y le han presentado a un buen abogado que trata de robarle, con el divorcio, hasta el último centavo que posee. El único toque de color que tiene su triste vida es Joanne, su secretaría de 38 años. A pesar de estar casada y tener dos hijos, no es impedimento, para este viejo verde, acosarla.

Una risa fluida, arrolla el culebrón espontaneo. Qué cruel soy. Pobrecillo. Como respuesta de autodefensa, mi cuerpo se tensa. Antes de averiguar a qué se debe, ya conozco el motivo del impulso. Oculto mi sonrisa, me domino para hacer frente a sus ojos color esmeralda. El cristal oscuro de las gafas, esconde mi mirada furtivamente. Pero no es un inconveniente para que tropiece con ella. La divisa directamente. Hago caso omiso a su atención.

Me cruzo de piernas y giro el cuello 45º en dirección a John que lee el Sunday. En mi inspección sobre su persona, asomado por el bolsillo, sobresale su móvil.

Como un relámpago, una idea resplandece fugazmente por mi sesera.

Los latidos de mi corazón han desertado de ser apocados. La respiración se acelera. Tiembla mi pulso. Y mi cuerpo por entero se vuelca en este tumulto.

Ahora o nunca. Ahora o nunca. Ahora o nunca. Ahora o nunca. Ahora o nunca. Ahora o nunca. Ahora o nunca. Ahora o nunca. Ahora o nunca…

Cerca de John hay una papelera. Los dos vampiros continúan con lo suyo. Puede funcionar. Y si me pillan infraganti, a la mierda con todo. Esta es la mía.

Lentamente, me levanto cubriendo todas las retaguardias contando hasta con una aparición inesperada de Jason. Paso a paso, meticulosamente, me desplazo hacia la papelera. Simulo depositar en ella un envoltorio inexistente. Y regreso. Esta vez, tomo asiento al lado de John. Me repantingo con la guardia bien alta, centrándome en los movimientos de mi mano derecha. Milímetro a milímetro, la deslizo hacia el bolsillo del pantalón. Rezando por que al hombre no le dé por levantarse o moverse ni por que acabe en una hazaña frustrada.

Con los oídos ensordecidos por el tamboreo de mi corazón, el tembleque forzadamente controlado de mi pulso y el hervor de mi sangre por mis venas, ruego por no desmayarme por una bajada de tensión.

Rozo el móvil a tientas y, antes de cazarlo y escondérmelo, me aseguro de atar bien todos los cabos. El hombre con su periódico sin signos de concluir con su lectura. Los otros dos, en su propia burbuja. Al tercero en discordia no lo avisto por ningún lado. Y el resto del gentío, a lo suyo, ni caso. Bien, todos los flecos cubiertos.

Ahora.

Me apodero del móvil para ágilmente cruzarme de brazos y guardármelo dentro de los vaqueros. Suerte que no son ajustados.

A darse el piro. Que no suene el móvil. En serio, de todas las personas que conozcan a John que nadie le llame en la próxima media hora. Ni Lucy, ni Billy Jr., ni Paul, ni Joanne. ¡Nadie! Por favor.

Airosamente, me incorporo recorriendo el perímetro. Buscando un punto específico.

- ¿Qué ocurre? –está a mis espaldas.
- Localizo los servicios.
- Te acompaño - ¡no!
- Puedo ir sola. ¿O tienes intención de entrar? –me inclino para susurrarle al moreno-. Porque aunque vaya vestida de chico pienso entrar al servicio de mujeres.
- Te acompaño –repite con aplomo.

Mierda.

Escudriño el rostro de su compañero de charla que no se ha movido de su sitio mientras nos alejamos.

- ¿Prefieres que te acompañe Jack? –¡pero qué dice!
- No necesito compañía para hacer lo que tengo que hacer. Qué poco tacto y qué falta de intimidad –me encabrito.
- Voy a esperarte en la puerta.
- Faltaría más.

¡Ni que se pensase que le iba a dejar entrar conmigo al retrete!

Entro a los servicios asegurándome que cierto vampiro sin educación, me sigue. Me encierro inmediatamente, sacándome el móvil. Bajo la tapa y me siento en la taza, calculando la magnitud de mi mala acción. Si bien, a este punto, es tarde para arrepentirse. Respiro hondo. Tengo que darme prisa.

Silencio el teléfono y tecleo 963… No, no. Espera. Falta el prefijo de España. ¿Cuál es? Lo tengo en la punta de la lengua. El treinta y… ¡Treinta y cuatro! Venga, rápido. ¡Sí, da tono! Corre, contesta. ¡Venga!

