26/02/10

Capítulo 11: Revelaciones

Capítulo 11: Revelaciones

Está SOLO en el estudio.

¿Y a mí qué? Como si está en la Conchinchina.

Mierda, llevo aquí más de diez minutos desde que Miju se fue. Oprimiendo las ganas que tengo por ir a ese dichoso estudio. Soy patética.

Está bien, seamos adultos. Sólo una miradita y listos. No puede hacer ningún daño. Si me pilla, me justificaré diciendo que estaba de tour por la casa.

¡Vale!

Y que quede claro, no me estoy adecentando al dedillo delante del espejo por él. Simplemente, quiero tener buena presencia. ¿Qué pensarán de mí si no mis nuevos familiares? ¡Incluso los vecinos!

¡Ostia! Touch of pink de Lacoste. Miju, te cojo prestadas unas gotas.

Como un perro que mueve frenéticamente la cola, esperando en la puerta que le saquen de paseo, salgo de la habitación. Sólo me falta ladrar y babear con la correa en la boca. Lo dicho, muy patética.

A la mierda. ¿A quién quiero convencer?

Subo de dos en dos los escalones a toda prisa. En dos zancadas, me planto delante de la puerta cerrada del estudio, que está al lado de la cocina.

¿Toco o abro sin más? Teóricamente, estoy viendo la casa. Es decir, que yo NO sé que él está ahí dentro. En condiciones normales, no tocaría.

Inspiro, expiro. Tomo la manivela de la puerta al son de mis latidos que parecen tambores. Tum, tum, tum… Abro sigilosamente. Antes de cambiar de idea y salir con el rabo entre las piernas. A mí me da algo. ¡Joder, ni que fuese una colegiala!

Entorno la puerta y me asomo. Todo tranquilo. Está tendido en un sofá negro de piel. No atisbo su cara, sólo la nuca.

Cierro suavemente. Lo confieso, nunca me vienen buenas ideas en estas circunstancias.

Sigilosamente, le espío. Me arrimo lo suficiente cuando compruebo que duerme tranquilamente con una expresión de paz en su rostro.

Resentimiento.

Este ser ha convertido mi vida en un caos y tiene la desfachatez de descansar tan plácidamente.

Envidia.

Posee una paz que yo he perdido.

Egoísmo.

Lo más justo es que él también la pierda.

Furia.

Y tiene el descaro de desentenderse de mí.

Arrogancia.

Tienes que hacerme tu prioridad. Todo es culpa tuya.

A horcajadas, encima de él, enfilo mis manos rumbo a su cuello. Estrecho el contacto de ambas pieles. Le estrangulo. Al instante, abandono mi acción. No tiene pulso y, por el contrario, no está frío. Tenerle en esta posición tan desamparada, teniendo yo el control por primera vez, multiplica mi regocijo y mana mi superioridad.

Odio y placer a partes iguales. ¿Por qué me sigue provocando con todo lo que me ha hecho?

- ¿Soy masoquista? –sonríe ladinamente.

Mierda. ¡Está despierto!

Abre abruptamente los ojos al tiempo que sujeta las muñecas, antes de que me separe.

- ¿Quieres que lo averigüemos juntos? –afina lascivamente.

Del cuello, me atrae hasta él. Nos besamos efusivamente.

Demonios, como lo echaba de menos.

Me adhiero a su cuerpo, entregada a devorarle la boca y abandonar la mía a su capricho. Su tacto escurridizo se abre paso a cada milímetro de mi piel.

Frenéticamente, le ayudo a deshacerme del top que se pierde en algún rincón del cuarto.

Sus manos diestras emprenden camino a territorio virgen.

Desbrocha los shorts.

Se detiene. Sus labios y su lengua, sus manos y sus dedos, su cuerpo por entero. Confusa, bajo la guardia. En un solo movimiento, invierte los papeles. Me tumba, besando mi frente. Acariciando mis mejillas sin apartar sus ojos de los míos. De rodillas, se sienta apropiándose una de mis piernas. Explorándola e impregnándola con un reguero de besos fugaces, lenta y deslizantemente la desnuda.

Las botas se reúnen con el top una vez que pierden protagonismo.

Masajea mis piernas con cada una de sus manos, escalando a mis muslos. No se estanca. Y la temperatura acrecienta en mí igual que su contacto.

Los shorts dejan de estorbar.

Me niego a enloquecer con su próxima maniobra. Me niego a esperar por ella. Quiero el descontrol absoluto y lo quiero ya.

Me incorporo ágilmente y le empujo al respaldo del sofá. Acoplo mi culo en su regazo. Vorazmente reclamo sus labios y su lengua.

Mi objetivo, los botones de su camisa que se rebelan contra mi deseo.

- Impaciente, déjame a mí –gruño a mitad de un beso febril.

Molesta, aparto de un manotazo sus dedos. Le arranco la camisa.

- Qué poca delicadeza -ríe.

Soy virgen y estoy ardiendo. Sólo alimento la excitación, desafiando sus límites.

Salvajemente, me adueño de su torso acariciándolo de todas las formas existentes. Nos frotamos piel contra piel. No deserto en mi expedición. Rozo el bulto sobreexcitado de su masculinidad.

- Shh, tranquila –aísla la fricción-. O te comeré de un solo bocado –me reclina en el sofá.

Como un felino, me acecha. Vuelve a cobijarme en su calor. Sus movimientos sensuales, me embelesan. Codicioso, el cautiverio de estar debajo de su cuerpo.

Desabrocha el sujetador para lamer libremente la piel y la carne rosada y sensible que cubre su tela. Sus dedos mágicos se escurren hasta las bragas.

Explotaré si no frena. Moriré si no acelera.

Amara. Christian ya la amaba y la sigue amando.

No, ahora no.

Sólo te queda su recuerdo para perderte en los brazos de otra, fingiendo que es ella.

Ignórale.

El recuerdo de Amara es mucho más fuerte que tu presencia. Eres la amante de turno.

¡No es cierto!

¿Te folla pensando en ella?

- ¡No me toques! –le rechazo desesperada.

Paralizada, digiero mi impulso. Se distancia. Le he lastimado. Otra vez.

- Eres tú quien ha empezado –recoge la camisa, hosco-. No calientes a un tío con el que no tengas intención de llegar más lejos.

Portazo.

- Lo siento, no era mi intención herirte –sollozo.

¿Por qué cuánto más nos acercamos, más nos distanciamos?

Esta vez, la culpa no es mía. Eres tú quien me utilizas. Y soy yo quien debería estar enfadada y no llorando, arrepentida.

Te odio. Odio esta aflicción tan cancerígena. Odio tu hipocresía egoísta. Gerard tenía razón. Todo lo que cae en tus manos se marchita porque estás lleno de veneno. Apuesto que lo mismo le pasó a ella. Los monstruos no tienen corazón. Por eso, no saben amar. Ella debió descubrirlo, intentaría escapar y la mataste.