Creo que voy a vomitar, eso si no me desmayo antes. Qué nervios. Tengo el corazón en la garganta.

- Dígame.

La voz de mi madre suena al otro lado. Nunca me pareció tan bonita como hasta ahora. Tan bonita que me hace llorar.

- …

Se me oprime la garganta, no me sale la voz. ¿Por qué?

- ¿Dígame?

Mamá, estoy aquí.

- ¡Diga!

Quiero volver.

Cuelga.

No, no. Otra vez. Esta vez, sí. Esta vez le diré que la quiero. Que les quiero a todos. Que estoy bien y que les echo de menos.

Con la vista borrosa, mojando el móvil con lágrimas que se derraman y con las manos temblando, vuelvo a llamar a casa.

Sin embargo, antes dar la primera señal, el móvil desaparece de mis manos.

Alzo la cabeza. Delante de mí, Christian, con una mirada furibunda, sostiene el móvil. La cerradura de la puerta está destrozada.

- Vamos –demanda austeramente, levantándome del brazo con la mano libre.

Desmonta el móvil. La carcasa la arroja a la papelera y la tarjeta sim y la de memoria junto a la batería las lanza por la taza del váter, tirando de la cadena.

Me saca delante suyo de los servicios. Maquinalmente, le obedezco. Haciendo eco en mi cabeza, el sonido de la cisterna. Una y otra vez. La vista se me nubla y dejo de distinguir y apreciar lo que me rodea. Me encierro en mí misma.

El filo de ambas realidades que se ha fragmentado. Para permanecer definitivamente en una sola. En un solo mundo, al que Christian me arrastra.

Por el desagüe, junto a las piezas del móvil de John, se desliza mi antigua vida: mis recuerdos, mi familia, mi infancia, mis amigas, la adolescente que tenía que recuperar dos asignaturas para examinarse en septiembre del selectivo. Ellos ya me dan por perdida, ahora es mi turno darles a ellos por perdidos, incluida a mí misma.

Me quedo con los brazos vacíos como una madre a la que le han quitado a su bebé. Un bebé que nace de sus entrañas, un bebé que es parte de ella misma, un bebé al que ha esperado impacientemente, un bebé completamente dependiente de ella.

¿Puede una madre sustituir a ese bebé perdido? ¿O siempre sufrirá su pérdida sin importar que tenga otros? ¿Podré yo tener una nueva vida y nuevos sueños, aún arrancándome la que me pertenece? ¿Querré tenerla? ¿O, insatisfecha, no aceptaré otra excepto la que me han arrebatado?

No tengo respuesta para un advenimiento tan trascendental. No aún.

De lo que sí estoy segura es que, a pesar de que esta herida cicatrice, su marca permanecerá siempre conmigo, grabada a fuego vivo. No es algo que olvidaré. Ni les olvidaré a ellos. Ni ellos me olvidarán. Porque, aunque el dolor nos tiente a querer olvidar, nuestro amor es más fuerte. Nuestra lealtad es estúpidamente mucho más pura. Y en consecuencia, la tristeza irrevocable.

Cómo hubiese querido apreciar lo que tenía, tanto como lo aprecio en este preciso instante. ¿Por qué no sabemos apreciar lo que poseemos hasta que nos lo roban? Si lo hubiese hecho, esta historia ni siquiera se habría engendrado. ¿Por qué es ahora cuando quiero soñar con cosas tan mundanas como mi vida universitaria? ¿Por qué es ahora que siento curiosidad por ser publicista o periodista, incluso por independizarme, por vivir como una más en medio de tanta otra gente sumida en sus vidas?

¿Por qué el ser humano es tan rematadamente ignorante y no valora lo que tiene hasta perderlo?

Si descubriese que todo ha sido un sueño y me devolviesen lo que me pertenece, ¿se desvanecería este repentino interés? ¿Sólo consigo interesarme por lo que no puedo tener? Antes quería que Christian se fijara en mí, quería conquistarle y ahora que estoy con él ¿por qué pienso en lo que he perdido? ¿Acaso esta es mi naturaleza? ¿Ansiar todo aquello de lo que carezco? Es aterrador.

En todo el mundo, no hay chica más perdida, engañada y necesitada que yo en este instante.

Porque quiero estar entre las faldas de mi madre y llorar como jamás lo he llorado. Mientras ella me acaricia la cabeza para tranquilizarme.

Porque quiero que mi padre esté en pie delante de mí para protegerme de lo que me hace daño.

Porque quiero que Eloy coja mi mano para sostenerme y, así, no caer.

Porque quiero que Ángel me haga reír con sus chorradas para no estar triste.

Porque quiero que Lara y Menchu me abracen para hacerme saber que no estoy sola, que están conmigo en las buenas y en las malas.

Demasiado tarde para todos nosotros. Para mí, para ellos.

Adiós. Y gracias por todo.

16/01/10

Yo en Mientras Lees

Seguro que os acordáis del blog Mientras Lees y a sus miembros quienes dedicaron un espacio a Noches e hicieron su primera reseña.

Pues bien, se han vuelto a adelantar y son los primeros en entrevistarme. ¡Qué guay!

¡Ha sido una experiencia agradable y amena! Creo que ha salido bastante bien para ser una novetilla ;)

¿Queréis conocerme un poquito mejor?

Pinchad en el logo:


P.D.: Me queda pendiente responder los comentarios. Mi hermana me raciona el suministro XS

13/01/10

Capítulo 8: Decisiones apresuradas

Capítulo 8: Decisiones apresuradas

A ciegas. Totalmente a oscuras.

Aturdida. Confusamente perdida.

Sosegada. Serenamente calmada.

Y la daga en mis manos. Y mis manos temblando junto a todo mi cuerpo. Y mi cuerpo en una habitación presa de un vampiro. Y un vampiro que…

Mi subconsciente me vuelve a la realidad.

El tiempo se ha detenido. El mundo ha debajo de girar. La vida se ha estancado a un solo momento.

Gerard me mira a los ojos. El color rubí ha desaparecido en ellos. Unos bonitos ojos color avellana cargados de pavor, les reemplazan.

En su pecho, en el costado izquierdo, enterrada la daga. Mi mano no la deja ir, aferrándose a la vida.

Dudando, doy marcha atrás. Sustraigo la daga de su cuerpo. Permitiendo que el tiempo transcurra de nuevo.

Los efectos de la daga no se hacen esperar.

La sangre que vomita su herida, se ennegrece. La piel envejece como una hoja seca en pleno otoño. El musculo se quema produciendo un ligero vapor y mala olor. Y se extiende desde el centro de la puñalada. Lentamente, sin pausas, le carcome vivo.

La criatura cruel se torna un cachorrito, sufriendo de dolor. Y grita. Y no puede hacer otra cosa más que sufrir y consumirse rezando por que todo acabe. Pero no acaba fácilmente. Y sólo con la muerte hallará la paz y el descanso. Y quiere morir. Sus ojos me suplican que no espere, que le degüelle de una estocada.

Dios mío. ¿Qué he hecho? ¿Qué hago?

Todo el cuerpo se me paraliza. No estaba preparada para esto. Como una cobarde que soy, observo cómo su tormento le devasta. Hasta que su cuerpo envejece por entero.

En esa forma, ya no identifico al joven guapo que era el francés.

Su padecimiento finaliza. Un silencio sepulcral se despliega. El frío asola.

La muerte. La he invocado. Acude a mi llamada, a por lo que le he regalado.

Se convulsiona mi pecho. Me asfixio. Se nubla mi mente. Me mareo. Veo todo borroso. Aún así distingo con claridad la sangre que cubre mis manos, la daga que no he soltado.

Lágrimas que se derraman solas. Algo dentro de mí, llora. ¿Mi corazón? ¿Mi juicio? No lo sé. Ni siquiera soy capaz de sentirles en este instante. Ni siquiera sé si son lágrimas de tristeza.

Un pensamiento egoísta me inunda. Me he salvado de sus garras.

Cuestión de supervivencia, lo ha nombrado el ángel negro. ¿Será este motivo válido para perdonar mi pecado? ¿Existe perdón por cometerlo aún cuando no hay remordimiento?

Deshecha. Reducida a cenizas. Así me encuentro.

La razón se ha suicidado. Mi corazón ha dejado de latir. Y no siento tristeza. Más bien, gozo por ser él y no yo. Por sobrevivir. ¿Dónde ha ido a parar mi parte noble? ¿Aquella que lloraría por una vida perdida?

Humanidad, le he dado la espalda. Como una de ellos.

Sin escrúpulos ni miramientos con un corazón de hielo, la oscuridad es demasiado impasible. Christian, ¿porqué me has arrastrado a tu infierno personal? ¿Este es mi futuro?

Traquetea la puerta. Alguien se infiltra por ella. Le examino, me devuelve el escrutinio.

No es Christian. Ni tampoco Jason.

Es de mi edad. Pelirrojo. Un rojo intenso y oscuro. Pelo indomable. Ojos tan negros como la noche. Colgando discretamente de su oreja izquierda, un pendiente en forma de cruz. Viste una chaqueta con capucha y sin mangas de cremallera larga. A juego con unas bermudas de cuadros claras y unas joggers. Un brazalete tatuado en la muñeca derecha y unas gafas de sol enganchadas en uno de los bolsillos de las bermudas.