He vuelto a equivocarme de elección.

Yo no soy vulnerable por no haber amado, lo soy porque eres una bestia insensible que hieres sin importarte nada. Si sufres es porque lo mereces. Recibes en la misma cantidad que das. No dejaré que me arrastres contigo a tu miseria. No seré un juguete roto más.

Espera. Hay más. ¿Cómo no me he percatado?

Jason, de nuevo. Todo lo ha originado él. Todas mis acciones. ¿He estado dando palos de ciego? ¿O me dirige a un punto en concreto?

La advertencia de que me utilizaba Gerard. La daga y su muerte. Fue un accidente pero, en un principio, me lo ordenó. El cuento de las amantes desgraciadas. Y la relación entre Christian y Amara. Daba la impresión de que me agredía con sus palabras pero es todo verdad. En añadidura, lo mantiene oculto de su familia. ¿Está jugando con todo el mundo? ¿Para qué tomarse tantas molestias?

No, retrocede. “Jugar”. Lo recuerdo. La primera vez que le vi, fue así cómo le encaré. Le dije que no jugaría con él. Y se ofendió. Él no está jugando. Tal como vaticinó, es el único que ha sido sincero conmigo. Todo está quedando demostrado al unir las piezas. Además, si se hubiese quedado al margen, nada de esto habría ocurrido. No estaría en este punto. Habría sido completamente distinto. ¿Hacia dónde me está encaminando? De eso también habló. ¿Cómo era?

Lo importante son las consecuencias.

Sí, eso era. Había algo más. Recuerda, recuerda.

“La verdad tiene un doble filo y, dependiendo de los intereses, la balanza se inclinará a favor de unos o de otros.”

Un callejón sin salida.

Me faltan piezas. Aún no sé qué significa esa parte. Carezco de información. ¿De qué más tengo que enterarme? ¿Qué más tiene que suceder?

Me visto y salgo del estudio.

Si Mahoma no va la montaña, la montaña irá a Mahoma. Si Dakota no ejecuta el próximo movimiento, seré yo quien lo inicie.

- ¡Estás ahí!

Me detengo en seco.

- ¿Hace mucho que has vuelto? –me dirijo a la cocina-. ¿Qué tal han ido las compras? –varias bolsas bien llenas de comida reposan en la mesa.
- Pasando por alto que he tardado –mira el reloj- casi tres horas, me ha ido bastante bien. Lo siento.
- No, te lo agradezco. No estás acostumbrado quizás te ha resultado difícil. Jas… Dakota –corrijo- ha comentado algo sobre eso.
- En realidad, no. He ido echando al carro todo lo que me encontraba. Me he entretenido tiempo de más en la tienda de Keith.

Directamente, guarda las bolsas de la compra en la nevera.

- Espera. Déjame a mí –le quito las bolsas.

El arroz junto a las cucharas y la lejía iban derechos a la nevera. Y él tan felizmente satisfecho con su buena obra. Qué desastre.

Divertido, toma asiento mientras organizo y distribuyo toda la compra.

- A ti también te pasará.
- ¿El qué?
- Olvidar algo tan mundano como lo que estás haciendo.
- Creo que me he perdido –me giro desorientada a su dirección.
- Me refiero a cuando estés un tiempo alimentándote sólo de sangre.

¿Le ha dado un chute a la lejía? No le ha sentado del todo bien.

- Aunque claro tú estás desarrollándote. No sé cuándo planea terminar de transformarte Christian.
- ¿Cómo dices?

Me sonríe enigmáticamente. Acto seguido, se levanta y rebusca entre las bolsas que aún quedan por recoger. Saca un cuchillo.

- Dame tu mano.
- ¿Por qué no me lo explicas antes? –le toreo.

Sin vacilar, asía férreamente mi mano derecha. Corta profundamente la palma.

- ¡Cabrón! –berreo dolorida, se carcajea.
- No pierdas detalle.

El corte cicatriza a cámara rápida. El tejido muscular y la piel se entre enlazan cobrando vida propia. En segundos, la herida desaparece. Sólo quedan los restos de sangre que ha despedido previamente.

Alucinante.

- Borra esa cara de bobalicona y cierra la boca o te entrarán moscas –se desternilla soltando el cuchillo.
- ¿Cómo… eso? –mi mente está en blanco.
- Te estás convirtiendo en una de nosotros. No estás completa pero tu cuerpo está adquiriendo otras propiedades. Estás cambiando.
- ¿Desde cuándo? –jadeo ahogada.
- Facilitarte una fecha exacta, es imposible. A no ser que le preguntes directamente a tu Creador. Pero, para una precisión aproximada, ¿cuándo fue la primera vez que viste una luna roja?
- Fue… aquella noche en el callejón. Hace casi dos semanas. ¿Estás seguro?
- Completamente. Comparándolo con un engendramiento humano, tú eres un embrión. Estás formándote. Naciendo y muriendo a la vez. Ni eres un ser humano ni un vampiro y, al mismo tiempo, eres ambas cosas. Un ser de dos naturalezas. Estás en medio de una línea muy fina que te permite abarcar características de ambas especies. Y de esa mezcla, surgen nuevas cualidades que ni posee un vampiro ni un humano. Como humana eres superior del resto de tu especie. Sin embargo, como vampiro, eres absolutamente más frágil.
- ¿Y lo de la luna roja es una de esas cualidades?
- Sí. También está la temperatura de tu cuerpo. Conservas la de un ser humano y, al mismo tiempo, te insensibilizas a la del entorno exterior. ¿Has notado mi contacto frío? ¿O has probado a abrigarte con un jersey y unos pantalones de pana? Pruébalo, no te acalorarás. Mantendrás tu temperatura estable.
> De este proceso, se ha estudiado muy poco. A los vampiros no nos interesa porque, como te digo, es nuestra etapa más vulnerable. Nos convierten inmediatamente. Sin esperas. Hay muy pocos casos como el tuyo.
- ¿Y por qué yo? Quiero decir, ¿por qué no inmediatamente? ¿Quiere asegurarse de no arrepentirse?
- Este proceso no es reversible. Christian tendrá sus motivos para la espera de tu nacimiento. En mi opinión, creo que espera que lo asimiles poco a poco. El cambio de un ser a otro, es vertiginoso. Además, su sangre y su estirpe son originales. Su poder es mayor, es más peligroso. Podrían existir complicaciones si no es cuidadoso. Tienes que ser física y mentalmente fuerte. Espera a que seas fuerte.
- Jack –interrumpe sombríamente Jason con los brazos cruzados desde la puerta-, ¿qué derecho te corresponde a ti, desvelárselo? No requieres de nadie para meterte en líos –se examinan sin mediar palabra.
- Tiene razón –se dirige a mí, incómodo-. Acude a tu Creador. Acude a Christian. Keith me ha reservado un hueco y ya es hora –se escabulle.
- ¿El de los tatuajes? Miju ha nombrado algo de eso.
- Sí, será un diseño exclusivamente para mí.
- Genial. Tienes que enseñármelo.
- Si quieres, vente conmigo. Keith podría tatuarte algo discreto.
- Gracias, hoy paso.
- Estaréis solos. Miju y Christian salían cuando he vuelto –es reticente a dejarme sola con él.
- Ve sin problemas. No reñiremos mucho –le guiño un ojo-. No te preocupes. Si pasa algo y no habéis vuelto, llamaremos a la policía –río-. Ellos sabrán controlar la situación. Además ahora sé que soy indestructible –alza una ceja no muy convencido-. Es broma. Nos aguantamos más de lo que parece. Seremos civilizados. Tienes mi palabra.