No hace amago de retirarse. Sabe dónde está.

Sus ojos estupefactos reparan en la daga. Acto seguido, en el cuerpo sin vida que no es más que un cadáver marchito.

- ¡Mierda! –reluce el piercing de su lengua.

Se marcha, desmedido.

Otra vez sola. ¿Tan grave es lo que he ocasionado? Me duele la cabeza. Deseo que amanezca, esta va a ser la noche más larga de mi vida. ¿No podría ser todo una pesadilla?

Reposo en el borde de la cama, suelto la daga. Ya no la necesito.

Si yo hubiese callado, Gerard se habría ido. Si no hubiese preguntado, no se habría forzado hasta ese límite. Todo es culpa mía. Aunque no siento ni pizca de ella. Gerard se me ha vuelto indiferente.

Por medio de la puerta abierta, reverbera un correteo cada vez más grave. Espero sentada, escuchándolo. Cada vez más inminente, cada vez más cerca.

- Anabel – accede Christian a la habitación, boquiabierto.
- Ha sido un accidente –tartamudeo saliendo de mi estupor de frialdad e insensibilidad con su sola presencia.

Las lágrimas renacen, el dolor emerge. Me siento tan vulnerablemente pequeña como una niña de 2 años.

- Shh, tranquila –se arrima-. Todo está bien.

Me resguardo en sus brazos y a todo se le borra el sentido. Me coge en brazos y me acuna. Como a una niña pequeña. Susurrando palabras de afecto y apaciguadoras. Se me renuevan las ganas de llorar por su gentileza. Sin embargo, mis ojos descansan. Tan segura y calmada, sólo le abrazo más fuerte. Para que no me desampare. Sólo así encuentro la calma que me demanda mi mente.

- Buena chica –me besa en la cabeza, una vez me he sosegado.

Y sus acciones, hacen que me comporte de una forma más frágil. Para que siga mimándome.

- ¿Se repondrá?

Esa voz desconocida me orienta hacia el pelirrojo, que momentos atrás desapareció en un abrir y cerrar de ojos nada más ver a Gerard. Y detrás de él, apoyado en la puerta de forma triunfante…

¡Jason!

Al cruzar miradas, con el dedo índice de forma vertical censura sus labios sonrientes. Señal de que esconda nuestro secreto.

- Sí –la voz de Christian es firme-. Es fuerte –acaricia mi pelo-. En cuanto descanse, estará como nueva. Ella es especial –intensifica su agarre en mí.

¿Cómo no creerme protegida de esta manera?

- Bien, entonces, respondiendo a tu “todo está bien”… ¡Y una puta mierda! ¡Nada está bien! –el pelirrojo se encoleriza-. ¡Ha asesinado a uno de los elegidos! ¡Vamos a tener serios problemas!
- Uno menos, uno más –tararea Jason.
- ¿¡A ti también se te ha nublado el juicio!? –le recrimina-. Aunque tú siempre pasas de todo, menuda novedad –refunfuña alicaído.
- Cálmate, Jack. No pasará nada. Tú bien lo has dicho, era uno de los elegidos, que escojan a otro –sopesa mi moreno.
- Sois imposibles – vocea.
- Y tú la estás asustando.

Me aferro melindrosamente a su cuello y el otro me contempla, se modera.

- Está bien –recapacita-. ¿Y qué hay de El Tribunal? Christian, tú también eres uno de los elegidos. Esto perjudica tu posición. Te destituirán.
- No, si él me ayuda. Es el más antiguo y respetado de los miembros de El Tribunal y uno de los más altos cargos.
- ¿Piensas pedirle ayuda a él? –se inquieta-. ¿¡Estás loco!?
- Jack. Es mi creador, no dudará en hacerlo.
- Claro que no. Pero pagarás con creces ese favor. ¿No hay otra vía? Seguro que entre los tres se nos ocurre algo.
- Olvídalo, Jack –interrumpe Jason que hasta ahora ha permanecido al margen de su discusión-. Tal como están las cosas, eso es lo mejor. Con la Nueva Era encima, no hay otro modo.

Con esas últimas palabras, dan por concluida su pequeña reunión. Aunque he de admitir que desconozco más de lo que han hablado. Los elegidos, ese tribunal, el creador de Christian, la Nueva Era, ¿qué es lo están montando?

- Aceleraremos los planes.

Resuelve mientras me baja de sus brazos para coger una sábana de la cama y cubrirme con ella.