Busca una respuesta en su compañero inmortal.

- Piensa que es indestructible –se encoge de hombros.
- No es indestructible –le rebate-. No eres indestructible –me repite malhumorado.

Sin más, se marcha. Nos contemplamos hasta que oímos cerrarse la puerta de la entrada.

- Estás de muy buen humor –opina secamente Jason.
- Porque te he calado en todos los sentidos. En realidad, ¿desde cuándo has estado espiándonos?
- …
- Oh, vamos. ¿No creerás que me chupo el dedo? –apostillo sarcástica.
- El olor de la sangre para cualquier vampiro es como un canto de sirena para un marinero. También te escuchado insultarle a Jack –se recuesta en la pared de la cocina.
- Dakota, estamos solos. ¿Por qué no me provees de las piezas que me faltan para completar el puzle?
> Vamos dime, ¿por qué sabiendo que me estaba convirtiendo, me soltaste la parafernalia de las amantes desdichadas? ¿Por qué me lo pintaste todo como la tragedia del final de mi vida cuando no era así? ¿Por qué me arrinconaste hasta tal punto para que actuase tal como preveías? ¿Qué tanto ocultas? –remato seria.
- ¿Ya te has dado cuenta? Sólo era cuestión de tiempo –confiesa.
- ¿No lo niegas?
- No. Sin embargo, no voy a facilitarte esa información.
- ¿¡Por qué!? Oye, te he guardado el secreto por lo de la daga y también por lo de Amara. Por tu reacción ante Miju, tú no debes saber nada de ella. En cambio, sabes mucho más. ¿O prefieres que les cuente absolutamente todo?
- ¿Lo harías? –endurece el tono de su voz.
- No –resoplo exasperada.
- Entonces no me amenaces tan fútilmente.
- Me debes una –me enfado-. No soy ninguna marioneta a la que manejar.
- No te debo nada.
- ¡Joder, Dakota! ¿No fuiste tú quien me dijo que me irías con la verdad por delante? ¡Estoy en un callejón sin salida! ¿Cómo quieres que avance en este estúpido juego?
- No es un juego –apunta pacientemente.
- ¡Ya lo sé! ¿Por qué piensas si no que estoy tan agobiada?
- Entonces, es hora de adelantarte la pieza del puzle que necesitas. Quiero presentarte a alguien –se deleita morbosamente-. Come y duerme un rato, vendré a por ti a medianoche. Nadie nos pescará, no volverán hasta mañana. Vivirán la noche igual que nosotros.

Se retira. Silencio. Luego, portazo.

Genial, otro que se ha largado. Ni que tuviese la peste.


Cumpliendo su palabra, a la entrada de la medianoche, se presenta Jason con el mismo BWM negro de hace dos noches. Con un escueto “monta”, nos ponemos en movimiento en una noche oscura sin apenas estrellas.

Acelera y el paisaje se difumina. Los kilómetros progresan y se pierden sobre el asfalto, al mismo tiempo. Cierro los ojos y respiro hondo.

- Ábrelos.
- No, gracias.
- No te estoy dando opciones.
- Trato de salvaguardar la tapicería de tu coche.
- Ábrelos.
- Voy a marearme.
- No te marearás. Confía en mí.

¿Confiar? ¿¡En él!? ¿Tiene sobre exceso de oxígeno en el cerebro?

Una cosa es que cooperemos juntos en vete-tú-a-saber-qué y otra, muy distinta, es confiar en él. Estoy de acuerdo en que me ha revelado algunas verdades pero, las ha amoldado sólo para influenciarme, para cumplir con su propósito. Sin embargo, ¿tenemos el mismo?

No me ha mentido, pero tampoco me ha desenmascarado toda la verdad.

- Cobardica –me chincha alborozado.

¡Mamón, odio esa palabra!

Indecisa, cedo muy mansamente. Podré ser muchas cosas pero cobarde ¡nunca!

- Centra la vista en un punto concreto y lejano.

Sigo sus instrucciones y, sorprendentemente, me da un motivo para confiar en él.

Indiferentemente de la velocidad que ha adquirido el vehículo, soy capaz de distinguir hasta el objeto más lejano al final de la carretera. El paisaje se centra y se distingue. Como si hubiese sintonizado el canal de televisión adecuado.

- Debes ir puliendo las cualidades que caracterizan tu presente etapa, no las desperdicies. A pesar de que sean temporales. Nunca las sobrevalores ni apuestes por que son prescindibles.
- ¿Tú las conoces, verdad? Las cualidades de un vampiro… ¿en gestación?
- Todas y cada una de ellas.
- Discrepas de la versión de Jack, pues. Él apenas sabe nada sobre este tema. Dime Dakota, ¿hay alguien que te conozca realmente? ¿Cuál es tu verdadero nombre?
- No interpretas a la protagonista de una película de ciencia ficción –ríe-. Tanto si sospechas como si no, me llamo Dakota. Es lo más fiable que sabes de mí.
- ¿Estás seguro?
- Quien no lo está eres tú. Una vez que eres inmortal, cambias constantemente de identidad. Nuestro nombre es el único lujo con el que contamos para toda la eternidad. El resto, se desvanece tarde o temprano. Es nuestro puerto seguro, lo que nos amarra a tierra firme.
- Te creo pero no es suficiente. ¿Hay alguien que te conozca realmente?
- Tu desconfianza, me ofende.
- Pues no lo parece –resuelvo escéptica-. ¿Vas responder a mi pregunta o vas a seguir cambiando de tema?
- Sí.
- Sí, ¿qué? ¿Sí hay alguien que te conozca? ¿Sí vas a responder? O, ¿sí vas a cambiar de tema?
- Sólo sí.
- ¿Se puede ser más ambiguo? –le reprocho mosca.
- ¿De verdad necesitas una respuesta a esa pregunta? –modula pedante.
- No, déjalo –niego malhumorada-. Dakota, ¿conoces las cualidades de un vampiro en gestación porque fuiste uno? –me reengancho al tema anterior.
- Interesante observación. ¿Sabes cuál es tu defecto?
- A ver, ilumíname –concedo aburrida.
- Que te vuelves muy preguntona cuando te muestran cualquier signo de confianza, por pequeño que sea.
- ¿Y eso es malo?
- Mayormente es molesto y, dependiendo del sujeto en cuestión, existe la posibilidad de volverse contra ti.
- Bah. No me inspiras riesgo alguno.
- Me sobrevaloras. Me gustabas más cuando eras asustadiza y te aterrorizaba mi sola presencia. Te domestican la violencia y las amenazas.
- Me he acostumbrado a tu comportamiento huraño. Somos familia, tengo que aguantarte –la velocidad disminuye, estamos llegando.
- Oh, me haces un gran favor –se ironiza.
- Además ahora tengo súper poderes como una heroína de comic.
- ¿Qué parte de “como vampiro, eres absolutamente más frágil” no asimilas? ¿La afirmación? ¿El adjetivo “frágil”? ¿O el adverbio “absolutamente”? ¿Qué tienes un globo de aire por cerebro?
- Esa frase está comprendida al cien por cien. Pero yo me quedo con “Como humana eres superior del resto de tu especie”.
- Y eso lo dice la misma chica que vive con cuatro vampiros –frena el coche-. Bienvenida a Browsville. Uno de los peores barrios de Brooklyn –comenta bravucón-. Aquí podrás poner en práctica tu supremacía –esclarece malicioso.

19/02/10

Prudencia

...En cambio, mintiéndote,
lo único que he alimentado es tu resentimiento
convertido en odio.

Demasiados pecados cometidos
como para que me concedan ese tipo de final.

He aprendido a no esperar demasiado,
así que me conformo con alimentar de odio tu corazón.

Porque soporto tu ira, tu desdicha, tus lágrimas, tu agonía; lo que no podré sufrir jamás, es tu perdida.

Lo siento, pequeña.
A mi corazón moribundo no le quedan fuerzas
para luchar por amor.

Cuanto más luchas, más te aferras a él.
Y después de haberlo conseguido, te lo arrebatan.

En esta vida sólo he amado dos veces:
una, a ti y otra, a ella.

Y a ella la perdí por esperar demasiado.

Christian

16/02/10

Ficha personaje II: Christian

Nombre: Christian
Edad: 20 humanos, 176 inmortales.
Lugar de nacimiento: Patras, Grecia.
Fecha de nacimiento: 19 de enero de 1812.
Fecha de su conversión: 7 de marzo de 1832.
Creador: Sebastian
Familia: Miju (¿?), Jack y Dakota (camaradas) y Anabel (¿amante?).
Horóscopo: Capricornio
Color predilecto: Azul
Profesión: Nada en concreto.
Personalidad: Es frío y distante. Un ser tranquilo y reservado. También es justo y lucha por lo que considera que merece la pena, arriesgando hasta los extremos.
Aficiones: perder la mirada en el mar o un río (desde muy pequeño el agua le ha relajado y le hace olvidar aquello que necesita), involucrarse en la Nueva Era (el mundo necesita cambios, los seres inmortales, también; ya ha llegado la hora de que el mundo gire unos 360º para abrir los ojos dentro de una nueva sociedad) y formar una familia fuerte y unida (el único equilibrio que se puede encontrar en una vida que no tiene fin y que brota en un planeta que envejece y muta constantemente, es en los seres que permanecen a tu lado desinteresada y lealmente).
Detesta: la monotonía (no hay mayor opresión que un día que se repite de forma continua para el resto de la eternidad), la Eternidad (es una enemiga a la que hay que respetar, infravalórala y ella misma te envenenará) y al gato su vecina (ese bicho no sólo es jodidamente feo sino parece que le han aplastado la cara de un sartenazo, además tiene la manía de colarse en su cocina por el patio interior para revolverlo todo y mearse en todo sitio accesible; lo peor de todo es que ese gato tiene más de 7 vidas pero no se desanima a averiguar cuántas más le quedan).
Curiosidades: Existe un vínculo desconocido que lo une a Amara. La misma chica que Gerard amaba y por la que acabó perdiendo la vida. La misma chica que Christian amaba pero a la que asesinó… ¿Quién dice la verdad? ¿Quién miente? ¿Qué pasó en realidad? ¿Quién era ella?
Resumen de su inmortalidad: Las circunstancias le llevaron a España donde fingió ser un estudiante de bachillerato. Sin embargo, no esperaba que una chica de su misma clase se interpusiera en su camino. Sin miramientos, la ha atraído a su mundo. Rompiendo todos los moldes, ella ha exterminado su calma y su paz haciendo resurgir viejos sentimientos que creía olvidados. No sólo deberá enfrentarse a lo que hará estallar la Nueva Era sino también aprender a conocer esos sentimientos.
Planes de futuro: Combatir en la guerra por la Nueva Era a favor de los Reos.
Palabra odiada: Traición.
Lema: Allana el camino antes de dar el primer paso.
Adelanto: Se conocerán más detalles acerca de este personaje y su vida así como su pasado en la segunda parte de esta trilogía. Será el narrador de la primera mitad la historia.

12/02/10

Ficha personaje I: Anabel


Nombre: Anabel
Apellidos: Soriano Martín
Edad: 18
Lugar de nacimiento: Valencia, España
Fecha de nacimiento: 6 de abril de 1990
Fecha de su muerte: principios de junio de 2008
Familia humana: padres, dos hermanos, el abuelo y Pelotilla (un cobaya).
Horóscopo: Aries
Color predilecto: Rojo
Profesión: Estudiante de 2º de BAT con dos suspensos a cuestas (mates y geografía).
Personalidad: Es una chica egoísta, orgullosa y terca. Es espontánea y extrovertida. Es fiel a su propio bienestar. Y apasionada en lo que despierta su interés.
Aficiones: Hacer el vago (le gustan los fines de semana cuando se abandona en el sofá viendo la tele mientras se rasca el culo), babear por Orlando Bloom (robó uno de los carteles publicitarios de un videoclub cuando sacaron la 2º entrega de Piratas del Caribe en DVD aunque no llegó entero a su casa…) y levantarse a mitad de la noche para devorarse cantidades malsanas de chocolate (es de esas personas afortunadas con un metabolismo que, comas lo que comas, mantienes la silueta perfecta).
Enérgicamente en contra de: estar sin blanca (no sólo el dinero mueve el mundo sino también su felicidad), los lunes (es de esos días deprimentes en los que te jode madrugar y pensar en lo lejos que cae el dorado fin de semana) y cabrearse (consume demasiada energía).
Curiosidades: Tiene un ex. Se llama Sergio y le odia a rabiar. Era un partido pasable hasta que el príncipe rana se convirtió en un soberano capullo.
Resumen de su vida: Era una adolescente como cualquier otra sin preocupaciones hasta que el chico del que estaba enganchada dio un vuelco de 180º a su existencia. Ahora, lucha no sólo por su supervivencia sino también por su futuro e identidad en medio de una realidad que le es desconocida y peligrosa.
Planes de futuro: Ya le gustaría tener una pista de ello. De momento, se contenta con vivir el día a día (que bastante tiene).
Palabra odiada: Cobarde
Lema: Tú mandas y, a quien no le venga bien, que le den.