- Yo me encargaré de todo esto. Vosotros dos, la sacaréis de aquí y cuando me reúna con vosotros volvemos a casa. No pueden saber que está aquí ni que ha sido ella quien lo ha hecho.
- ¿Y qué le dirás a Sebastian?
- Ya me inventaré algo.
- ¿Seguro? –rebate-. Como se entere después, estamos muertos. Aunque seas su protegido, te las hará pagar –su voz se agrava.
- Confía en mí. Igual que la Nueva Era nos debilita para hacernos cargo de esta situación, también nos aventaja para formar alianzas contra los Originales.
- Es decir, con esto consolidamos nuestra inclinación en esta rebelión.
- Hace tiempo que dejamos de ser Neutrales, Jack.
- Como quieras, tú mandas –aspira-. Nos la llevaremos a Pulborough –retoma los planes-, allí hay una estación de tren que puede dejarnos en Gatwick. ¿Suficiente lejos para ti?
- Sí. Lo importante es que la saquéis de Arundel. No quiero correr riesgos con ella aquí.
- ¿Cuánto tiempo necesitas?
- Dadme dos días.
- Entonces me encargaré de los billetes.
- Bueno si no hay que conjeturar nada más –corta el rubio que sigue pegado a la puerta-, larguémonos antes de que se monte la gorda. Natasha, esa una perra en celo, no le deja ni a sol ni a sombra y no tardará en buscar al snob mustio. Cuando vea su nuevo cambio de look… –sonríe-. No tengo intención de estar, cuando esa loca despotrique.
- Te estás pasando –le reprende el pelirrojo.
- Bah. ¿En qué he mentido?
- Tus verdades son demasiado ácidas.
- Sí –se endereza cubriéndome más con la sábana-. Y si descubre que ha sido Anabel, no habrá lugar bastante grande en este mundo para esconderla –me estrecha en su abrazo.
- Sin mencionar, que si esa arpía lo descubre, es capaz de eso y de fragmentar la unión de los Reos –advierte Jason.
- Y si nos dividimos en dos –sigue el pelirrojo-, la Nueva Era jamás verá la luz del Sol. Perderemos nuestro futuro, antes de haber apostado por él.
- Yo me encargaré de ella.

Su voz lúgubre guarda más de lo que disfraza, dudo que Jason se haya rehabilitado.

- No, lo haré yo. Ya lo hemos convenido, pondréis en lugar seguro a Anabel.
- No te preocupes. Así se hará y después no dejaré rastro sobre la faz de la Tierra de esa perra de Natasha –escupe.

¿Por qué la aborrece tanto? Me alegra no ser yo.

- Si te encargas del snob y de esa al mismo tiempo, cantará. Jack y yo nos iremos, volveré a escondidas y desaparecerá sin más contratiempos. Fue él quien la trajo, no sería de extrañar que se esfume cuando se descubra el cadáver. Nadie sospechará.

Esta vez sí que la he armado a lo grande. ¿Es por eso que me ofreció la daga? ¿Para tener un motivo por el que asesinar a la tal Natasha?

- De todas formas, con la chica o sin ella –me apunta con el dedo-, marcharnos y dejarte solo tampoco sería inusual. Sólo hemos venido a la reunión del Consejo.
- Lo dejo en tus manos, pues. Ahora daos prisa. Que nadie advierta su presencia al salir.

Con una sábana por encima estilo fantasmita, creo que doy más el cante. Supongo que Christian sabe lo que hace.

Nuestras miradas se cruzan. ¿Y pedir que me separe de ese color esmeralda sin objeciones? ¿Servicialmente?

- Atiende –sus dos manos inmovilizan suavemente mi cara-, esto es importante –su tibieza me resigna, sus ojos me atolondran-. Partirás con ellos y dentro de dos días, iré a por ti y te entregaré a tu nuevo hogar. Como debía de haber sido desde el principio.

El pelirrojo se acerca de forma amistosa ofreciéndome su mano, Christian me empuja suavemente para que la acepte. No obstante, capturo su brazo derecho. Azorada.

Sé que no hay otro modo, que bastante ya la he liado. Sin embargo, ¿por qué sospecho de su palabra? ¿Y si aprovecha para abandonarme? ¿Cómo recuperarle?

Esta inseguridad me engaña. Esta ansiedad me subyuga.

Por toda reacción, el chico enfrente mía, se resigna aún con la mano extendida. El chico de mis espaldas, me atrae hacia él, rodeando mi cintura con sus brazos, apoyando dócilmente su barbilla en mi cabeza.

- Te dejo en sus manos porque confío ciegamente en ambos. Si no eres capaz de fiarte de ellos, fíate de mí. Esto lo hago porque no hay otro camino.
- Me llamo Jack y aquel rubiales es Dakota –señala a Jason-. Es un poco antisocial y gruñón –refunfuña sonoramente el ahora Dakota-, ¿lo ves? – exterioriza todo convencido-. No te inquietes, te acostumbrarás a él. Lo corroboro por experiencia. Yo soy un tipo majísimo y mega ultra chachi, ya verás cómo nos llevamos de maravilla.
- ¿Mega ultra “chachi”? –ríe por lo bajini Christian.
- ¿Lo dudabas? –gesticula dramáticamente.
- No, para nada –exagera chistosamente.
- Ignoraré ese tonito –asegura suspicaz-. En cuanto a ti, ¿cómo te llamas, guapa?
- ¿Que no has oído a Christian llamarla Anabel? –resopla el chico, para el que a mí, siempre será Jason.
- Tú cállate, antisocial –le amonesta-. Le he preguntado a ella y tiene boca para hablar. ¿Y bien, guapa? –me sonríe flamantemente.
- Me llamo Anabel, mucho gusto

¿Qué otra cosa más puedo decir?

- Ese es un antisocial pero este está un poco tocado de la cabeza –cuchichea divertido-. De pequeño le pegaba demasiado al azúcar y se volvía tan hiperactivo que su madre, la pobre mujer, acabó por atarle a una silla para tenerlo controlado cuando no podía estar para él, o cuando la mataba directamente de los nervios. Lástima que no entendiese el concepto “estarse quieto”. Pues se dio un señor porrazo en la cabeza al, deliberadamente, balancear la silla y ni con esas se desató –contiene la risita-. Desde ese incidente, nuestro Jacky, no volvió a ser el mismo…
- ¿¡Qué le estás contando!? –interrumpe el aludido.
- Que os larguéis de una vez –ordena de buen humor-. De lo contrario amanecerá y estaréis aún aquí –reafirma cansinamente.
- A eso nos disponíamos, antes de que la retuvieras –subraya su abrazo.
- ¿Ahora es culpa mía?
- ¿De quién si no? Buen anfitrión estás tú hecho, cuando ni siquiera haces las presentaciones como manda la tradición. ¿Cómo quieres que se vaya con los primeros desconocidos que pasan por su puerta? ¡Pero suéltala, que nos vamos! –le abordan inusitadas prisas.
- Que sí, que sí –pasa de él.

Lentamente, acaparando cada segundo, desenlaza la unión de sus brazos. Y con un disimulado beso en la cabeza, me permite abandonar su lado.

Tímidamente sin recelos, avanzo hacia Jack, aceptando su mano. El nexo forjado entre ellos, me conforta.

- Γνωρίζετε τι πιο αγαπώ, πολύτιμα. Αναμένεται από εμένα.¹

Volteo la cabeza antes de que el agarre de mi nuevo guardián me arrastre fuera de la habitación. Para observarle, por última vez. Toda su atención recae ahora en el cadáver. Su espalda es lo único que vislumbro antes de salir.

Juraría que he escuchado ese arrullo. Juraría que ha brotado de sus labios. Juraría que han heredado un valor exclusivo.

Sea cual sea el significado de sus palabras. Sea cual sea el origen de su lengua. Mucho me temo que jamás alcanzaré a averiguarlo.

Discretamente y a oscuras, me guían hacia la parte trasera del edificio. Es la misma zona que crucé esta mañana para ir al lago. La recuerdo bien, apenas han transcurrido varias horas.

Avanzamos sin toparnos con nada ni con nadie en dirección al exterior. Con tanta quietud, es difícil adivinar que hay más de ellos. Si bien, este no es el momento más propicio como para que nos los crucemos.

Con la sábana por encima, ocultándome lo más posible y vigilando de no tropezarme con ella, dejamos atrás el edificio. En el exterior, un deportivo aparcado sin contemplaciones, ocupando el centro del camino, cortando el paso.

Un BMW color negro metalizado de dos puertas y cuatro plazas. Con tapicería de cuero beige. De la serie 6. Lo recuerdo porque hace cosa de tres años Eloy estuvo dando la brasa con ese deportivo. Se encoñó con ese coche. Pero era súper carísimo como para poder permitírselo. Al final, cuando aprobó el examen práctico de conducir, le compraron un Ford Fiesta rojo de segunda mano.

¿Esta gente está forrada? ¿O es de alguna mafia? Aunque independientemente dónde trabajen, poseyendo la inmortalidad, es lógico que se hagan de oro. Supongo. ¿Falsificarán dinero? ¡Qué putada tener que trabajar una eternidad!