11/02/10

Noches en Crisálida Literaria

A buenas horas se me ocurrió a mí hacer el cambio de planes para las actus...

Es fantástico que tengáis tantas ganas de leer lo próximo. Pero, por favor, tranquilizaos y respirad ;) La actu de mañana (que aún no me ha dado tiempo a prepararla xq entre semana voy muy pillada de tiempo) no era una cosa que esperara para ya ya ya. Ha llegado de sopetón y me ha entusiasmado mucho. Y le he dado prioridad.

Por el momento para teneros un rato entretetenid@s, os dejo el link directo de una nueva reseña y entrevista de "moi" que ha realizado Clara de Crisálida Literaria.


He visto recién el mail esta mañana y corriendo que he venido a postearlo jejeje. Aún tengo que responderte el mail Clara!!!!


Como ha terminado siendo afición no sólo anunciar la reseña/entrevista, hoy vamos a seguir conociendo un nuevo blog que abordo la literatura tanto juvenil como adulta de forma fresca.

Sinceramente, no sé (o no recuerdo) cuando nació el blog pero desde hace algún tiempo lo sigo siempre que el tiempo me lo permite y he terminado siendo una nueva adepta a él. Además, gracias a Noches, he tenido la oportunidad de conocer a Clara y es un persona que me ha caído francamente bien. Así que, si no conocéis el blog (que lo considero un crimen!), perded el culo en ir a poneros al día ¡ya!. Y sólo por el blog sino también por la persona que lo administra.

Besos.

P.D.: Los comentarios del blog se me acumulan y estoy pendiente de responderlos. Lo siento... Todo se andará ;)

05/02/10

Capítulo 10: … y una nueva familia

Capítulo 10: … y una nueva familia

Para cuando salimos de los servicios, Jason ya ha regresado. Además, la azafata se ha posicionado en su lugar de trabajo y han abierto nuestra puerta de embarque.

Esquivando miradas, seco mis mejillas con disimulo. Mis ojos rojos están bien camuflados entre las gafas y mi cabeza gacha. Con los billetes en mano, caminamos hasta la entrada de la puerta.

En el avión, me asignan un asiento ubicado en el ala derecha, al lado de la ventana que comparto con el único amigo que tengo. La otra mitad de la cuadrilla, se planta en los asientos centrales. Por mí, como si los abandonan en tierra.

Con la cabeza apoyada en la ventana, los traqueteos de los pasajeros que se instalan y el ir y venir de las auxiliares de vuelo, aguardando a la hora del despegue y a las casi ocho horas de viaje, un ligero peso se posa sobre mi mano izquierda. Jack.

Un muro donde descansar, el que impide que me desmorone.

Tuerzo la cabeza y nos miramos en silencio. Como reacción, aprieta amistosamente mi mano. Yo, retrocedo y, de nuevo, fijo la vista al exterior de la ventana, agarrando esa mano amiga. Queriendo su compañía. Sin dejarla escapar. Vulnerable, tal como soy.

Es mejor no estar sola. Tener a alguien en quien confiar.

Es mi primer paso ahora que he empezado de cero. Porque en este viaje parto de cero. Una nueva Anabel. Un nuevo nacimiento ahora que me he desprendido de todo lo “viejo”. Del pasado.

Como un recién nacido, lo que me domina son los instintos y todo lo que vea por primera vez. Aprender paso a paso. Aprenderlo todo. Mi camino es largo pero estoy en él y he estrenado el recorrido.

Sin embargo, en esta nueva visión, ¿diferirán mis sentimientos a los de mi vida pasada? ¿Cambiará el contenido de mi corazón? ¿En QUIÉN voy a convertirme?

La persona que era, surgió del ambiente y las personas que me rodearon en las distintas etapas de esa vida y de los valores que me inculcaron. Si bien, esta vez, todo es diferente. En esta nueva vida, ¿en qué tipo de persona me voy a convertir? Físicamente, no soy un bebé y, mentalmente, aprendo mucho más rápido. ¿Se darán cuenta los de mi alrededor que realmente soy vulnerable?

Paciencia. El tiempo responderá a cada una de mis preguntas.


El viaje en avión y, después, en coche hasta el distrito de Brooklyn Heights se hace relativamente corto. Y, antes de desearlo, nos detenemos en una calle de árboles alineados, enfrente de un edificio exteriormente enladrillado de cuatro plantas. Apenas se ve gente por la calle, hay coches aparcados y árboles. Sobretodo árboles.

Entramos en el portal. Y, a mano izquierda, en la planta baja, accedemos a la vivienda.

- ¡Miju, hemos llegado! –modula el pelirrojo en inglés al tiempo que me quito las gafas-. ¿Nos has echado de menos?
- No seas escandaloso, debe estar en el piso de arriba –exhala el rubio, también en inglés.

Dudo que vuelva a oír español en mucho tiempo. Ahora estoy en Nueva York.

- Ven, no te quedes atrás –me coge de la mano entusiasmado, guiándome hacia las escaleras del piso de arriba-. Estamos en casa.

Oh. Tiene razón. “Estoy en casa”. Es difícil hacerse a la idea cuando me siento extrañamente incómoda. Como si fuese una pieza del puzle desencajada. Como si no perteneciese a ese mismo puzle. Pero, en realidad, soy parte de ese puzle, aunque no me dé cuenta.

Aprender. Tengo que aprender a encajar. Estoy aprendiendo desde cero.

A simple vista, es una casa espaciosa. Un dúplex exactamente. Paredes lisas de color blanco, unas, y, otras, de un color amarillo muy suave. Suelo de parqué. Una decoración acorde se entremezcla con un toque tradicional y moderno. Cuadros, fotografías, plantas, alfombras e incluso alguna pequeña escultura. Toda la casa está bien iluminada, abundan las ventanas acristaladas, sin ningún tipo de persiana, sólo cortinas y visillos.

Mi amigo me lleva hasta el salón-comedor y, antes de cruzar la puerta, me envaro.

Un abanico de sensaciones me cohíben. Precaución, ansiedad, confusión, enemistad, celos… Todos ellos, concentrados en un solo punto.

De espaldas a nosotros, el cuerpo de una muchacha. De pie, asomada en una de las ventanas. Pelo largo y negro, levemente ondulado hasta la cintura. No tarda en voltearse para descubrir sus rasgos asiáticos. Viste una chaqueta sahariana cerrada junto a un cinturón del mismo color café, una falda blanca de lino con pliegues hasta las rodillas y unas sandalias negras de tacón. Bien complementa con un collar y unas pulseras. Representa el símbolo de la feminidad. Guapa, elegante, delicada, frágil y grácil.