Jason abre y arranca el coche. Jack, desliza el asiento del copiloto y me indica que entre. Me siento en la parte trasera mientras él se acomoda delante.

- Anabel –se gira.
- ¿Sí?
- Ponte el cinturón, Dakota no es muy paciente a la hora de conducir –resopla, obedezco.

Sin más, el deportivo cobra vida. Pisa a fondo el acelerador. La vista por la ventana se distorsiona. Y me tapo con la sábana, cerrando los ojos. Hasta el momento, mi estómago está resistiendo esta nochecita. No preciso de más estímulos para vomitar la cena.

- Procura no estrellar el coche. Transportamos a una humana, por si lo has olvidado –oigo al pelirrojo.
- Lástima, y pensar que tenía una buena oportunidad para cambiar de coche.
- Dakota…
- Es cierto. Con cualquier treta se engaña al seguro y coche nuevo.
- … –respira hondo.
- Si te portas bien, te enseñaré a defraudarles –destila sorna.
- No, gracias. Me conformo con que lleguemos a Pulborough sin ningún incidente.
- No tienes ambición.
- No siempre te salva, tenerla. Ah. Se ha dormido. Demasiadas emociones fuertes en un día, para ella.
- ¡Oh, sí! La segunda generación de Buffy, Cazavampiros ha aterrizado. Que el mundo entero deje de temer –ironiza.

Serás capullo. ¡Te escucho aunque no lo sepas!

- No te burles.

Gracias Jack. Demuestras estar de mí lado. ¡Te adoro!

- Con nosotros en su vida, sus experiencias serán peores. Matar a un vampiro no es nada. ¿A cuántos torturado tú? ¿A cuántos les has arrancado la piel a tiras? ¿A cuántos…?
- ¡Basta, no mezcles el pasado! Desde que tengo una familia, eso es diferente. Y ella la tiene.
- Aún así…
- ¡No, Dakota! Quizás no sea el mejor momento para que se haya unido a nosotros, con la Nueva Era sobre nuestros hombros. Pero honro las decisiones de Christian. Si él cree que es un buen momento, yo también lo creo.
- Eso sí el lealtad –silba.
- No te desentiendas. Quizás fuiste el último en unirte a nosotros, pero formas parte de nuestra familia. Y sabes lo que eso significa. Apoyo y unidad.
- …
- No importa el pasado, sólo el presente. Y en el presente estamos juntos. Olvidemos el pasado en el que aún no nos conocíamos y que ninguno de nosotros quiere destapar. No lo mezclemos y conservemos nuestra salvación. Al fin y al cabo, somos criaturas sádicas que se han encauzado por el buen camino.
- ¿El buen camino? Ya no somos capaces de distinguir el bien del mal, somos lo que somos y actuamos según nuestras metas o instintos. Lo que para ti es un buen camino, puede no serlo para otros. No hables de bien cuando ni siquiera sabes lo qué es.
- Hubo un tiempo en que sí sabía qué era el bien y lo distinguía sin dificultad. Incluso lo apreciaba. Hace tanto tiempo de aquello, hace tanto que dejé de ser humano… Aún no sé si lo que siento al recordarlo es nostalgia.
- Que recuerdes algo de aquella época ya es un mérito. Yo, en cambio, ni siquiera recuerdo cuándo me transformé. Un día, abrí los ojos y supe que estaba vivo. Sin recuerdos, sin pasado. Nada me ataba.
- Dakota, ¿alguna vez has puesto en duda tu existencia como vampiro? ¿Te arrepientes de haber vivido hasta el día de hoy?
- No –rotundo-. ¿Tú te has preguntado alguna vez si hubiese sido mejor haber muerto como ser humano? –le cobra.
- A veces sí. Otras veces, en cambio, creo haber encontrado mi lugar. Nunca estoy seguro al 100%. ¿Qué conclusión sacarías tú?
- Que quizás aún no hayas encontrado tu lugar. O quizás no sabes apreciar el que ya tienes –deduce-. Aunque mi opinión dista mucho de cualquier otro. Te recuerdo que ni siquiera albergo ningún sentimiento ni recuerdo como ser humano. Por eso jamás miro al pasado, está oscuro y vacío.
- Apenas recuerdo aquello. Y si te soy sincero me es indiferente –revela-. Cualquier cosa que lidie esta eternidad, es buena. Ese es el valor que gira en torno al bien que nuestra raza entiende. Tanto si es algo inmaterial como el poder o efímero como la felicidad.



Estoy avergonzada. Invadiendo su intimidad de este modo. Espiándoles, fingiendo dormir.

Sus vidas no son fáciles. Estas criaturas son fuertes y vulnerables al mismo tiempo. ¿Ha sido el dolor el que les ha hecho madurar? ¿Cuánto habré de sufrir yo para aceptar algo de ese calibre?

Quiero conocerles a fondo. Tal como son realmente. No lo que aparentan. Tengo curiosidad por descubrir que guardan en sus pensamientos, en su pasado, en su dolor. El significado de sus vidas.

No obstante, ambiciono demasiado. Sólo soy una amante. No me abrirán esas puertas. Mi dolor será otro. La distancia que nos aísla. ¿En verdad, seremos una familia? Mejor dicho, ¿formaré parte yo de esa familia?



¹ “Eres lo que más adoro, preciosa. Espera por mí.”
Nota autora: Es un intento de griego. Es lo que he conseguido con los traductores. Y, teniendo en cuenta mi ignorancia en este idioma, no puedo asegurar qué tanto es fiable.

12/01/10

Noches en "Alice's Pillow"

A un día y poco más de subir el capi 8, contentísima, estoy aquí para anunciar que Noches se sigue expandiendo por la red.

Esta vez, hay que agradecerle a Alice Cullen su apoyo quien, además, se ha anunciado seguidora nº 1 de la historia. Je, je, je. (Aunque no es la única.)

Os dejo el link de la reseña:



Es un blog recién nacido por lo que tendremos la oportunidad de ver cómo crece poco a poco. Con los cuidados y mimos necesarios puede llegar a florecer hermosamente y siempre se aprecia más cuando estás presente y lo ves evolucionar.

Así que tomadla como frase del día, "los blogs son como plantas".

08/01/10

Adversidad

Una bestia consumada con un corazón oscuro presto de la crueldad y el cinismo, quedaron ahogados por el manto que cubre el pasado.
Ahora son meras sombras.

Sin quererlo, sin desearlo,
una mañana abres los ojos y descubres
que todo ha cambiado.
Alguien ha elegido por ti tu destino,
tu rumbo, tu nueva identidad.

Dejas de conocerte.
Dejas de comprender.
Como una bestia enjaulada dejas de controlar
la situación y te dejas llevar.
Sin saber qué hacer, sin saber dónde ir, en quién confiar.

Y empieza una nueva aventura.
La aventura por sobrevivir.
Cuanto más fuerte seas, más posibilidades tendrás de ver el nuevo amanecer.
Matar, traicionar, herir, mentir,… todo está permitido.
Porque al fin y al cabo sólo es un juego.
El juego de tu vida.
Donde sólo puedes apostar una cosa, a ti mismo.

Jack

07/01/10

Uniendo fuerzas...

Como bien se sabe "la unión hace la fuerza". Cuanta más gente, más fuerte será esa voz que nos distinga entre la multitud.

Con ese objetivo, las chicas del blog "L.Y.F." han emprendido la campaña "Descubriendo Nuevos Autores". Con ese objetivo, aquí está la menda escribiendo estas palabras en una tarde lluviosa y asquerosa.

Así que para que a es@s escritor@s noveles se les despeje el cielo de esos nubarrones grises y mustios y se asomen los cegadores rayos del Sol en un camino lleno de espinas hacia ... ¿el país de nunca jamás?, haced que esa voz cobre más fuerza y viaje por la red a través de vuestras palabras.

Vale, ya se me ha ido la pinza. Con lo bien que había empezado...

En fin, que si sois autores noveles no tengo que daros motivos para que vayais al blog de Arantxa y le digáis que os apuntáis hasta a un bombardeo. Para quienes no sois autores ni pensáis serlo podré por delante la caridad la humana para que nuestra especie deje de estar en un lugar triste y gris donde hasta las motas de polvo pasan de nosotr@s. ¿Necesitáis una cara con ojitos de cachorrito desamparado?

Corred y pinchad en la imagen, tendréis información más decente que la mía.

03/01/10

Noches en "Vampire Love"

Las vacaciones se acaban pero yo sigo adelante con la promoción de Noches.

Esta vez es Nika quien ha tenido la gentileza de dedicarnos un espacio en su blog de Vampire Love.

Como acostumbro, aquí os dejo el link directo del post.



¿Qué decir de su blog que, seguramente, ya conocéis? (Pues ya lleva su considerable tiempo en la red.)

Tiene mucha variedad de literatura tanto juvenil como adulta. Además hay info sobre el estreno nuevas películas de libros publicados.

Gracias a su blog supe que adaptarían al cine Los juegos del hambre y Traición aunque hasta el 2011 aún falta…