- Welcome home –saluda sonrientemente con una voz cantarina.

Automáticamente, se vincula a mí, el último eslabón. De repente, el entorno cambia y me desligo de mis raíces. Ya no se me hace ni hostil ni extraño. Solamente agradable, acogedor. Ahora sí, el puzle está al completo y encajo. Un hogar al que pertenecer. Pero ¿por qué ahora y no antes? ¿Por qué no con Jack y sí con ella?

- ¿Cómo os ha ido? –el tono de ternura no desaparece.

Nuestras miradas se cruzan y unas ganas irrefrenables e inexplicables por hacer daño se instalan en mí, por abalanzarme sobre ella. Como un animal enjaulado que tiene preservar su territorio.

No lo entiendo. Es su casa también. Quizás sea ese el problema. No obstante, no me sucede ni con Jack, ni con Christian, ni con Jason y con él tengo más motivos para llevarme mal. A ella ni la conozco. ¿Cómo puedo sentir admiración y repulsión al mismo tiempo?

- Tenemos que hablar.

Antes de dar rienda suelta a esa repentina reacción, Christian se abre paso hasta ella y, agarrándola de la cintura, se marchan a otra habitación.

- La nevera está vacía. ¡No hay comida! –asoma la cabeza el pelirrojo desde el marco de la puerta.
- Sí, suele pasar cuando viven vampiros –se le dibuja una sonrisa burlona al rubio.
- Mierda, alguien tendrá que ir.
- Pues a mí no me mires, no es para mí. Mándala a ella –me apunta con el dedo arrogantemente.
- No, no puedo. Lo más seguro es que se pierda. No conoce la zona –me sonríe indulgentemente.
- Por no conocer, no conoce ni el Estado.
- Iré yo. Aprovecharé para hacerle una visita a Keith –se rasca la cabeza distraídamente-. ¿Tengo que preocuparme?

El tono de su voz cambia a uno completamente glacial. Su mirada viaja de Jason a mí para posarle de nuevo en el ojigris. Silencio total.

- Miju y Christian también están aquí –nos da la espalda.
- No me sirve esa respuesta.

Pese a su réplica, su voz se ha suavizado.

- Debería.
- Al menos, piensa antes de actuar. Hay muchas formas de hacer daño sin necesidad de llegar al contacto físico.

Se me acerca sólo para cogerme de los hombros.

- Tú tranqui, te dejo con este sujeto, de momento. Miju seguro que está aquí en nada, ella te va a encantar. Es la mejor. Te enseñará la casa y esas cosas. A ella se le da mejor, tiene más tacto que cualquiera de nosotros tres –ríe-. Yo me encargaré de que no te mueras de hambre –saca la lengua en un gesto infantil.

Sin más, se da la vuelta y sale.

Jason, se deja caer en el sofá encendiendo la cadena de música con el mando. Una descarga de música punk se libera. No le gustarán los humanos pero no hace ascos a su trabajo.

- Me pregunto si recuerda que los humanos tienen tendencia a tener un horario y las tiendas no están las 24 horas abiertas. Son sólo las cuatro de la tarde –cabila en voz alta-. Aunque yo me preocuparía más por que traiga comida en vez de matarratas. Confundiría un lavavajillas con una bebida revolucionaria si el embaucador es bueno.
- Tú pareces estar más al tanto –tomo asiento en uno de los dos sillones.
- No realmente –se desentiende lánguidamente.
- Si tú lo dices –le pincho.

Me asquea pero, de todos ellos, el único por el que despierta mi curiosidad es él. Es tan cerrado.

La gente que habla poco, piensa demasiado. Eso es mucho peor.

¿Quién me dijo aquello? ¿En qué momento lo hizo?

- Lo que sea, suéltalo.

¿Uh?

- O deja de mirarme, es molesto.

¿Me está hablando a mí?

Giro a ambos lados. No hay nadie más.

- Hablo contigo –gruñe-. ¿Con quién si no?
- Ah. Sí, claro –soy un despiste ambulante-. Quiero decir, ¿quién es ella?
- ¿Quién? – interpela de mala gana.

Esperaría que le dejase en paz.

- Miju. Se llama así, ¿no?
- Sí.
- …

¿Y bien? En este punto, es cuando se suele responder. Dudo que sea tan complicada la respuesta.

- Es la amante de Christian –confiesa honestamente.
- ¿Cómo dices? –¿¡me toma el pelo!?
- Bueno –se encoge de hombros-, no lo sé al cien por cien. De lo que estoy seguro es que entre esos dos hay un rollo un tanto especial. Además se conocen desde hace mucho, habrán tenido tiempo de probar cosas nuevas entre ellos –destila guasa-. Eres libre de preguntárselo a una de las dos partes implicadas –me reta.
- Tú, en pocas palabras, me contaste que ser la amante de un vampiro significa la perdición y la desdicha que acaba en locura o muerte. Ella no parece ni desdicha, ni loca y tampoco está muerta. Es feliz.
- Oh. ¿Te dije algo así? –se asombra angelicalmente.

¡La madre que lo parió! ¡Yo lo mato!

- Sí, lo dijiste –me crispo.

Se incorpora y me sonríe maliciosamente. Sus ojos echan chispas de una diversión macabra.

- ¿Exactamente te dije que todas las amantes terminan siendo juguetes rotos a manos de los vampiros?
- ¿Todas? ¿Hay excepciones?
- ¿Te dije que una vampiresa no puede ser una amante? –su voz se agrava-. ¿Tienes el atrevimiento de compararte con una vampiresa, humana?
- No pero…
- ¿Acaso te negué que se pudiese alcanzar la felicidad al lado de un vampiro?
- No.
- Entonces ¿qué estás reclamando? Miju es un miembro de la familia por encima de todo. Independientemente si fue antes humana que amante o viceversa. Ella es alguien querida y, por tanto, protegida. ¿Lo eres tú? ¿Qué has hecho para merecerlo? ¿Qué has dado a cambio? –me recrimina.
- Pues… lo he perdido todo.
- Sí, lo has perdido. Te lo han quitado ¿es así?
- Sí.
- ¿Ves la diferencia? No has elegido, has sido obligada. No has dado nada por voluntad propia. ¿Podrías jurar que si hubieses tenido la oportunidad de elegir, habrías elegido el mismo camino?

Callo.

- Responde –ordena.
- No.

Tan sólo fueron dos noches y al tercer día, estando en Arundel, cuando supe lo de mi familia, me arrepentí de estar a su lado, de haberle seguido en aquel callejón. De haber elegido, habría huido. Esa es la verdad.

- Amara. ¿Te acuerdas de ese nombre?
- ¿La persona que mató Christian? –¿la persona que amaba Gerard?
- Eso es. Ella es tu némesis. Y el suyo. Miju no te ha destronado. No estés celosa. Nadie te coronó como tal porque, mucho antes, Christian ya la amaba y la sigue amando.
- ¿La amaba? Pero la mató él. Está muerta.
- Por eso he dicho que es tu némesis. No importa el tiempo ni las mujeres que pasen por sus brazos, seguirá amándola hasta el último de sus días. Somos hombres al fin y al cabo. Cuando alguien especial se cruza por tu camino, tiendes a atarla a tu lado de todas las formas habidas y por haber. Es tu medicina contra la eternidad. La pierdes y sólo te queda su recuerdo para perderte en los brazos de otra, fingiendo que es ella.
- La mató –recalco.
- Sí. No tengo ningún argumento para esa objeción. Se le iría la chaveta –conjetura-. Es su maldición, lo pagará por el resto de su existencia. ¿Te cuento un secreto?

Asiento no muy convencida.

- Tú también estás maldita.
- ¿Yo?
- Sí. En este mundo, todos tenemos un precio a pagar por estar en él. ¿Quieres saber cuál es el tuyo?
- ¿Perder a mi familia? ¿Mi anterior vida?
- Sí y no. Hay algo más. No has escogido al vampiro adecuado por el que arriesgarte. Demasiado a perder y poco que ganar. Con Gerard no habrías perdido tanto –repone sutilmente.
- ¿Gerard? –me escandalizo.

Gerard. ¿Elegí mal? ¿Debí acceder al precio que me impuso? ¿La cabeza de Christian?

- Sí, nuestro amigo el francés. Ese al que mataste a sangre fría –se recrea.
- Me defendí con la daga que me diste –me irrito-. La misma daga por la que Jack está ansioso de recibir información –le amenazo.

Se le borra la sonrisa. Se levanta y se arrodilla a mi altura.

- Más te vale, no soltar prenda –agarra mi barbilla con fuerza-. Podrías pasarlo muy mal –muestra sus colmillos.

No me amilano, sostengo su mirada, indomable.

- ¿Quieres a Christian?

¿Qué se propone?

- Sí, le quieres –se alegra perversamente-. Seré bueno y te echaré una mano a descubrir tu maldición. El recuerdo de Amara es mucho más fuerte que tu presencia. Eres la amante de turno. Te daré un incentivo más. Si sabes la respuesta, tendrás tu maldición.

Sólo trata de hacer daño. No le escuches.

- Vamos, sé sincera Anabel. ¿Te folla pensando en ella? –horrorizada, abro los ojos como platos.
- ¿¡Dakota!? –Miju intercede.

No le escuches. Sólo trata de hacer daño. No dejes que lo consiga. Respira. Mierda. Sus palabras han calado demasiado hondo en mí.

- “Amara”. ¿Dónde has escuchado ese nombre? –exige la recién llegada.
- De ella –sin reparos me señala y se larga de la habitación.

Me sobresalto. Lo vuelve a hacer. Esquiva los ataques frontales. Sabe más de lo que quiere hacer ver.

- Entiendo –dulcifica su voz, me tranquiliza-. No nos han presentado así que haré los honores. Me llamo Miju y tengo entendido que tú eres Anabel.
- Sí –asiento tímidamente.
- Ven conmigo –extiende su mano-. Estos chicos tienen muy mal gusto para vestir a una chica tan guapa como tú –ríe risueña, sacándome del salón-comedor-. Por cierto, ¿dónde se ha metido el pequeñajo?
- ¿Perdón?
- Me refiero a Jack –el tono alegre de su voz, no descansa.
- Ha salido a comprar comida y a ver a un tal Keith.

Bajamos las escaleras a la primera planta.

- ¿A Keith? ¿Cuántos tatuajes piensa hacerse? Este chico es mi delirio y mi único punto débil, ¿sabes? Es un trasto. Derrocha energía y alegría por todos lados. También es el más pequeño. O, al menos, lo era –se detiene-. Ahora, no lo sé. Sois de la misma edad, ¿verdad? Conociéndole, teatralmente, como un caballero, te cedería a ti el honor de ser la pequeña de la casa –carcajea animada-. Es esta habitación.

Entramos a un dormitorio grande. Paredes en un color lila claro, suelo enmoquetado. Ventanas acristalas. Sigue el mismo toque clásico y moderno de decoración al de toda la casa. Cuadros, dos espejos, un gran armario empotrado, una cama de matrimonio con grandes almohadones y un nórdico, un perchero de madera, un tocador, un escritorio y un sofá. Una estantería con muchos libros. Incluso en un rincón descansa un chelo. Increíble.

- ¿Sabes tocar? –curioseo señalando el chelo.
- Ya me gustaría –suspira abriendo el armario y rebuscando en él-. Era de alguien especial, al morir, me lo quedé como recuerdo. Mucho me temo que yo no tengo buen oído. Soy malísima. ¿Tú tocas algún instrumento?
- Lo único que he sabido tocar en toda mi vida ha sido la flauta dulce y siempre y cuando tuviese las notas escritas. Un desastre, vamos –bato la mano, sentándome en la cama.
- Algo es algo –cierra las puertas del armario-. Mira.

Deposita encima de la cama un top carmín de cuello pico, unos shorts azules de talle bajo y un conjunto nuevo de ropa interior de encaje color chocolate.

- Es de tu talla y es mejor a lo que llevas puesto. Si hubiesen tenido la delicadeza de avisar que venías, podría haber preparado algo. No te preocupes, iremos de compras mañana –me entrega la ropa-. Si quieres, puedes cambiarte en el baño, es por esa puerta –señala una puerta beige que conecta con el dormitorio, a mano izquierda.

Accedo a su ofrecimiento. Me cambio y salgo con la ropa de chico. Me quito la gorra.

- Dame esa ropa, la lavaremos y la enterraremos en lo más hondo del armario. A los chicos les viene pequeño este tallaje –la retira a un rincón-. Toma estas botas y quítate esas zapatillas.

Obedezco.

- No lo uso demasiado pero tengo maquillaje. Ven deja que te dé un poco de color –me empuja suavemente hasta el tocador-. El viaje debe haberte agotado –me sienta-. La cama es toda tuya.
- No. He dormido un poco. Estoy bien, gracias –dejo que me maquille, total.
- Puede que no tengamos nada en común –me aplica el corrector y la base-. Que nos llevemos cuatro años de diferencia –turno al colorete-, que tú seas española y yo coreana y vengamos de distintas culturas, que nos acabemos de conocer –sigue con el lápiz de ojos-. Pero, ¿sabes qué?
- ¿Qué? –cierro los ojos para que me pinte con una sombra de ojos color pastel.
- Me gustas mucho. Tengo la impresión de haber ganado a una hermana pequeña.
- ¿Una hermana? –cambia al gloss.
- Sí. Bueno, es precipitado. Sin embargo, estoy segura de que nos llevaremos bien. Cuando estés completa, nadie podrá negar nuestros lazos. Definitivamente, seremos hermanas –me dedica un gesto reservado-. Ten paciencia. Dale tiempo a él también –me susurra, no sé a qué alude.

Guarda y recoge los objetos de encima el tocador.

- Sé que no te han explicado nada y tendrás muchas dudas –se sienta enfrente de mí-. Ellos sólo saben organizarse y actuar. Son demasiado perezosos como para calentarse la cabeza y dar una buena explicación. Y como siempre, me han dejado a mí todo el trabajo sucio.
> Te daré una explicación global y superficial porque hay mucha información y, por hoy, ya has lidiado bastante. Iremos poco a poco. Tu cabeza lo agradecerá. Si te surge cualquier cuestión, eres libre de preguntar.
> Veamos, ¿al menos sabes dónde estamos?
- En Brooklyn Heights.
- Eso es. Es un barrio de Brooklyn, uno de los distritos de Nueva York. Estamos cerca del puente que conecta con Manhattan. Antes de mudarnos, dudamos en establecernos en este barrio o en Park Slope. Nos quedamos aquí para estar de cerca del río. Christian adora el agua ya sea mar o río, necesita tenerla cerca, le da la paz que necesita.
- ¿A qué te refieres?
- Bueno, digamos que tiene sus propios fantasmas y sus batallas pendientes. Como todos nosotros.
- ¿Tú también?
- Claro que sí. Si bien, yo ya libré mi propia guerra y gané. Así que digamos que tengo vacaciones indefinidas. Mi misión es ayudar y apoyar a los míos y disfrutar de allí a donde vayamos. Apenas hace dos años que llegamos y aún tengo mucho que explorar en Nueva York.
- ¿Dónde vivíais antes?
- En Noruega. Jack nació allí. Es muy bonito. A ti también te gustaría.
- ¿Por qué os marchasteis?
- Necesitábamos un cambio y queríamos alejarnos Europa. Antes de decidir donde asentarnos, recorrimos Estados Unidos de cabo a rabo durante meses. Buscando un lugar que nos convenciese.
- Y encontrasteis Brooklyn.
- Oh no. Sólo estábamos de paso, nos dirigíamos a Manhattan. En el último momento cambiamos de opinión. Quizás no te hayas fijado al venir, Brooklyn tiene señales de tráfico con distintas expresiones. Ríete si quieres, fue justamente por una de esas señales que nos quedamos.
- ¿Y qué decía?
- Hogar para cualquiera de cualquier lugar.
- Por algo se empieza.
- Sí. Nos habríamos marchado si no nos gustase. La realidad es que nos gusta y estamos bien. Aquí está nuestro hogar.
> Sentimentalismos aparte, sigo explicando. Como observarás, vivimos rodeados de humanos. Hay vampiros, claro. Dependiendo de la zona habrá en mayor o menor medida, no obstante, en este edificio somos los únicos. Lo que quiero recalcarte es que vigiles a la hora de hablar o actuar. Este es un vecindario tranquilo y debemos preservar esa tranquilidad sin destacar. Para ti es fácil, sólo vive como lo has hecho hasta ahora. Nada más.
> En esta casa, somos cinco contando contigo. No hay nadie más a quien debas conocer, tranquila. Lo único que te pido es que tengas paciencia con Dakota. Necesita tiempo para acostumbrarse a todo el mundo. Es más bien, solitario pero es buena gente. Si quieres evitar las peleas como la de hace un rato, no te quedes a solas con él. Y si lo haces, mide siempre tus palabras. Tómatelo con calma hasta que se familiarice contigo.
> Más cosas. A partir de ahora, compartiremos habitación. Esta es la nuestra es la más grande de todas las de la casa, el doble, así que de maravilla. Eso sí, puede que sea engorroso, el baño de este dormitorio es el único que hay en toda la casa. Nosotros no los usamos y, cuando el trío maravilla se puso hacer chapuzas, demolió dos de los tres que habían.
> En esta primera planta sólo hay dormitorios. Nada más entrar, como has visto, está el recibidor. A mano derecha, está nuestra habitación y el baño, y a la izquierda, están las habitaciones de Jack y de Dakota. En la segunda planta tienes, subiendo las escaleras, de izquierda a derecha, el salón-comedor, el dormitorio de Christian, al lado, el estudio y, dos en uno, cocina y despensa. En la cocina está el balconcito que da a la otra parte del edificio. Se ve enseguida porque son puertas y ventanas de cristal sin persianas.
> En lo que resta de día, descansa. Aclimátate a tu nuevo entorno que mañana iremos de compras. De paso te mostraré el vecindario. Te va a encantar.
> He de ausentarme un momento –se incorpora-, te quedas a tus anchas. Por cierto, no es mal chico –se apoya en la puerta, antes de marcharse-. Comete errores como cualquiera, lo importante es que aprende de ellos. Si habéis empezado con mal pie, dale una segunda oportunidad. Es alguien que merece la pena. Tiene secretos como todos pero no es malo. Tú solo quédate a su lado, pase lo que pase. Aunque no entiendas nada. Aunque veas que el mundo se vuelve en tu contra. O aunque no seas capaz de dominar la situación. Al final del camino, se vislumbrará la luz.
- Tranquila, me las arreglaré con Dakota.
- No –se la denota confusa-. Quiero decir, está muy bien que te esfuerces por hacer buenas migas con Dakota. Sin embargo, te hablaba de Christian.
- Oh. Entiendo –me observa meticulosamente.
- ¿Cumplirás este cometido?
- No lo puedo prometer –me sincero-. Es… complicado.
- Sí, es complicado pero, recuerda, no es malo. Inténtalo, descubrirás cosas que te impacten y no estés preparada para abordarlas. Pese a todo, te harán comprender. Son los frutos de aquello que buscas.
- ¿Cómo sabes lo que busco si ni siquiera yo lo sé?
- Porque te estoy viendo nacer. Porque sé por qué eres tú y no otra. Nadie te presiona. Así que no tengas prisa por crecer. No importa el tiempo que transcurra, él va a esperarte –se da la vuelta-. Una cosa más, Christian está en el estudio. Solo.

Se marcha.

02/02/10

Temores

Errores.
Los cometemos y pagamos por haberlos cometido.
Y a veces nos arrepentimos.

¿Cómo decirte que te quise a mi lado?
¿Cómo asegurarme que ataba más a mí
si no te hacía anhelar lo que no podías tener?


No fue mi intención hacerte daño
pero no sabía de qué otra forma tratarte.
Tuve miedo de acercarme demasiado a ti
y volver a experimentar emociones que hace mucho enterré para poder sobrevivir.

Eras un peligro sumamente arriesgado.
Pero, por sobre todas las cosas, tentador
al que quería a mi lado.

Siento no haberte podido dar el final de cuento de hadas
por el que suplicabas en silencio.

Pero, pequeña, aquí no existen.
Si te hubiese mentido, te habría perdido...

Christian